Capítulo 6: Conclusión sobre la…
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La conclusión de que Ucrania ha perdido la guerra no es un parte militar, sino una tesis política: sostiene que Kyiv ya no puede ganar y que negociar cuanto antes evita perder más territorio y más vidas.
La idea de que Ucrania ha perdido la guerra circula ya como conclusión cerrada en algunos análisis. No se apoya en un comunicado del Estado Mayor ni en un alto el fuego firmado. Se apoya en una lectura de la correlación de fuerzas: Rusia tiene mucha más población y más recursos, y Ucrania no va a poder ganar por mucho que se le financie. Quien sostiene esa tesis no pide rendición sin condiciones. Pide sentarse a la mesa y sacar el mejor acuerdo posible antes de que la posición empeore.
La afirmación se apoya en una comparación de recursos, no en un mapa de trincheras. Rusia dispone de mucha más gente y de más armas y recursos que Ucrania, según esta lectura. De ahí se sigue que el desgaste favorece a Moscú y que el tiempo juega contra Kyiv.
El argumento añade una advertencia sobre lo que ocurre cuando se pierde la influencia. Una vez que se pierde esa capacidad de presión, la situación no mejora: se pierden más tierras, más territorio y más poder, y el trato que se puede cerrar es peor. El ejemplo que se cita es el de los palestinos, para ilustrar ese deterioro progresivo.
La conclusión práctica es incómoda: por doloroso que sea, a veces hay que sacar la mejor opción de las muy malas. Y eso incluye aceptar que Rusia pueda conservar parte de lo que tomó, algo que quien plantea la tesis dice que le vuelve loco.
La tesis no se queda en el diagnóstico. Señala a China como el actor con capacidad de forzar un acuerdo de paz, si le importara lo suficiente. No se trata de un mediador cualquiera: se le atribuye poder frente a Rusia, Estados Unidos y Ucrania a la vez.
Ese poder tiene una cara menos amable. China podría calcular que le conviene que rusos y estadounidenses gasten recursos en este conflicto y se involucren innecesariamente en los dos bandos y en la militarización de la guerra. Es decir, que su posición mejore mientras otros se desgastan.
La tesis también advierte de un error de exclusión: no deberían excluir a los ucranianos de las negociaciones. La paz que se firme sin Kyiv en la mesa tendría difícil encaje.
Hay un dato que resume la crítica al esfuerzo militar: parte de la misión estadounidense era dejar a los rusos sin sangrar, pero ahora, según esta lectura, «nos estamos desangrando al 100%». El gasto y el desgaste ya no recaen solo en el aliado.
De ahí la recomendación directa a los ucranianos: sentarse a la mesa, hacer el mejor acuerdo posible y reconstruir el país. Y una idea de fondo sobre las fronteras: acabarán sin sentido en algún momento. No se pide abandonar el país, se pide conservar hoy todo lo que se pueda.
El argumento humanitario cierra el razonamiento: no seguir perdiendo vidas, terminar la guerra, llegar a la paz y salvar vidas en ambos bandos. La objeción moral —no querer que Ucrania pierda— se reconoce, pero se subordina a la evidencia de que la victoria militar no está al alcance.
No hay en esta tesis una cifra de bajas, ni un plazo, ni un mapa de líneas de frente. Tampoco un anuncio oficial de rendición. Es una opinión estratégica sobre lo que conviene hacer, no un parte de guerra.
Conviene separar los hechos verificables —la desigualdad de recursos entre Rusia y Ucrania, el papel diplomático de China— de las previsiones. Que Ucrania no pueda ganar es un juicio, no un dato. Cualquier decisión sobre negociar o mantener el esfuerzo militar tiene consecuencias legales, económicas y humanas que exigen asesoramiento especializado.
Capítulo 6: Conclusión sobre la…