El trueque en los olivares alicantinos: cuando el aceite paga la jornada
Un hombre emigró del norte a Alicante y acabó vareando olivos a cambio de aceite. La anécdota, con ribetes de sainete, destapa una realidad que los datos oficiales no capturan: el intercambio no monetario sigue siendo moneda corriente en el campo mediterráneo.
El olivar como economía paralela
El propietario, un terrateniente local con amplias extensiones de olivos en el monte, propuso un trato: ayuda en la recolección a cambio de aceite de oliva virgen extra. El acuerdo se cerró sin factura ni contrato, como viene ocurriendo desde hace generaciones. La producción de aceite, sujeta a fuertes fluctuaciones de precio y a una competencia cada vez más industrial, convive con estas prácticas informales que sostienen a pequeños productores.
Una jornada de vareo vale más que su peso en oro líquido
El trabajo, que incluye varear los olivos y recoger la aceituna, se compensa con un producto que en tienda puede alcanzar precios elevados. El trueque evita el IVA y la cotización a la Seguridad Social, pero también refleja la dificultad de encontrar mano de obra declarada. La rentabilidad del olivar tradicional, con costes crecientes y precios volátiles, empuja a estos acuerdos.
El debate sobre el empleo rural
Mientras unos ven en estas prácticas una muestra de la España vaciada que se las apaña, otros señalan que son síntoma de precariedad. Lo cierto es que la economía sumergida en el campo alicantino tiene peso, y el aceite de oliva es una de sus divisas más cotizadas. La próxima vez que compre una botella virgen extra, pregúntese cuántas manos no declaradas hay detrás.