El hilo se va a la esclavitud y nadie aporta un solo dato
Treinta mensajes, todos del
17 de septiembre, y ni uno solo vuelve al asalto. El caso aparece de refilón, como el cartel que hay al fondo de un bar. Nadie pega un enlace, nadie sube una captura, nadie cita un medio. La conversación se ha ido entera a la esclavitud y al colonialismo. El vídeo, que era el motivo del hilo, ya no se mira ni se discute.
Qué se ha sabido
De lo que pasó en la calle, cero. En estas treinta entradas no hay un nombre, ni una detención, ni un parte médico, ni una nota del centro universitario, ni una fecha distinta del
17 de septiembre. Ni una fuente. La única numeración que se suelta es una broma: un forero etiqueta el caso como la supuesta
«prueba #3743» de una pauta que él mismo se fabrica. Nadie le pregunta de dónde sale el número.
El resto es historia general contada a mano. Un participante sostiene que a los esclavizados había que haberlos dejado en África y que llevarlos a América fue una operación de mano de obra. Otro responde que los primeros que capturaban y vendían a otros africanos eran africanos, y que luego descubrieron que los compradores europeos pagaban más. Un tercero añade que también se necesitaba gente dispuesta a trabajar barato para tirar abajo los sueldos. Ni un libro, ni un documento, ni una fecha. Afirmaciones de foro y ya.
Dónde está la bronca
El choque ya no tiene nada que ver con el vídeo. Es sobre quién empezó qué y quién debe algo por ello, siglos después. Por un lado, quien sostiene que el cabreo con el vídeo es hipocresía de gente que se queja de la inmigración y a la vez reivindica el pasado colonial. Por el otro, quien responde que la escena no autoriza a hablar de un colectivo entero.
En medio, dos intentos de mover el eje. Uno compara el racismo del hilo con el del Ku Klux Klan y remata diciendo que el grupo del vídeo no ha aprendido nada. Otro, lefebre, saca la conversación del choque: si aquello era igual de dramático y ahora pasa esto, se arreglan las dos cosas y no una.
Y una tercera línea, la de los que pasan. Un forero repite que los problemas de las mujeres no son los suyos. Otro dice que los problemas de las estadounidenses le importan poco. Son los dos únicos mensajes que vuelven, de refilón, a la víctima, y lo hacen para dejarla de lado.
Después está el tramo de las generalizaciones. Varios mensajes atribuyen al grupo de agresores una conducta fija: atacan en grupo, por la espalda y siempre a la cabeza. Uno lo presenta como una norma de su supuesta raza y escribe
«SIEMPRE» en mayúsculas para cerrar el argumento. Nada de eso procede del caso: no hay un solo dato en el hilo que lo sostenga.
El intercambio se encona por momentos. Hay quien responde a otro con descalificaciones sobre su vida privada y quien aprovecha para meterse con la variedad de español que gasta el de enfrente. Cuando la discusión entra en ese terreno, la pregunta por el vídeo lleva ya media página enterrada.
Los pronósticos que se sueltan
Aquí ya no se discute lo que ha pasado, se anuncia lo que va a pasar. Un participante avisa de que se va a despertar a un león dormido y que después habrá lamentos. Otro vaticina una guerra civil en Estados Unidos en cuanto lleguen los demócratas. Un tercero añade una sola línea: que eso llegará pronto aquí. Ninguno da plazo, ni motivo, ni fuente. Nadie los discute tampoco.
Qué cambia respecto a antes
Antes el eje era el origen del grupo. Ahora el eje es el origen de la esclavitud. El vídeo ha desaparecido del hilo: no hay una sola entrada que describa un plano, un gesto o un segundo de la grabación. Nadie pregunta por la investigación, nadie pregunta por la víctima, nadie pregunta por quién llamó a quién. El asalto funciona como puerta de entrada y ya no se vuelve a cruzar.
Lo nuevo son los insultos a cara descubierta. Aparecen pronto y ya no se van. Se cruzan descalificaciones personales entre foreros que llevan media página discutiendo de historia. No hay una sola rectificación en todo el tramo. Nadie se baja de su postura, nadie concede un matiz, nadie reconoce que le han pillado en algo. Y el asalto, mientras tanto, sigue sin nombre, sin detención y sin parte médico.