El doble rasero de la edad: cuando la mujer es mayor, los psicólogos cambian de discurso
Si un hombre de 58 años sale con una mujer de 35, el titular es "depredador". Si los sexos se invierten, los expertos lo visten de "ruptura de estereotipos". Eso es lo que ha ocurrido con la relación entre Aitana Sánchez-Gijón (58 años) y Maxi Iglesias (35). La prensa del corazón y las psicólogas de guardia han desplegado un mismo argumentario: normalización, empoderamiento, crítica a los cánones de belleza. Pero el doble rasero es tan grueso que ni ellos mismos lo disimulan.
La infantilización como excusa
La socióloga y sexóloga Cecilia Bizzotto, portavoz de JOYclub España, tiró de tópico: "los cánones de belleza tienden a infantilizar los cuerpos femeninos", sugiriendo que quien prefiere mujeres jóvenes esconde una pulsión pedófila. La frase, lejos de ser un análisis académico, es un placebo ideológico que desvía la atención del verdadero debate: por qué una diferencia de edad de 23 años merece aplausos si ella es la mayor y condena si él lo es. Mientras tanto, el caso de Emmanuel Macron y Brigitte, 24 años mayor que él, se cita como ejemplo de amor libre, pero pocos recuerdan la lluvia de críticas que recibió Risto Meijide cuando salía con una veinteañera.
Colágeno, yogurines y mercadeo emocional
En las aplicaciones de citas se ha acuñado el término "colágeno" para referirse a los jóvenes que mantienen relaciones con mujeres maduras. No es un fenómeno nuevo: el intercambio de juventud por estatus o recursos ha existido siempre. Pero lo que antes se llamaba "mantenido", ahora se disfraza de "empoderamiento femenino". El debate ha revelado una corriente cínica que denuncia que los mismos que criminalizan a un hombre de 50 con una de 30 aplauden sin rubor a una actriz de 58 con un actor de 35. La hipocresía tiene precio, pero nadie lo pone en la etiqueta.
La paradoja de los roles
Un dato recurrente en el análisis es la diferencia de expectativas vitales: a los 35 y a los 58 los proyectos de hijos, residencia y ocio no suelen coincidir. Eso es objetivo. Pero lo que no tiene fundamento es vestir de ciencia social un doble rasero que cambia según el sexo del miembro mayor de la pareja. Las "charopsicólogas", como se las ha etiquetado, han perdido cualquier resto de credibilidad al aplicar una vara de medir que depende del género y no de la edad.
La pregunta que queda en el aire es si esta normalización selectiva responde a un verdadero avance social o simplemente a la necesidad de la industria cultural de vender relaciones que encajen en su relato. Mientras tanto, Aitana y Maxi seguirán siendo el espejo donde la sociedad se mira y no se gusta.
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