Cinco muertos y una estructura descabezada: la guerra interna de los trinitarios
Un joven de 17 años, Diler, murió apuñalado por la espalda sobre las 15:00 del viernes 24 de abril en la calle del Vizconde de Arlesson, en el distrito madrileño de Vallecas. Caminaba junto a una chica cuando, según fuentes policiales, un miembro de los Ñetas en patinete le asestó al menos dos puñaladas. Pertenecía a los Trinitarios, una banda con al menos
12 coros identificados en España y sumida en una disputa interna por el mando. El resultado, a la fecha de esta discusión:
cinco muertes y más de 20 heridos entre reyertas de bandas desde 2025.
El origen: una noche de cacería en Arganzuela
El reloj marcaba las 22:50 del 14 de enero de 2023 en el parque de Arganzuela. Tres amigos charlaban en un banco sobre sus planes para el año. No eran miembros de ninguna banda rival. Catorce encapuchados corrieron hacia ellos al grito de «¡Patria, patria, patria!». Uno escapó con un navajazo de diez centímetros en la cara; a otro le dieron un machetazo en la cabeza que le dejó una herida de dieciséis centímetros con exposición del cartílago auricular; al tercero, tirado en el suelo, le provocaron múltiples fracturas y un corte que casi le amputa la mano. Antes de irse, el líder del coro hizo el símbolo de la 'baja de tres'.
Ese tipo de acciones se conocen en el argot de las estructuras criminales como noches de
cacería: atacar territorio ajeno y matar. La Policía Nacional calcula que el control de un territorio puede dejar a una banda
más de 100.000 euros mensuales por el trapicheo de droga. Horas después de la agresión, siete de los catorce responsables estaban detenidos, varios de ellos cabecillas.
De la caída de los líderes a la guerra por el mando
La detención de Stanley, señalado como líder de los Trinitarios, y de al menos diez cabecillas más dejó la estructura sin cabeza. En noviembre de 2024, la captura de un cabecilla peruano de 18 años y dos menores tras apuñalar a un hombre de 40 años en la calle Payaso Fofó debilitó aún más el distrito. El jefe de Vallecas, Luis Javier M.O., de 28 años, fue detenido tras apuñalar a un rival en el cuello en la avenida de la Albufera y huir en patinete.
El vacío de poder desató la pelea entre los coros. «Se están peleando entre ellos para ver quién toma el mando», resume un exmiembro de los Latin Kings en España. Y ese desorden ha sido leído por los Dominican Don't Play y los Ñetas como una ventana de oportunidad. Vallecas, con al menos
40 miembros de los Trinitarios, concentra buena parte de los narcopisos de la zona, lo que explica el interés de todos por el barrio.
¿Por qué se habla de «pureza dominicana» en esta guerra?
El término circula en el debate público como etiqueta de una supuesta pugna entre un ala purista y otra integradora dentro de las bandas. La realidad documentada es más prosaica: una disputa por el control de coros y territorios tras la captura de los cabecillas. Los Trinitarios y los Ñetas son estructuras de origen estadounidense, no dominicano, y buena parte de la población dominicana de los barrios donde operan las sufre tanto o más que el resto de vecinos. La isla de La Española, compartida con Haití, aparece en algunas lecturas como contexto del lumpen que exporta el fenómeno, pero no como causa de la reyerta concreta.
El debate sobre qué hacer con las bandas juveniles
Las posturas que se cruzan van de la deportación de los implicados y sus familias a la exigencia de responsabilidad económica a los progenitores, siguiendo el modelo que se aplicó en el País Vasco con la kale borroka: cuando los padres empezaron a pagar los destrozos de sus hijos, las travesuras callejeras se desplomaron. Hay quien sostiene que ese mecanismo no funciona aquí, porque muchos de los implicados son menores no acompañados, sin papeles ni nómina familiar sobre la que actuar, y porque la deportación choca con la falta de vuelos y de países receptores dispuestos a aceptarlos. Otros defienden que el problema no admite medias tintas: si no hay consecuencias penales efectivas, el niñato que apuñala hoy está en la calle antes de que el juez termine de instruir.
Lo que sí admite poca discusión es el patrón: los reclutamientos empiezan a los 12 años, a menudo vía TikTok, y el instituto se convierte en cantera. La Policía Nacional ha ido descabezando coros, pero cada captura abre una disputa sucesoria que se resuelve a navajazos.
Queda un dato que descoloca: la banda que domina Vallecas desde hace años es la que hoy se desangra en sus propias calles, y los que aprovechan el hueco no son nuevos enemigos, sino los de siempre.