Trump anuncia que EE.UU. «tomará el control» de Gaza y desplazará a la población palestina
¿Qué pasa si el presidente de Estados Unidos anuncia que su país va a quedarse con un territorio ajeno y a vaciarlo de población? Eso es, literalmente, lo que ha ocurrido: Donald Trump ha declarado que «Estados Unidos tomará el control de la Franja de Gaza» y que los gazatíes serán reubicados en países vecinos. La cifra que se maneja es de
1,8 millones de personas, la práctica totalidad de la población del enclave. La propuesta incluye convertir el territorio en una gran base militar estadounidense con infraestructura civil asociada.
Qué ha dicho exactamente Trump sobre Gaza
Las declaraciones, recogidas en varios clips que circulan por redes sociales, no dejan lugar a interpretación: «We will take over the Gaza Strip», ha dicho el presidente. La idea, según los mensajes que se comparten, es que
Estados Unidos obtenga una base terrestre y naval segura en el punto más crítico de la región, sin depender de negociaciones con Qatar sobre derechos de arrendamiento de bases existentes. El plan incluiría hoteles y otras instalaciones en la zona.
Hay quien sostiene que este movimiento explica por qué
Benjamín Netanyahu aceptó un alto el fuego que había rechazado durante meses. El intercambio sería el siguiente: Israel permite que la Franja se convierta en territorio bajo control estadounidense, y Washington se encarga de expulsar a la población gazatí. En las imágenes que se difunden, Netanyahu aparece visiblemente satisfecho mientras Trump detalla el plan.
Qué papel juegan Egipto y Jordania en el plan de Trump
La propuesta choca de entrada con un obstáculo:
ni Egipto ni Jordania han aceptado recibir a los desplazados. Ambos países han rechazado de plano la idea, según los mensajes que se comparten. Eso deja en el aire cuál sería el destino real de 1,8 millones de personas. Algunos análisis apuntan a que la presión podría redirigirse hacia Europa, aunque no hay confirmación de ningún acuerdo en ese sentido.
El argumento que se esgrime desde el lado favorable a la operación es que Trump ya tiene experiencia en deportaciones masivas de centroamericanos y que ahora aplicaría el mismo modelo a los palestinos. La comparación no es inocente: se presenta como una operación logística más que como una limpieza étnica, aunque el resultado sobre el terreno sería el mismo.
Qué consecuencias tendría una base naval estadounidense en Gaza
El interés estratégico es evidente. Una base naval en el sur de Gaza
garantizaría el control del Canal de Suez y daría a la sexta flota estadounidense una excusa permanente para patrullar el Mediterráneo oriental sin necesidad de inventarse coartadas. Es la pieza que faltaba en el tablero. Quien controle Gaza controla el acceso marítimo a la península del Sinaí y a la ruta comercial más importante de la región.
La operación, sin embargo, no sale gratis.
Estados Unidos está endeudado y mantener una base permanente en un territorio hostil exige un despliegue militar y económico considerable. Hay quien señala que el coste lo pagarían los contribuyentes estadounidenses, mientras los beneficios estratégicos se repartirían entre Washington y Tel Aviv. El cálculo completo, desglosado partida a partida, da una diferencia que sorprende.
Por qué algunos comparan esto con 1948
La objeción más repetida no es moral, sino práctica:
arrasar una región y expulsar a dos millones de personas es el germen de un conflicto que durará otros dos siglos. Se argumenta que la ventana de oportunidad para hacer algo así se cerró en 1948, cuando la correlación de fuerzas era otra. En 2025, con una población mundial conectada y con móviles grabándolo todo, la operación tiene difícil recorrido.
Otros van más allá y dibujan un escenario de anexiones en cadena:
Estados Unidos con Gaza y Groenlandia, Rusia con Ucrania, China con Taiwán, Marruecos con las Canarias y Ceuta y Melilla, Israel con el Sinaí y el Líbano. La era de las anexiones, dicen, acaba de empezar. Es una hipótesis, no un pronóstico, pero describe bien el clima que se respira.
Qué reacción ha provocado en Europa
En el contexto europeo, la propuesta se lee con una mezcla de estupor y resignación. Hay quien sostiene que
Estados Unidos considera a España un país del bloque BRICS y que Trump no tendría ningún problema en perjudicar los intereses españoles si le conviene. La idea de que Washington pueda usar la carta de Marruecos contra Madrid no es nueva, pero ahora se formula sin ambages.
La pregunta que sobrevuela es si Europa tiene algún plan. La respuesta, a la vista de los mensajes, es que no. Mientras Washington rediseña el mapa de Oriente Próximo, Bruselas sigue discutiendo sobre el encaje de la directiva de turno.
Nadie dijo que fuera fácil ser irrelevante.
Con estos mimbres, la anexión de Gaza avanza como un hecho consumado en el discurso y como una incógnita en la práctica. Quedan por ver los detalles logísticos, el papel real de Egipto y Jordania y la respuesta de la comunidad internacional. De momento, el único que se ha movido es el que tiene los portaaviones.