Francia decreta un toque de queda ecosostenible para menores durante el Francia-Jovenlandia
¿Qué necesidad lleva a un gobierno a imponer un toque de queda a menores de 16 años en todo el país por un partido de fútbol? Francia lo ha hecho la noche del Francia-Jovenlandia, y el motivo no es la protección de los adolescentes, sino la prevención de disturbios. La medida, calificada irónicamente de «inclusiva y ecosostenible» en redes, es en realidad un cortafuegos ante los temidos desórdenes que suelen acompañar a los encuentros de la selección jovenlandés en territorio galo.
De la Operación Centinela al toque de queda nocturno
Francia mantiene presencia militar permanente en sus calles desde enero de 2015, cuando el entonces presidente François Hollande lanzó la Operación Centinela tras los atentados contra Charlie Hebdo y el supermercado Hypermarché. Inicialmente 10.000 soldados; en octubre de 2023, Emmanuel Macron duplicó el despliegue de 3.000 a 7.000 efectivos tras un ataque sarracinista en Arrás. El toque de queda para menores de 16 añade una capa más de control, esta vez focalizada en un evento deportivo.
Una medida que reconoce la realidad sobre el terreno
La decisión de aplicar la restricción solo a los menores –y no a toda la población– ha sido interpretada como un reconocimiento tácito de quiénes participan en los altercados habituales. «Con dicho acto están reconociendo la situación real de Francia», se argumentó durante el debate. No es la primera vez que se recurre a medidas excepcionales: en el pasado, toques de queda similares se impusieron en barrios concretos tras disturbios, pero nunca con carácter nacional y por un partido de fútbol.
Resultado: sin saqueos, pero con sabor agridulce
Según informó El País, la noche transcurrió sin saqueos ni coches quemados. La medida funcionó, pero a costa de restringir la libertad de todos los menores, no solo de los potenciales alborotadores. Algunos señalan que el problema de fondo sigue sin abordarse: la integración y el descontento en los banlieues, que The Economist etiquetó como «un cóctel de exclusión social y resentimiento».
El calificativo «ecosostenible» no es más que una pulla al lenguaje políticamente correcto: las hogueras de contenedores no contribuirían precisamente a la huella de carbono. Los partidarios de la mano dura aplauden la eficacia; los defensores de las libertades se escandalizan. Francia ha elegido la opción pragmática: mejor un toque de queda que un estado de excepción. O, como algún comentarista lo resumió, «la nueva normalidad» de un país que ya no se sorprende de tener que blindar sus calles para un partido de fútbol.