Espías marroquíes en Ceuta: qué hay detrás de la filtración
¿Quiénes son los supuestos espías marroquíes que se habrían infiltrado entre los migrantes llegados a Ceuta? Durante las últimas horas circula una lista con nombres propios que ha reabierto la polémica sobre el control de la frontera sur y la penetración de los servicios de inteligencia de Marruecos en territorio español. La filtración, atribuida al colectivo JabaROOT, incluiría los nombres de Mohammed Karaoui y Rachid Qaidi, entre otros. Ni los medios que se han hecho eco de ella ni los propios documentos aportan pruebas concluyentes de actividad de espionaje.
La primera reacción ha sido escéptica por partida doble. Por un lado, quienes dudan de la veracidad de los nombres: una lista sin fotografías ni vínculos demostrables con servicios de inteligencia sirve de poco si los presuntos agentes operan con identidades falsas. Por otro, quienes consideran que la filtración se queda corta. Si Marruecos ha coordinado el asalto a la frontera en fases y ha tenido informadores sobre el terreno, los nombres de mayor valor no serían los que han entrado con el grupo, sino los que viven en España desde hace tiempo con nombre español. Esa tesis, recurrente en los análisis sobre la crisis de Ceuta, apunta a que la lista es solo la parte visible de una operación más amplia.
La conexión Hamouchi: del espionaje a la condecoración
La filtración recupera un nombre repetido en los últimos años: Abdellatif Hamouchi, director general de la seguridad nacional marroquí. Según la información recopilada, Hamouchi habría dado la orden de la operación sobre Ceuta y, sin embargo, fue condecorado por el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, en un acto que algunos calificaron de humillación diplomática para España. El detalle que añade hierro al asunto: Marlaska aparece en los documentos de Pegasus, el programa de espionaje que habría infectado teléfonos de dirigentes y activistas. La coincidencia no demuestra ninguna trama, pero da contexto a la sensación de que Rabat juega con ventaja sobre el terreno.
El coste de una frontera permeable
En el plano económico, la crisis de Ceuta tiene una factura difícil de calcular. La llegada de miles de personas ha obligado a habilitar dispositivos de acogida y ha tensionado los servicios de una ciudad autónoma no preparada para un aumento de población tan brusco. Más allá del gasto inmediato, el efecto llamada es el argumento que más se repite: mientras no haya expulsiones efectivas, cada entrada masiva anima a la siguiente. La cifra que circula en la polémica, 70.000, se usa como contexto de la presión migratoria que Marruecos puede activar o contener a voluntad. Esa capacidad de presión es, en sí misma, un arma económica y diplomática.
Lo que la lista no resuelve
La filtración ha provocado lo de siempre: el cierre de los canales donde se difundió y la promesa de que se investigará. Pero los nombres, por sí solos, no cambian el tablero. Si el Gobierno no expulsa a los presuntos infiltrados ni abre una investigación creíble, saber quiénes son no sirve de nada. El escepticismo tiene razón en un punto: la información filtrada vale lo que valga la capacidad de usarla. Y hasta ahora, la experiencia española con crisis similares sugiere que el sistema prefiere mirar hacia otro lado.
Con la lista circulando y sin confirmación oficial, queda la sensación de que el problema no son los nombres, sino la estructura que los ha hecho posibles. La ironía del asunto: si los espías son tan buenos como se dice, los nombres filtrados serán los primeros que abandonen. Los que importan de verdad seguirán operando con nombre español y una carpeta de contactos en Madrid. La polémica, por tanto, no ha hecho más que empezar.