Trump relanza la teoría del fraude con datos falsos sobre China
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a la carga el 16 de julio de 2026 en un discurso en hora de máxima audiencia desde la Casa Blanca. Afirmó que China pirateó los registros de 220 millones de votantes en las elecciones de 2020 y que un «gobierno en la sombra» le ocultó la información. También aseguró que 278.000 inmigrantes figuran registrados para votar de forma irregular. Las declaraciones se producen a menos de cuatro meses de las elecciones legislativas de mitad de mandato, donde los republicanos se juegan el control del Congreso.
La estrategia de deslegitimación preventiva
No es la primera vez que Trump siembra dudas sobre la limpieza electoral. Ya en 2020, sin pruebas, denunció un supuesto fraude masivo. Ahora, la narrativa se adapta: el enemigo ya no son los rusos, sino los chinos. El giro responde a la necesidad de movilizar a su base y justificar posibles derrotas. Los datos aportados —220 millones de registros y 278.000 inmigrantes— carecen de respaldo oficial y han sido desmentidos por las autoridades electorales. Pero la repetición constante fabrica una realidad paralela que cala entre sus seguidores.
Reacciones encontradas y riesgos para la democracia
Las acusaciones han reabierto el debate sobre la vulnerabilidad del sistema electoral estadounidense. Mientras unos consideran que Trump dice «la verdad» y que las elecciones de 2020 le fueron robadas, otros señalan que estas afirmaciones erosionan la confianza democrática y pueden desencadenar violencia política. Lo cierto es que, sin pruebas verificables, la campaña de deslegitimación avanza. El dato que descoloca: pese a que la inteligencia estadounidense no ha hallado indicios de una trama china, la sombra de la duda ya planea sobre las urnas de noviembre.