Un autónomo de 68 años muere bajo las pacas de paja en Garciaz
Un hombre de 68 años fallecía a primera hora de la mañana en una finca de Garciaz, en Extremadura, al caerle encima varias pacas de paja mientras se descargaba un camión. Parte del ganado se habría escapado en mitad de la maniobra. Ninguna de esas piezas encaja en el relato del accidente fortuito: ni la edad, ni la condición de autónomo, ni el tamaño de las pacas actuales. Todas apuntan al mismo agujero.
La paca que ya no levanta un hombre
La paja prensada pesa lo suyo, y las pacas que salen hoy de las empacadoras no se parecen a las de hace dos décadas: más grandes, más densas, movidas con pala de tractor porque un cuerpo humano no las mueve. Ese es el primer eslabón. Un cargamento de esas dimensiones se convierte en un muro inestable en cuanto alguien descarga con prisa, sin margen y sin ayuda. La frontera entre una descarga segura y un siniestro mortal se mide en segundos y en centímetros de hueco.
Sin servicio de prevención y sin nadie que grite basta
El fallecido trabajaba por cuenta propia. El dato ordena todo lo demás: el autónomo sin asalariados no está sujeto a las mismas obligaciones de prevención que una empresa con plantilla, no tiene delegado de seguridad que le pare la maniobra y, en la práctica, trabaja sin red. Cuando la carga se viene encima no hay protocolo que valga, porque no hay nadie mirando.
Queda por aclarar la mecánica exacta del siniestro. Circula la hipótesis de que la pala del tractor empleada para liberarle pudo agravar la situación, aunque no hay confirmación oficial al respecto.
¿Cuántas muertes en el campo seguimos contando como fatalidad del oficio cuando son, en realidad, ausencia de medios?