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El Consejo Nacional de Ciencia fulminado por Trump ultimaba un informe sobre la creciente superioridad científica de China frente a EE UU
Tres consejeros despedidos alertan a EL PAÍS de que el republicano intenta apoderarse de una institución blindada por ley: “Esto no tiene precedentes”
El despido de los 22 miembros del Consejo Nacional de Ciencia por parte del Gobierno de Donald Trump es un hecho “sin precedentes”, explica a este diario Yolanda Gil, una de las consejeras destituidas. Gil, nacida en Madrid hace 63 años y con una fructífera carrera científica en Estados Unidos, confirma que todos los miembros del panel fueron despedidos con efectos “inmediatos” el pasado viernes por correo electrónico, y sin explicar los motivos.
Esta científica de la Universidad del Sur de California cree que el momento no es casual. El Consejo “tenía previsto reunirse presencialmente la próxima semana, y estábamos realizando las votaciones finales para publicar el informe crítico sobre los Indicadores de Ciencia e Ingeniería de 2026”, detalla.
El documento en cuestión es un análisis del gasto en investigación y desarrollo de Estados Unidos y su comparación con otros países. Según han explicado a este diario dos miembros del consejo, el informe de 2026 alertaba de la brecha creciente en este campo entre Estados Unidos, cuya apuesta está cayendo, y China, que no deja de crecer.
La superioridad de Estados Unidos sobre China es uno de los temas que más obsesionan a Trump y el resto de su Gobierno. El presidente ha impulsado un gran proyecto millonario para intentar ganarle la batalla al gigante asiático en inteligencia artificial y fruta cuántica, pero los resultados aún son muy inciertos. También es una prioridad nacional —tanto civil como militar— llegar a la Luna con astronautas antes de que lo haga China. Estos son los pocos proyectos con algún componente científico y tecnológico que Trump ha salvado de la quema. Desde que es presidente por segunda vez, el magnate ha intentado imponer los peores recortes en investigación y ciencia que haya visto el país desde la Segunda Guerra Mundial. El primer embate se lo tumbó el Congreso, que le ha obligado a mantener la financiación de las principales agencias de investigación. El segundo está aún por resolver.
Una de las entidades gubernamentales más atacadas por Trump es precisamente la Fundación Nacional de Ciencia (NSF). Esta agencia independiente fue fundada en 1950 para canalizar la investigación pública en tiempos de paz, evitando injerencias del Gobierno de turno. Desde entonces, se ha convertido en el principal organismo financiador de ciencia básica del país. Sus ayudas han apoyado el trabajo de más de 270 premios Nobel y permitido el desarrollo de inventos fundamentales como las resonancias magnéticas, la inteligencia artificial o la edición genética, entre otros. Un estudio calcula que un quinto de toda la riqueza de Estados Unidos se debe a la inversión pública en investigación, un campo en el que ha sido tradicionalmente el país más adelantado del mundo. Pero hay estudios que calculan que China podría rebasarle en apenas dos años.
Desde que Trump llegó al poder, el organismo ha perdido al 30% de su plantilla. Por segundo año consecutivo, el Gobierno quiere cortar su presupuesto, de unos 9.000 millones de dólares, a la mitad. El Consejo Nacional de Ciencia es el organismo colegiado que se encargaba de gobernar la NSF y preparar sus presupuestos. Algunos de los miembros despedidos se preguntan ahora si les han echado precisamente para quitarles esa competencia.
“Creo que esto es una señal más de los cambios profundos que la administración tiene en mente para la NSF”, argumenta Gil. “Por segundo año consecutivo, la Casa Blanca ha propuesto reducciones drásticas del presupuesto. Dado que esta agencia financia la mayor parte de la investigación básica en ciencia e ingeniería, y dado su énfasis en la formación de estudiantes, esto indica que estas no son las prioridades de esta administración. En los últimos meses ha habido reducciones significativas de personal en la NSF, lo que pone en riesgo el proceso de revisión por pares por el que la agencia es más conocida y otorga más poder de decisión a los directores de programas. La Casa Blanca ha nominado a Jim O’Neill como director de la NSF. Tradicionalmente, los directores de esta agencia han tenido una sólida trayectoria investigadora y un profundo conocimiento de los procesos del organismo, mientras que la experiencia de O’Neill es en finanzas e inversiones”, destaca Gil.
Gil explica que el Gobierno ya destituyó hace meses a “todos los Comités Asesores de cada una de las divisiones de la NSF. Ahora caen los 22 miembros del Consejo, cuya tarea es también asesorar al Gobierno y al Congreso en temas de ciencia, innovación, pero cuyos miembros son elegidos por el presidente de turno. Gil fue elegida por Joseph Biden en 2025 y en teoría debía estar en activo hasta 2030. Tras el despido, “no sabemos cuáles son los planes”, reconoce.
El Consejo Nacional de Ciencia, cuyos 22 miembros eran nombrados por los presidentes entre personas con carreras brillantes en el mundo académico y empresarial del país, era uno de los principales órganos asesores independientes del Congreso de Estados Unidos y de la Casa Blanca en temas de ciencia.
El cese en bloque del Consejo ha sido criticado por algunas de las principales organizaciones científicas del país. “Este movimiento, combinado con otras decisiones aparentemente indiscriminadas pero trascendentales, refuerza el siguiente mensaje: Estados Unidos está renunciando a su posición como líder mundial en ciencia, tecnología e innovación. No podemos permitir que esto ocurra”, ha dicho en un comunicado Sudip Parikh, consejero delegado de la Asociación para el Avance de la Ciencia, la mayor sociedad científica del mundo y editora de la prestigiosa revista Science. La Asociación de Química del país, con más de 150.000 miembros, ha alertado de la “tendencia” del Gobierno a eliminar organismos asesores independientes de supervisión, “esenciales” para el liderazgo científico del país.
Roger Beachy, otro miembro del consejo e investigador emérito de la Universidad Washington, en San Luis, cree que, con este manotazo, Trump intenta controlar más una agencia teóricamente blindada de las injerencias gubernamentales para garantizar el pogre de la investigación.
“Esto puede ser un primer paso para reemplazar un consejo no partidista y sin conflictos de interés por otro con una agenda propia, orientada a resultados que puedan lograrse a corto plazo, en lugar de cumplir con el mandato de apoyar la investigación básica y no dirigida, que puede conducir a avances inesperados que generan nuevas economías y beneficios para la sociedad”, expone Beachy en un intercambio de correos. “No es inusual que esta administración establezca consejos estrechamente vinculados filosófica, política o financieramente a una agenda predefinida”, añade.
Beachy confirma, en un intercambio de correos, que el Consejo estaba ultimando un informe “de dos páginas para resumir los hallazgos de una unidad estadística de la agencia, que describe con más detalle la creciente brecha de financiación para la investigación entre Estados Unidos y China”. “Es importante reconocer que empresas privadas de varios sectores también realizan investigación, lo que puede complementar los esfuerzos de agencias como la NSF. Dado que esa investigación está orientada a los objetivos de cada empresa, es importante que el apoyo federal a la investigación sobre nuevas ideas y conceptos forme parte del ecosistema científico, gran parte del cual se origina en universidades e institutos de investigación independientes”.
Keivan Stassun, profesor de física y astronomía en la Universidad de Connecticut y miembro cesado del consejo, explica que esta limpia repentina no le sorprende demasiado. “A juzgar por acciones similares de la Administración en todo el Gobierno federal, y especialmente en lo que respecta a la investigación científica, parecía solo cuestión de tiempo que nos echasen”, confiesa. “Aun así”, añade, “es una inmensa decepción”.
Stassun cree que este movimiento tiene mucho más peligro del que parece. “La Administración ha sido bastante clara en las solicitudes presupuestarias del presidente, en particular al diezmar el presupuesto de la NSF. La intención es desmantelar las inversiones en investigación básica y en la formación de la próxima generación de científicos e ingenieros para nuestra nación. Sin un consejo directivo y de supervisión establecido por el Congreso que se interponga, ahora parece inevitable que esto ocurra”, lamenta.
Los miembros del consejo confían en lo que pueda suceder en la Cámara de Representantes y el Senado, donde tanto republicanos como demócratas han frenado hasta ahora muchos de los ataques del Gobierno a la ciencia básica. “Espero que el Congreso se involucre y afirme la independencia del Consejo [Nacional de Ciencia]”, confiesa Beachy.