unoquepasa
Madmaxista
- Desde
- 10 Ago 2016
- Mensajes
- 6.684
- Fruta
- 27.605
Como serán las encuestas que…
Follow along with the video below to see how to install our site as a web app on your home screen.
Nota: This feature may not be available in some browsers.

Donald Trump llamó a Elon Musk para pedirle que levantara las restricciones impuestas a la versión militar de Starlink en Ucrania, que limitaban la conexión a unos 160 kilómetros por hora. El sistema funcionaba con mayor normalidad el jueves, poco después de la conversación.
Hay una escena que resume bien la semana: un presidente de Estados Unidos descolgando el teléfono para pedirle a un empresario que afloje un tornillo que él mismo, o alguien de su entorno, había apretado. La llamada de Trump a Musk el miércoles no era una cortesía. Era una petición concreta: retirar el límite de velocidad que pesaba sobre la versión militar de Starlink en Ucrania. Según funcionarios estadounidenses citados por The Wall Street Journal, Trump estaba frustrado porque el sistema seguía capado a unos 160 kilómetros por hora.
Ese detalle del límite no es menor. La restricción impedía que los equipos ucranianos permanecieran conectados a la red de satélites cuando se desplazaban a gran velocidad. Traducido a la práctica: algunos drones de ataque e interceptores ucranianos se quedaban sin capacidad para responder a los ataques rusos. El jueves, poco después de la llamada, el sistema operaba con mayor normalidad, según fuentes estadounidenses y ucranianas. Algunos responsables ucranianos matizaron que no se había restablecido toda la funcionalidad, pero que las velocidades superaban el límite impuesto.
El dato clave es ese: 160 kilómetros por hora. No es una cifra de tráfico, es el umbral por debajo del cual se estaba moviendo la conexión satelital de uso militar en Ucrania. Cuando un dron o un interceptor supera esa velocidad, el enlace se corta o se degrada. Y en una guerra donde la defensa antiaérea y los ataques de largo alcance dependen de la conectividad en tiempo real, ese límite se traduce en vidas y en capacidad de respuesta.
Michael Kofman, experto en la guerra del Carnegie Endowment for International Peace, lo explicó con claridad: eliminar el límite de velocidad contribuye en gran medida a potenciar la capacidad de ataque de Ucrania en profundidad operativa y sus esfuerzos por ampliar el despliegue de interceptores propulsados por reactores. Kofman añadió que había recibido información de unidades militares ucranianas según la cual las primeras pruebas apuntaban a que el sistema volvía a funcionar con mayor regularidad.
La ralentización comenzó días después de que Trump y Musk criticaran públicamente al presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, por atacar refinerías rusas de diésel, a las que Trump culpa del encarecimiento de la energía. Ese es el contexto político: la limitación no cayó en el vacío, sino en un momento de tensión entre Washington y Kiev.
Aquí el relato se complica. SpaceX y la Casa Blanca ofrecen versiones distintas sobre si Musk actuó por iniciativa propia o a petición de la Administración. Trump ha asegurado que no pidió a Musk que limitara la velocidad de Starlink ni sabía quién había dado la orden. Sin embargo, el Journal informó anteriormente de que Trump habló con Musk horas después de que se hiciera pública la ralentización. Es decir, hubo conversación antes y después.
El vicepresidente JD Vance dijo a los periodistas que es completamente comprensible que Musk no quiera verse involucrado en una guerra sin que el Gobierno de Estados Unidos le indique de manera efectiva qué debe hacer. Y añadió: no creo que esto tenga que ver con Elon; en el fondo, se trata de cuál va a ser la política de Estados Unidos respecto a Ucrania y Rusia. Su mensaje contrastó con el del secretario de Defensa, Pete Hegseth, y el secretario de Estado, Marco Rubio, quienes afirmaron que Musk tenía autoridad para hacer cumplir las condiciones de servicio de su empresa sin consultar a la Administración. Hegseth lo dijo así: hay unas condiciones de servicio que, en última instancia, deben cumplirse, y Starlink tiene la opción de tomar esas decisiones.
Dos relatos, un mismo hecho: la limitación existió, se aplicó sin previo aviso y afectó a la operativa militar ucraniana. Funcionarios ucranianos afirmaron que la medida costaría vidas ucranianas.
Los problemas de conectividad contribuyeron a que las relaciones entre Estados Unidos y Ucrania cayeran a su nivel más bajo en meses. No es una frase retórica: la dependencia del Pentágono de SpaceX para comunicaciones por satélite esenciales convierte cualquier decisión empresarial de Musk en un asunto de Estado. Y eso es exactamente lo que ha llevado al senador Richard Blumenthal, demócrata por Connecticut, a anunciar una investigación sobre cómo se degradó el servicio de Starlink en Ucrania sin previo aviso y sobre las implicaciones de esa dependencia.
Mientras tanto, Rusia lanzó durante la noche otra oleada masiva de ataques contra Kiev, apenas un día después de que Moscú anunciara que había aceptado celebrar conversaciones trilaterales con Estados Unidos y Ucrania para poner fin a la guerra. El calendario no ayuda a separar lo técnico de lo político.
Lo verificable: hubo una llamada presidencial, hubo un límite de 160 kilómetros por hora sobre un sistema militar, y ese límite se levantó o se relajó en cuestión de horas. Lo que no está cerrado es la cadena de mando. Trump niega haber ordenado la restricción. Musk no ha respondido públicamente a las solicitudes de comentarios. La Casa Blanca remitió al Journal a las negativas previas del presidente.
Lo que sí parece fuera de duda es que la infraestructura de comunicaciones de una guerra depende ahora de la voluntad de un particular. Y que un presidente de Estados Unidos tuvo que llamarle para que aflojara una restricción que estaba costando capacidad militar a un aliado. Eso, en cualquier manual de política exterior, es una anomalía. En esta guerra, es la normalidad.
Como serán las encuestas que…