Los Goya en TVE: contenido sexual bajo una etiqueta +7
Una gala de los Premios Goya emitida por TVE con la etiqueta
+7 —es decir, declarada apta para mayores de 7 años— incluyó sobre el escenario intervenciones con
referencias sexuales explícitas. El programa arrancó a las 22 h peninsulares, justo cuando se cierra el horario infantil, pero a las 21 h en Canarias. Una parte de la audiencia sostiene que se emitió material poco apropiado para menores bajo una
calificación por edades que invita a verlo en familia.
¿Por qué la gala llevaba la calificación +7?
El símbolo +7 en la esquina inferior derecha no es decorativo. Marca el público al que se dirige un contenido y funciona como un permiso social: si el programa aparece etiquetado para mayores de siete años, buena parte del público entiende que un menor puede verlo sin que el adulto esté encima. Ahí está el núcleo del enfado. Se argumenta que la etiqueta choca con lo emitido y que el
desfase horario con Canarias coloca la emisión dentro de la franja reservada a los niños. Como contraste, en el hilo se apunta que
Todo sobre mi madre está calificada para mayores de 18 años: mismo sector, dos etiquetas incompatibles.
Qué se dijo sobre el escenario
Varias actrices que intervinieron en la gala relataron sobre el escenario
confesiones de contenido sexual. El detalle concreto no hace falta reproducirlo. Lo relevante es que una gala presentada como la fiesta de la cultura nacional convirtió el doble sentido en protagonista de la noche. Hay quien defiende que era un fragmento de guion y que los actores interpretan un papel. En contra, hay quien sostiene que, de todos los guiones y de todas las películas premiadas, se escogió precisamente ese pasaje, y que la selección no fue casual.
Televisión pública y subvenciones: quién paga la fiesta
El segundo eje del cabreo es económico. TVE es una televisión pública y el cine español se sostiene en parte con ayudas. Quien paga, dice el argumento, tiene derecho a quejarse del producto. De ahí se salta al modelo de financiación del sector: unos sostienen que las
subvenciones premian un cine de guion flojo y provocación fácil; otros recuerdan que sin dinero público buena parte de la producción no existiría. Entre ambos extremos, el dato que nadie discute es que la gala se emitió en una cadena cuyo presupuesto sale de los impuestos.
La contradicción con el control del porno
El contraste más repetido apunta a otra película: la del acceso de menores al porno en internet. Mientras se discute cómo exigir
verificación de edad para navegar, una cadena pública emitía en su franja más familiar una gala con referencias sexuales. La paradoja no se le escapa a nadie. Y añade una capa de ironía que la propia corporación programara en La 2 un documental sobre los peligros del porno.
Dos pantallas, dos mensajes opuestos, en la misma casa.
Un patrón que se repite
No es un caso aislado. La polémica trae a colación la
gala de Nochevieja de TVE, en la que se emitió una canción con referencias sexuales a una hora en la que, se argumenta, los niños siguen despiertos. Y suma el envío de un tema de doble sentido a Eurovisión como tarjeta de presentación cultural del país. Piezas de un mismo relato: la televisión pública empujando el límite de lo que se emite cuando el público infantil está delante.
No es la hora, es el tono
Una tercera corriente reordena el problema. Sostiene que el error de la calificación importa menos y que, incluso emitiéndose a medianoche, una gala institucional no debería dirigirse al público con lenguaje de taberna. De ahí el otro reproche, el del registro. No se trata solo de niños: se trata de que un evento que aspira a representar la cultura del país habló a la audiencia en unos términos que muchos consideraron vulgares e innecesarios.
La etiqueta seguirá diciendo +7. El espectador, en cambio, ya ha hecho su propia clasificación. Queda la pregunta incómoda: ¿revisará alguien en la cadena esas etiquetas o, como sospechan los más escépticos, el +7 salió en automático y nadie lo miró?