Un radar caza dos veces al mismo coche a más de 170 km/h en menos de una hora
Los Mossos d’Esquadra han publicado un caso que parece sacado de una película de acción, pero es real: un mismo vehículo fue captado por un radar móvil en dos ocasiones, con apenas 53 minutos de diferencia, circulando a 173 y 185 km/h en un tramo limitado a 120 km/h. Ocurrió en Miami Platja, Tarragona, y las imágenes muestran a un Volkswagen Golf IV —probablemente un 1.9 TDI, según aficionados— que, lejos de escarmentar, aumentó la velocidad en su segunda pasada.
Un circuito improvisado en la T-331
La primera foto, tomada a las 8:54, muestra el coche a 173 km/h. La segunda, a las 9:47, a 185 km/h. En medio, el radar cazó a otros 11 conductores, lo que indica que el punto de control estaba activo y visible. Pese a ello, el mismísimo Golf volvió a pisar el acelerador. La pregunta inevitable: ¿inconsciencia, provocación o simple que el conductor no era el propietario del vehículo? Hay quien sostiene que, sabiendo de la presencia policial, repetir la infracción solo tiene sentido si el coche no es tuyo y te la trae al pairo.
Dos multas, un mismo teatro
La sanción total: dos denuncias por exceso de velocidad grave, que pueden sumar hasta 600 euros y 8 puntos del carné, o más si se considera temeridad. Pero lo llamativo es el patrón: el conductor no hizo ningún amago de reducir tras el primer aviso. De hecho, mejoró su registro en 12 km/h. Como si estuviera haciendo una tanda de vueltas rápidas, con el radar de pito de salida y meta. Ironías del destino: la puesta a punto entre pasadas fue efectiva, pero para mal.
¿Eficacia o espectáculo?
El caso reabre el debate sobre si estos controles disuaden o simplemente recaudan. Que un conductor reincida a los pocos minutos sugiere que o no se enteró (improbable) o que el riesgo de ser multado no le preocupa. Los Mossos, por su parte, muestran el caso como ejemplo de su vigilancia. Pero para el ciudadano de a pie, la imagen es la de un radar que funciona, sí, pero que no impide la segunda carrera. El sistema detecta, pero no previene. Mientras, el conductor del Golf IV se convierte en un memecito de la carretera.
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