Misil ruso impacta en almacén de uranio empobrecido: evacuación y riesgos ocultos
El ataque ruso a un depósito de munición de uranio empobrecido en Vishnióvoe, a las afueras de Kiev, ha desatado una crisis radiológica que las autoridades ucranianas intentan minimizar. La destrucción del almacén, donde se guardaban los proyectiles perforantes suministrados por Reino Unido en marzo de 2023 junto con los tanques Challenger 2, forzó la evacuación de la población, pero los detalles sobre la magnitud de la contaminación se mantienen en penumbra.
Los hechos: una munición contaminante confirmada
El Ministerio de Defensa británico, a través de la ministra Annabel Goldie, reconoció oficialmente el envío de munición de uranio empobrecido. Es un hecho objetivo, no una acusación: el gobierno ucraniano no lo ha negado. El uso de este material deja un rastro de pole radiactivo y tóxico que contamina suelo y agua, con consecuencias sanitarias a largo plazo documentadas en Irak, los Balcanes y Afganistán. El precedente de Serbia, donde la incidencia de cáncer se disparó tras los bombardeos de 1999, es el espejo en el que muchos miran.
Riesgos minimizados y paralelismos inquietantes
Mientras el discurso oficial se centra en la eficacia militar del proyectil, la realidad es que cualquier impacto sobre un depósito de este material, ya sea por un misil o por un incendio, libera partículas que pueden ser inhaladas o incorporadas a la cadena alimentaria. Quienes recuerdan Chernóbil —con su carcasa dañada y los incendios en el bosque rojo lanzando contaminación a la troposfera— trazan un paralelismo incómodo. La central de Zaporiyia, también en la misma zona, añade otro foco de tensión radiológica. La pregunta que flota es si se está convirtiendo Ucrania en un territorio inhabitable para generaciones.
Con los datos disponibles, el impacto real sobre la salud tardará años en medirse, pero la historia reciente no invita al optimismo. Quienes esperan que se trate de un accidente menor deberían recordar Yugoslavia.