Si has comprado un recambio equivocado, la tienda física no tiene por qué devolverte el dinero
Compras un sensor, llegas a casa, compruebas que no es el que necesitabas y vuelves a la tienda. Te reciben con la respuesta de siempre: «no se admiten devoluciones». Lo curioso es que en el comercio electrónico, ese mismo producto se devuelve por ley, con el coste del envío como único peaje. En el establecimiento físico, salvo que haya llegado defectuoso, el derecho no existe. Quien insiste es porque lleva años comprando por internet y ha olvidado que la presencialidad tiene otra letra pequeña.
La confusión genera tensiones y alguna que otra salida de tono, como la de exigir la hoja de reclamaciones para un simple cambio de opinión. La normativa es clara: la tienda puede reparar, cambiar o devolver el dinero si el artículo viene roto, pero no está obligada a aceptar arrepentimientos. Y si lo hace, suele ser por pura estrategia comercial, no por obligación.
La diferencia de precio que vacía los comercios
El otro frente es el precio. Un cable de freno de bici costaba 4,50 euros sin funda, mientras que en la misma tienda hace un par de años no llegaba a 2. En AliExpress, antes del arancelazo, se encontraban lotes de 10 por 2 euros. Ese diferencial explica por qué el comercio de proximidad pierde clientes incluso cuando da mejor trato. Si además el dependiente no tiene ni idea de lo que vende, la derrota es doble.
El futuro del comercio físico no depende de sus devoluciones, sino de ofrecer valor que la red no pueda copiar. Mientras siga anclado en la desconfianza y el sobreprecio, el «nunca más» de algunos consumidores sonará más como una sentencia que como un berrinche.