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El padre Patricio Sánchez Molinari murió en Guayaquil cuando una cruz le cayó encima durante una misa. Minutos antes había pronunciado una reflexión sobre la muerte que ahora circula en redes. La escena tiene algo de guion escrito por alguien con mala idea: un sacerdote habla del final de la vida y, acto seguido, el símbolo central de su fe se le viene encima.
El padre Patricio Sánchez Molinari murió en Guayaquil cuando una cruz le cayó encima durante una misa. Minutos antes había pronunciado una reflexión sobre la muerte que ahora circula en redes.
La escena tiene algo de guion escrito por alguien con mala idea: un sacerdote habla del final de la vida y, acto seguido, el símbolo central de su fe se le viene encima. Ocurrió en Guayaquil, en Ecuador, durante una misa. El fallecido es el padre Patricio Sánchez Molinari, y la reflexión que dejó minutos antes de morir ha convertido el suceso en algo que se comparte masivamente.
La frase que circula es esta: «Un día, todos los que estamos aquí también vamos a morir». No es una profecía ni un presentimiento. Es una idea corriente en la predicación cristiana, la del *memento mori*, el recordatorio de que la muerte llega para todos. La diferencia es que aquí la pronunció alguien que murió pocos minutos después, y eso la ha convertido en el centro de la historia.
Una cruz de cierta envergadura se desplomó sobre él mientras oficiaba. No hay confirmación pública de las causas del desprendimiento ni de las dimensiones exactas del elemento. Tampoco consta una investigación oficial sobre el estado de la estructura. Conviene no rellenar esos huecos: lo que se sabe es que la cruz cayó y que el sacerdote murió a consecuencia del impacto.
La coincidencia con la película de Álex de la Iglesia es inevitable para cualquiera que la haya visto: allí una cruz gigante aplasta al personaje en plena celebración. La comparación es un chiste fácil y comprensible, pero conviene separar el meme del suceso. Detrás hay una persona fallecida y una comunidad parroquial que ha perdido a su párroco.
La publicación que difundió el caso acumula miles de interacciones, y con ellas han llegado versiones sin verificar sobre el estado del templo. Ante un suceso con una víctima mortal, lo sensato es atenerse a lo confirmado y evitar especulaciones sobre responsabilidades hasta que exista una investigación.
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