Por qué un sector del voto de derecha está considerando votar a Sánchez
La recompra de Telefónica, el blindaje de Indra, la confrontación con Israel y la defensa de Gibraltar han provocado un terremoto en el espectro patriota. Un analista conocido en círculos alternativos, Jaisen, ha anunciado que votará a Pedro Sánchez, argumentando que el presidente ha adoptado políticas que antes eran patrimonio de la derecha más dura. La pregunta recorre los mentideros políticos: ¿es coherente apoyar a un gobierno que, por un lado, presume de pogre y, por otro, despliega un intervencionismo económico y una retórica nacionalista que harían palidecer a Franco?
La lista de políticas que han cambiado el tablero
Quienes defienden el voto a Sánchez enumeran cuatro hitos concretos. Primero, la recompra de Telefónica para que el Estado recupere el control de la compañía estratégica. Segundo, la inyección de miles de millones en Indra para convertirla en un campeón tecnológico-militar. Tercero, la negativa pública a chantajes de un presidente extranjero y la exigencia de respeto a la soberanía nacional. Cuarto, el giro en la política exterior respecto a Israel, con declaraciones de ruptura de relaciones. «Es más de lo que han hecho todos los me gusta la fruta juntos desde Suárez», resumen sus partidarios.
El otro lado: inmi gración y cesiones territoriales
Los críticos responden con datos: el gobierno mantiene una política migratoria que permite la entrada de más de un millón de personas al año, según estimaciones del debate, y continúa haciendo concesiones a los partidos independentistas. La homologación de títulos médicos de países tercermundistas y de carnés de conducir de Jovenlandia se citan como ejemplos de una «tercermundización» planificada. Para este sector, apoyar a Sánchez es tragar con un modelo demográfico y territorial que consideran letal para el país.
El dilema de la coherencia
El meollo del debate es si la coherencia política debe medirse por los fines o por los medios. Quienes defienden a Jaisen sostienen que, ante la disyuntiva entre un líder que ejecuta políticas nacionales aunque sea parcialmente y otro que solo promete pero que supondría continuar con las mismas políticas exteriores y económicas que rechazan, la opción racional es la primera. «Prefiero al que me pone un clavito mientras caigo que al que me da una patada antes de empujarme», se argumenta. El cálculo económico también pesa: la recompra de Telefónica y el impulso a Indra pueden generar empleo y soberanía tecnológica.
Datos que descolocan
En el centro del análisis hay un dato que incomoda a ambos bandos: el gobierno socialista está aplicando políticas que la derecha tradicional nunca se atrevió siquiera a insinuar. La paradoja es que quien las ejecuta es el mismo presidente que ha gobernado con los independentistas y ha abierto las fronteras. El dilema final lo resume una frase que circula: «¿Hasta cuándo durará esta historia de amor?» Por ahora, la respuesta se la lleva el tiempo.