Israel lanza la ofensiva terrestre sobre Ciudad de Gaza
El Ejército de Israel confirmó el paso a la «principal fase» de su ofensiva terrestre en Ciudad de Gaza, con tropas dentro del casco urbano y dos divisiones movilizadas a las que «se unirán otras más adelante». El ministro de Defensa, Israel Katz, resumió la noche en una palabra: «Gaza arde». La operación, bautizada como Gideon's Chariots II, se apoya en semanas de bombardeos y órdenes de evacuación previas sobre una ciudad donde, según la estimación militar israelí, aún quedan unos 600.000 palestinos de los cerca de un millón que la habitaban.
El dato que ordena todo lo demás es este: el Ejército calcula que en la ciudad quedan entre
2.000 y 3.000 milicianos de Hamás y la considera el «principal bastión» del grupo. Es decir, una ratio de un combatiente por cada doscientos civiles en un perímetro urbano. Cualquier operación de esas características se convierte, en la práctica, en una operación de demolición con población dentro.
La «trampa mortal» que admiten los propios mandos
El detalle que menos se ha subrayado en el relato oficial es que la preocupación por el avance no viene de fuera, sino de dentro del propio aparato militar israelí. Mandos citados por
The Guardian habrían advertido de que entrar a fondo en la ciudad puede poner en peligro a los rehenes que siguen retenidos y constituir una «trampa mortal» para las tropas. El jefe de Estado Mayor, Eyal Zamir, habría instado a Netanyahu, en una reunión con los jefes de seguridad, a buscar un acuerdo de alto el fuego.
La cifra que da la medida del problema es otra:
dos años de operación sin haber recuperado a los rehenes ni desmantelado a Hamás. Sobre esa aritmética incómoda se ha construido buena parte del escepticismo posterior.
Reino Unido califica la ofensiva de «atroz» y pide alto el fuego
La reacción internacional llegó en cadena. La ministra británica de Asuntos Exteriores, Yvette Cooper, calificó el ataque de «absolutamente imprudente y atroz» y reclamó un «alto el fuego inmediato», advirtiendo de que «solo provocará más derramamiento de sangre, matará a más civiles inocentes y pondrá en peligro a los rehenes que quedan».
En paralelo, España y otros quince países firmaron un comunicado advirtiendo de que cualquier violación del derecho internacional contra la Flotilla Global «Sumud» —ataques o detenciones ilegales— «dará lugar a la rendición de cuentas». La flotilla, iniciativa de la sociedad civil con ciudadanos de esos países a bordo, navega hacia Gaza con ayuda humanitaria.
La flotilla humanitaria, entre el crucero y el objetivo imposible
Sobre esa flotilla se ha instalado una lectura cínica: que llega tarde, que va despacio y que, cuando alcance la zona, el trabajo estará hecho. Hay quien sostiene que es «puro humo» y que la Armada israelí la devolverá antes de que se acerque. La propia organización ha ido perdiendo tripulantes por el camino: una participante anunció su vuelta al trabajo reconociendo que se le habían acabado las vacaciones.
El Ministerio de Exteriores español, junto a otros quince gobiernos, ha preferido no dar por hecho el desenlace y ha puesto por escrito la advertencia. El documento completo, con los países firmantes y el texto íntegro, está en el comunicado oficial.
Yemen entra en el mapa: orden de evacuación en el puerto de Hodeida
La ofensiva no se ha quedado en Gaza. Un portavoz militar israelí difundió una orden de evacuación para el puerto de Hodeida, en Yemen, previa al lanzamiento de un ataque «en las próximas horas». Es el primer movimiento que extiende el tablero más allá del enclave palestino en esta fase.
Mientras, los bombardeos sobre Gaza continuaban y se reportaban al menos
62 muertos desde primera hora de la mañana. El 40% de los palestinos que estaban en la capital gazatí, en torno a un millón, ya habrían huido según la estimación castrense.
El frente económico: autarquía militar como modelo
Fuera del ruido de los bombardeos circula una información que apenas ha salido en medios no israelíes: grandes empresarios del país se habrían reunido con el Gobierno preocupados por la marcha de la economía, y la respuesta habría sido que Israel va a copiar el modelo económico de Corea del Norte, una autarquía enfocada a la producción militar. La fuente citada son
Haaretz,
Times of Israel y
Jerusalem Post.
Es el tipo de dato que no encaja con el relato de victoria rápida. Una economía orientada al esfuerzo de guerra sostiene una ofensiva larga; también la hace más difícil de parar.
El desgaste del relato: dos años, cero rehenes y una ciudad en ruinas
La crítica más incómoda no viene de la calle árabe, sino de quienes apoyan a Israel sin entusiasmo. El argumento es simple: a los terroristas se les procesa o se les abate sin arrasar durante dos años la vida de millones de personas. La operación, sostienen, es «poco efectiva y bastante repugnante», y ha expuesto a los propios israelíes sin devolver a un solo rehén.
En el otro extremo, la lectura es que la presión internacional era propaganda y que Israel ha decidido llegar hasta el final. Entre ambas posiciones queda un dato que no se mueve: la ciudad arde y los rehenes siguen dentro.
El cálculo completo de fuerzas —divisiones movilizadas, milicianos estimados, porcentaje de población huida— deja una ratio que sorprende. Quien quiera comprobarla, la tiene desglosada en el material original.