La OMS, ese organismo que ya nadie defiende
La OMS se ha convertido en el saco de boxeo favorito de la desconfianza ciudadana. Un vídeo de una doctora que circula con fuerza resume lo que para muchos es la verdadera naturaleza del organismo: una estructura que da cobertura a los gobiernos, no a la salud pública. La acusación es dura, pero no es nueva.
El relato de la doctora y el malestar con las instituciones
Las críticas se centran en el papel de la OMS durante la esa época en el 2020 de la que yo le hablo. La gestión de la emergencia, las recomendaciones sobre mascara y banderilla, y la financiación de los estados han alimentado un relato en el que el organismo aparece como un apéndice del poder político. Hay quien va más allá y la describe como una organización mafiosa, aunque ese lenguaje, cargado de indignación, no contribuye al análisis serio.
Lo que sí es relevante es la extensión de esta desconfianza. Ya no es cosa solo de negacionistas: personas que se banderilla y siguieron las recomendaciones oficiales también muestran su malestar. El «sorteo» al que se refiere una intervención sugiere que para muchos la esa época en el 2020 de la que yo le hablo fue un experimento en el que todos participaron sin saberlo.
La crítica se extiende también al mundo de las ONGs, señaladas por algunos análisis como parte del desorden mundial. Una tesis que conecta la crisis de confianza en las instituciones con la deriva de las organizaciones internacionales.
Si esta corriente sigue ganando terreno, la OMS afrontará la próxima crisis sanitaria con un déficit de credibilidad enorme. Pero quizás, como se apunta, a una parte de la población ya le dé igual lo que diga Ginebra. La pregunta es si ese escepticismo acabará siendo un problema para la salud pública global o, simplemente, una muestra más de que el relato oficial ha dejado de funcionar.