El eclipse desborda urgencias en Madrid: 101 atenciones
A las nueve de la mañana del día después, Madrid había contabilizado 101 atenciones relacionadas con el eclipse: 77 en hospitales, seis en atención primaria y el resto entre consultas y mareos. El dato, facilitado por Sanidad, tiene miga: no es el apocalipsis que algunos pronosticaban, pero tampoco un incidente menor. La noche anterior, el cielo se oscureció a media tarde y, a juzgar por las urgencias, hubo quien quiso verlo con sus propios ojos. Literalmente.
Por qué 101 si había avisos hasta en la sopa
La primera lectura es la imprudencia. Con la cantidad de gafas no homologadas que se han vendido en las últimas semanas, pocas me parecen, decía un análisis que circulaba ayer. El certificado CE -en la práctica, a veces, China Export- se convirtió en el sello de garantía de un negocio que ha multiplicado por diez la venta de filtros solares. Hay quien sostiene que las gafas eran seguras y eficaces, y que el problema fue el que las usó mal o llevaba una copia. Otros, más conspiranoicos, ven un plan deliberado. La realidad, como casi siempre, está en el medio: un producto de protección solar de calidad dudosa y una ciudad entera mirando fijamente a la estrella más brillante del sistema.
La factura sanitaria del espectáculo astronómico
Cada atención en urgencias cuesta dinero público, consume tiempo médico y ocupa una cama que otro paciente podría necesitar. Con la sanidad madrileña bajo mínimos -las listas de espera para el oftalmólogo dan para años, como apuntaba un comentario que circulaba anoche-, el eclipse ha servido, además, de excusa perfecta para intentar colarse en una revisión. Hay quien lo ve como un atajo, incluso como una oportunidad para “sacar paguita” cuando los síntomas sean difíciles de objetivar. Sea cierto o no, el efecto es el mismo: más presión sobre un servicio que no está para sobresaltos.
El problema de fondo: las gafas, el CE y la desconfianza
Detrás de las cifras hay un debate que trasciende el fenómeno astronómico: la calidad de los productos de protección homologados. La palabra “homologada” se ha convertido en el nuevo comodín -para algunos, el sello de los crédulos, para otros, la única garantía. Entre los que compraron gafas de quita y pon en grandes superficies, en estancos o en internet, la desconfianza campa a sus anchas. Y no faltan los chascarrillos: que si las gafas eran de AstraZeneca, que si el certificado era chino. La anécdota de la playa -un grupo de bañistas que esperaba el eclipse sin protección, ajeno a cualquier recomendación- resume la fauna humana del asunto.
Lo peor está por venir: el eclipse de mañana
La suerte de muchos es que el eclipse se produjo a última hora de la tarde, cuando la radiación solar es mucho menor. Una exposición breve, de uno o dos segundos, difícilmente deja secuelas. Pero el año que viene el espectáculo se repetirá por la mañana, con el sol mucho más alto y la radiación a plena potencia. Si los números de esta vez se quedan en 101, los que vienen podrían ser varios cientos. Las proyecciones que ya circulan hablan de entre 500 y 1.000 casos en las próximas 48 horas, sumando el retraso con el que aparecen los síntomas. El sistema sanitario, como siempre, mirará para otro lado hasta que las cifras le obliguen a mirar de frente.
A las nueve de la mañana, España ya sumaba más de 200 atenciones. La cifra final, cuando se cuenten todas las comunidades, promete superar con creces el dato madrileño. Y aún quedarán los rezagados, esos que notarán los efectos en 48 horas. El eclipse se fue, pero su factura sigue llegando.