Los terremotos no han aumentado, solo han cambiado de escenario
Lo dicen los números: no hay más terremotos que otros años. Lo que ha cambiado es el lugar donde ocurren y la facilidad con la que nos enteramos. Este año los seísmos han golpeado zonas habitadas, con cinco movimientos importantes entre junio y agosto, y eso ha disparado la alarma. Pero la media global se mueve dentro de parámetros conocidos.
- Se estima un terremoto mayor de magnitud 8 al año: de momento, cero.
- Se estiman quince terremotos mayores de magnitud 7: llevamos doce.
La diferencia, por tanto, no está en el número sino en la exposición. Que Granada registre movimientos casi a diario convierte el problema geológico en un asunto social y económico. La gente sale de la ciudad a pasar unos días, las viviendas quedan vacías y el miedo se convierte en un coste que los datos sísmicos no recogen.
Granada y la psicosis del enjambre sísmico
Hay análisis que recuerdan que los terremotos son como las abejas: van en enjambre. Y que los enjambres no implican necesariamente un evento mayor. La clave está en que la Tierra se mueve todos los días en todo el planeta. Nadie se queja de los terremotos de Alaska; que tiemble debajo de casas andaluzas ya es otra cosa.
La plataforma VolcanoDiscovery permite seguir la sismicidad en directo. El resultado: cientos de movimientos diarios en la corteza, casi todos irrelevantes. La percepción de “que antes no había terremotos” se explica mejor por la atención que por la actividad tectónica. Pero con el foco puesto en zonas pobladas, la sensación de aumento tiene recorrido.
Predecir no toca
La tierra no se va a partir por la mitad, pero el ruido sí. Mientras la sismicidad siga concentrada donde hay gente y pantallas, el próximo “no hay terremotos” tardará en llegar. Lo previsible es que la discusión se mueva entre el escepticismo de las medias y el pánico de la experiencia. Y que nadie cuadre del todo la ecuación.