Maduro habría ofrecido crudo y oro a Trump, según versiones
¿Puede un régimen sostenido por el crudo, el oro y la minería ilegal cambiar de padrino en plena negociación? La propuesta que circula es de manual:
acceso completo a las reservas petroleras, al oro y a los minerales, revertir las exportaciones de crudo a China y cortar los contratos con Rusia e Irán. Todo a cambio de que Washington no mueva ficha militar. Del otro lado, según las versiones que se manejan, la respuesta fue un no.
El detalle importa porque descoloca el relato habitual. Venezuela no negocia desde la debilidad de quien no tiene nada que ofrecer, sino desde la posición de quien controla
las mayores reservas de petróleo del mundo, amplias reservas de agua dulce, tierras cultivables y las mayores reservas de oro de América Latina. Ese es el inventario que se pone sobre la mesa.
Qué incluye la oferta y por qué se filtra ahora
La propuesta, tal como se describe, tiene tres patas. La primera es energética: dar a Estados Unidos acceso preferente al crudo y revertir las ventas que hoy van a China. La segunda es extractiva: oro y minerales. La tercera es geopolítica:
cortar contratos con Rusia e Irán, los dos socios que sostienen buena parte del entramado financiero y de inteligencia del régimen.
El problema de fondo es la seguridad jurídica. Quien ha trabajado en el sector petrolero lo señala sin rodeos: las operaciones de este tamaño necesitan marcos estables y el gobierno actual no los proporciona. Eso empuja cualquier acuerdo a un horizonte largo, de prueba y error, no a un cierre inmediato.
Hay quien lee el movimiento como síntoma de nerviosismo. Y hay quien lo lee al revés: como una jugada de un negociador que lleva años demostrando que sabe aguantar. Las dos lecturas conviven sin resolverse.
El rechazo y la lectura electoral de Washington
La negativa se atribuye a un cálculo interno. El argumento que circula es que la administración estadounidense no evalúa los intereses nacionales del país, sino su propio calendario electoral, y que necesita el apoyo de determinados bloques políticos del sur de Florida. Bajo esa lógica, cualquier negociación con Caracas sería tóxica, por buena que fuera sobre el papel.
Enfrente está la tesis contraria: que la vía elegida es el
ahogo económico progresivo, no la intervención. Aislar financieramente al régimen para que no le quede otra salida. El problema de ese enfoque es que golpea también a la población, y que el régimen lleva años demostrando capacidad de resistir presión externa.
La comparación que más se repite es la de los bombardeos sobre Serbia en 1999. Daños materiales, víctimas, y ningún cambio de régimen. Sin tropas sobre el terreno, sostiene esta corriente, no hay sustitución de gobierno posible.
¿Quién controla realmente el territorio venezolano?
Aquí el mapa se complica. El control del Estado sobre el papel es total; el control real, no. En el sur del país operan grupos armados dedicados al contrabando y a la minería ilegal, con presencia en las fronteras con Brasil y Colombia. La zona noreste, la península de Paria, aparece señalada como corredor de tránsito de droga.
El sostén del régimen, según esta lectura, no es popular sino criminal: alianzas con organizaciones dedicadas al narcotráfico, la minería ilegal y el contrabando, más un aparato de inteligencia entrenado décadas atrás por servicios soviéticos. Esa combinación explica por qué una rebelión civil se antoja improbable: no hay estructura de mando, no hay armas, y el castigo ejemplar funciona como disuasión.
La otra cara de la moneda es la oposición. La concesión de un premio internacional de primer nivel a su líder ha reordenado el tablero simbólico. Un régimen que se presenta como invulnerable tiene que convivir con un reconocimiento externo que le niega la legitimidad.
El negocio del crudo y el coste del flete
Hay un detalle económico que se pierde entre tanto titular. Vender a China o a España encarece el producto por el coste del flete. Vender a Estados Unidos, geográficamente al lado, es más rentable para Caracas. Es decir: la oferta no es solo una concesión política, es también un buen negocio para quien la hace.
Eso desmonta parcialmente la idea de que se trata de una rendición. Se trata de un intercambio. Y como todo intercambio, depende de que ambas partes quieran firmarlo.
Qué pasa con los socios que se quedarían fuera
Rusia, Irán y Cuba aparecen en el cuadro como los grandes perjudicados de cualquier giro hacia Washington. La inteligencia cubana, según las versiones que se cruzan, es uno de los pilares del aparato de seguridad. Cortar con Moscú y Teherán no es un gesto diplomático: es desmontar infraestructura.
De ahí la desconfianza de fondo. Quien cambia de bando una vez puede volver a cambiarlo. Y quien recibe al tránsfuga sabe que está comprando lealtad prestada. La frase que resume esa desconfianza es simple: al traidor no se le paga dos veces.
Con este cuadro, la pregunta no es si Maduro está dispuesto a vender su crudo a Washington. Eso ya lo ha ofrecido. La pregunta es si alguien del otro lado está dispuesto a comprarlo sin exigir antes la cabeza del vendedor. Y por ahora, la respuesta que trasciende es que no.