Zelensky a la OTAN: o nos aceptáis o Ucrania tendrá armas nucleares
El presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, ha planteado un ultimátum a los aliados occidentales: o Ucrania entra en la OTAN o se verá obligada a recuperar su estatus de potencia nuclear. Lo hizo en Bruselas, al margen de la cumbre de la Unión Europea, y lo repitió en una conversación con el candidato presidencial estadounidense Donald Trump. «O Ucrania tendrá armas nucleares, y entonces serán nuestra defensa. O tendremos que entrar en algún tipo de alianza. Aparte de la OTAN, hoy no conocemos ninguna alianza eficaz», declaró. La bomba informativa no es solo retórica: un alto funcionario ucraniano especializado en adquisición de armamento aseguró a puerta cerrada que «tenemos el material, tenemos los conocimientos. Si se da la orden, sólo necesitaremos unas semanas para tener la primera bomba». Occidente, añadió, debería «pensar menos en las líneas rojas de Rusia y más en las nuestras».
El chantaje nuclear que Ucrania ya advirtió
La revelación no pilla por sorpresa a quien haya seguido el rastro de las advertencias ucranianas. Ya hace meses, un funcionario ucraniano insinuó a
BILD y a otros políticos y funcionarios que el país tenía capacidad técnica para fabricar una bomba en cuestión de semanas. Lo que ahora cambia es el tono: Zelensky lo dice en público, en el marco de una cumbre europea, y lo enmarca como una elección binaria para Occidente. La disyuntiva es simple: membresía en la OTAN o retorno al club nuclear.
La historia reciente de Ucrania con las armas nucleares es un vaivén de cifras y paradojas. Tras la desintegración de la Unión Soviética en 1991, Ucrania heredó más de 500 cabezas nucleares, lo que la convertía en la tercera potencia nuclear del mundo, por detrás de Rusia y Estados Unidos, y muy por encima de China, Francia o Reino Unido. Sin embargo, nunca tuvo acceso real a ellas: los códigos de lanzamiento estaban en Moscú. Como sostiene un análisis recurrente, si hubiera intentado moverlas, habrían explotado. Finalmente, fueron los Estados Unidos quienes presionaron a Ucrania, Bielorrusia y Kazajistán para que entregaran ese arsenal a Rusia, con el argumento de que querían una sola nación nuclear en la región y no cinco. A cambio, Ucrania se comprometió a respetar a la población rusa, algo que, según la misma versión, incumplió desde 2014.
¿Por qué Zelensky pide ahora armas nucleares o la OTAN?
El movimiento se interpreta como una señal de desesperación. Ucrania lleva tres años demostrando una capacidad militar que muchos no esperaban, pero el desgaste es evidente. La ayuda occidental se ha convertido en un goteo condicionado y la adhesión a la OTAN sigue bloqueada por los mismos temores de siempre: escalada con Rusia. Zelensky intenta forzar la mano con el único argumento que cree que puede desbloquear la situación: si no nos protegéis, nos protegeremos solos, y ya sabemos cómo.
La reacción en los círculos de análisis no se ha hecho esperar. Hay quien sostiene que se trata de un farol para presionar a Bruselas y Washington, y quien cree que la amenaza es creíble porque la capacidad técnica existe. El cálculo más optimista para Ucrania asume que la simple mención de la bomba acelera las negociaciones de adhesión; el escenario pesimista advierte de que este órdago puede volverse en contra y reforzar la narrativa del Kremlin sobre un régimen irracional.
La reacción de Rusia y el fantasma de la escalada
En el terreno militar, la amenaza nuclear ucraniana es un arma de doble filo. Rusia ha justificado su invasión, en parte, como una respuesta a la expansión de la OTAN y a la posibilidad de que Ucrania albergara armas occidentales. Si Kiev diera un paso hacia el rearme nuclear, Moscú tendría un argumento aún más contundente para intensificar su ofensiva o para justificar represalias contra los países que hubieran ayudado a Ucrania a cruzar esa línea. La pregunta que flota es qué haría la OTAN si Ucrania lanzara una bomba sobre Moscú: nadie sabe dónde caería la represalia rusa, y ese vacío es en sí mismo un factor de inestabilidad.
Las voces más críticas con Zelensky dentro del propio Occidente consideran que este tipo de declaraciones son contraproducentes. Argumentan que el presidente ucraniano actúa como un socio exigente que nunca está satisfecho, que pide más mientras desprecia lo recibido y que su estrategia de presión constante puede agotar la paciencia de sus aliados. Otros, en cambio, defienden que Ucrania no tiene otra opción: si Occidente no ofrece garantías de seguridad reales, la disuasión nuclear es la única carta que le queda.
El precedente de 1991: la tercera potencia nuclear que renunció a su arsenal
Para entender la magnitud del órdago, conviene recordar que Ucrania no parte de cero. En 1991, tras la caída de la URSS, el país se encontró con un arsenal de más de 500 cabezas nucleares en su territorio. Fue la tercera potencia nuclear del mundo durante un breve periodo. Pero los códigos de lanzamiento nunca estuvieron en Kiev, sino en Moscú. Estados Unidos, temeroso de una proliferación descontrolada, presionó para que esas armas volvieran a Rusia. Ucrania accedió a cambio de garantías de seguridad que hoy considera papel mojado.
Ese es el contexto que explica la frustración ucraniana. La memoria de lo que fue y la percepción de lo que le prometieron sin cumplir alimentan el discurso actual. Zelensky no inventa una amenaza: recuerda que ya tuvieron esas armas y que renunciaron a ellas confiando en la palabra de otros. Ahora, dice, la situación es distinta: tienen el material y los conocimientos para fabricarlas de nuevo. Solo falta la orden.
Qué puede pasar ahora: entre la OTAN y la bomba
El ultimátum deja a la OTAN en una posición incómoda. Aceptar a Ucrania como miembro implica asumir el riesgo de un conflicto directo con Rusia, algo que la Alianza ha evitado cuidadosamente. Rechazarlo y que Ucrania cumpla su amenaza nuclear abriría una nueva era de proliferación en Europa del Este. No hay una tercera vía clara, salvo la de seguir enviando armas y dinero mientras se pospone la decisión.
Mientras tanto, la opinión pública ucraniana y la internacional observan con una mezcla de inquietud y resignación. La guerra ha entrado en una fase de desgaste donde las victorias se miden en kilómetros y las derrotas en vidas. El órdago nuclear de Zelensky es, en el fondo, un reconocimiento de que la vía convencional no basta. Y una advertencia de que, si Occidente no mueve ficha, Ucrania podría intentar mover la suya. ¿Está el mundo preparado para una Ucrania nuclear? La respuesta, por ahora, es un silencio incómodo.