Alberto Rodríguez denuncia la saturación turística: ¿conversión o hipocresía?
El exsecretario general de Podemos en Canarias, Alberto Rodríguez, ha vuelto a centrar el foco mediático con unas declaraciones sobre la presencia de residentes europeos en las islas.
Según datos de población, Canarias ha pasado de aproximadamente 1,48 millones de habitantes en 1990 a superar los 2,25 millones en la actualidad, un incremento superior al 50%. Baleares, por su parte, ha crecido un 77% en el mismo periodo, de 708.917 a 1,26 millones. El mensaje de Rodríguez apunta a que la presión demográfica y el encarecimiento de la vivienda están vinculados a la llegada de ciudadanos de la UE, un discurso que contrasta con su trayectoria previa, abierta a la inmi gración extracomunitaria.
¿De la izquierda multicultural al discurso identitario?
El giro de Rodríguez no es un caso aislado. En la izquierda alternativa, la crítica al turismo masivo y a la residencia de europeos adinerados se ha intensificado, a menudo tachada de «reaccionariopobre» o xenófoba por sectores que antes compartían espacio político. El exdirigente canario ilustra cómo el péndulo ideológico puede mover a un político desde posiciones globalistas hacia un discurso que algunos califican de defensa del territorio frente al capital extranjero.
La paradoja es que Rodríguez, otrora símbolo del antiracismo, ahora es criticado por sus propios excompañeros como un «rojipardo». La cuestión de fondo es si realmente ha cambiado de opinión o si el problema de la vivienda y la gentrificación ha alcanzado un punto que obliga a replantear consignas anteriores.
Con el debate sobre la masificación turística enquistado, la postura de Rodríguez refleja una tensión que recorre toda la política canaria: ¿cómo compaginar la solidaridad con la movilidad humana y la protección del tejido social local? El péndulo sigue oscilando.
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