El 70% de los españoles oye radio y usted no ve a nadie
¿Cuántas personas ha cruzado hoy con un transistor pegado a la oreja? La respuesta rápida es ninguna. ¿Y cuántos oyentes certifica el Estudio General de Medios? Unos 23 millones, el 70% de la población española. Algo no cuadra. La distancia entre la calle y la estadística no es un detalle: es el debate recurrente sobre cómo se miden las audiencias en España.
Tres cuentas que no terminan de salir
La primera es demográfica. La edad media del oyente ronda los 50 años y el grueso del consumo se concentra en un segmento de población de origen español que supera los 30. La segunda es aritmética: si la audiencia potencial máxima se estima en 16 millones, ¿cómo se llega a 23? Y la tercera es empírica: la inversión publicitaria en radio se hunde y ninguna empresa seria paga por anunciarse en un medio que, según los datos, arrasa.
Hay quien defiende que la radio es un consumo invisible: el gimnasio municipal con Los 40 puestos de fondo, la madre que la mantiene encendida de día y de noche, el conductor que la sintoniza en el trayecto al trabajo. Incluso se bromea con que los receptores se han miniaturizado tanto que uno puede estar delante de un oyente sin ver la radio. Algo de cierto hay, pero ni con esas se justifican 23 millones.
La cara técnica de la polémica
El EGM se elabora con encuestas y paneles, no con un contador físico. Y ahí está el problema. Los críticos describen un método en el que responde el perfil que está en casa, mayor de 60, no precisamente el consumidor de podcast de 30 años. La televisión no se libra: los audímetros clásicos obligaban a marcar con un mando cuántas personas veían la pantalla y de qué edad, un sistema que con el streaming y el descodificador se ha quedado viejo. Si las operadoras dieran sus cifras reales, el castillo se caería.
La prueba más incómoda llegó con el apagón de la Onda Media. Radio Madrid, de la SER, cerró su frecuencia en octubre del 25; el EGM del primer trimestre del 26 aún le atribuía 35.000 oyentes. RNE, tras apagar toda su Onda Media el 30 de diciembre, subió en audiencia. Dos imposibilidades con fecha de publicación. Que el EGM inventa no es nuevo: hace dos décadas ya se denunciaba el «Engaño General de Medios» desde dentro de la propia radio.
La prueba del algodón la paga el anunciante
El descalabro de los ingresos publicitarios es la mejor vara de medir. La radio dice tener a 23 millones de personas pendientes de su programación y, sin embargo, las agencias tratan ese soporte como un medio complementario, casi residual. La explicación corporativa es que la medición mide la exposición, no la atención. La explicación escéptica es más simple: las cifras se sostienen sobre una muestra adulta que contesta a las encuestas y sobre una industria que necesita alimentar su propio relato.
Con esos 23 millones, cualquiera diría que el problema no es la radio, sino que se ha vuelto transparente. O que los medidores habitan un país donde la población supera los 80 años y nadie cuelga el teléfono. Las dos cosas no pueden ser verdad. Pero el EGM tiene la virtud de cobrar por contar la más rentable.