Mitrofán
Madmaxista
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La interesante e instructiva Historia…
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En Israel y Judá, el Tófet era un lugar donde se realizaban rituales de cremación de niños, asociados principalmente al culto de Moloc. La Biblia condena esta práctica, y reyes como Josías intentaron erradicarla.
El Tófet, un nombre que resuena con un eco sombrío en la historia de Israel y Judá, evoca una de las prácticas más perturbadoras de la antigüedad: la cremación ritual de niños. Ubicado en el valle de Ben-Hinón, al sur de Jerusalén, este lugar se convirtió en el escenario de rituales que la propia Biblia hebrea condena con la máxima severidad, calificándolos de abominaciones. Textos bíblicos como los Libros de Reyes y Crónicas mencionan explícitamente a reyes como Acaz y Manasés por haber "pasado a sus hijos por el fuego", una expresión que, según la mayoría de los especialistas actuales, implica la destrucción real de los niños en ritos asociados al culto de deidades como Moloc y, en ocasiones, Baal.
La Biblia canónica no deja lugar a dudas sobre la repulsa que generaba esta práctica. Se la considera una de las peores transgresiones, una desviación moral y religiosa que atentaba contra los principios fundamentales de la fe. Reyes que se desviaron de la senda de sus antepasados, influenciados por las costumbres de las naciones circundantes, fueron los principales perpetradores o permisores de estos rituales. El rey Josías, en una ambiciosa reforma religiosa que tuvo lugar alrededor del año 622 a.C., tomó medidas drásticas para erradicar el Tófet. Su acción más contundente fue la profanación del lugar, esparciendo huesos humanos para hacerlo impuro e inutilizable para futuros cultos de este tipo. Incluso el profeta Isaías intentó, sin éxito duradero, disuadir de estas prácticas.
La inquietante descripción bíblica del "pasar por el fuego" encuentra un eco perturbador en la arqueología del mundo fenicio y cartaginés. En lugares como Cartago, se han descubierto decenas de miles de urnas que contienen restos de recién nacidos y niños muy pequeños, dedicados a deidades como Baal Hammon y Tanit. Estos hallazgos arqueológicos en los tofets fenicios y cartagineses demuestran que el sacrificio infantil era una realidad en el mundo cananeo-fenicio, aunque la magnitud y constancia de esta práctica en Cartago pudo haber sido exagerada por sus enemigos. En Judá, la práctica del Tófet parece haber sido cíclica, reapareciendo en momentos de crisis o de fuerte sincretismo religioso, especialmente bajo reyes que adoptaron influencias cananeas o asirias. La idea de que se trataba de un rito simbólico sin muerte real ha perdido fuerza frente al peso de los textos bíblicos y los paralelos arqueológicos, que apuntan a sacrificios verdaderos.
A pesar de la contundencia de los textos bíblicos y los hallazgos en el mundo fenicio, la evidencia arqueológica directa en el valle de Hinón para corroborar la existencia de un Tófet con miles de urnas de niños quemados es, hasta la fecha, menos concluyente. Si bien se han realizado excavaciones y se han encontrado restos que podrían estar relacionados, no se ha hallado un yacimiento comparable en tamaño y cantidad al de Cartago. Esta disparidad ha alimentado el debate entre los especialistas. Algunos sugieren que la retórica bíblica pudo haber servido para delinear fronteras de identidad cultural, especialmente durante y después del exilio en Babilonia. La investigación contemporánea, que cruza la crítica textual bíblica, la epigrafía comparada y la arqueología del Levante, continúa arrojando luz sobre este oscuro capítulo, buscando comprender la complejidad de estas prácticas y su impacto en la historia religiosa de Judá.
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