The Substance: la película barata que desata pasiones opuestas
Una película de bajo presupuesto, sin grandes estrellas de acción ni superhéroes, ha conseguido algo que las producciones de cientos de millones no logran: que la gente discuta sobre ella durante días.
The Substance, protagonizada por Demi Moore y Dennis Quaid, plantea una premisa sencilla: un producto que, si te lo inyectas, genera una versión más joven y guapa de ti mismo. El resultado en pantalla es una mezcla que algunos sitúan entre
El retrato de Dorian Grey,
La mosca de Cronenberg y
El hombre elefante de Lynch.
El boca a boca ha sido intenso. Hay quien la defiende como una de las mejores películas recientes, con un ritmo «de puta madre» y escenas que sacan jugo a cada plano. Y hay quien la califica directamente de tostón, de película que se olvida al día siguiente y de ejercicio de estilo histriónico sin sustancia. La división no es menor: toca fibra sensible sobre qué se considera cine bien hecho.
¿Es The Substance una película bien hecha o un pastiche pretencioso?
El argumento central de quienes la defienden es que se trata de una película consciente de sus límites y ambiciones. No pretende ser
El Padrino, pero tampoco cae en la infantilización de las franquicias de superhéroes. La narración es trepidante, las escenas están cuidadas y Demi Moore borda un papel que exige transformación física y emocional. Dennis Quaid, como productor asqueroso, cumple con creces.
Los críticos con la cinta no se quedan cortos. Señalan fallos de guion, un final gore que sobra y que se carga la película, y una estética que definen como «alicaída» e «histriónica». Algunos la acusan de ser un panfleto evidente desde el primer minuto, con un mensaje sobre la jubilación de las mujeres en el cine que consideran manido y subrayado hasta la saciedad.
La comparación con el cine de los 80 aparece varias veces. Hay quien recuerda la transformación en hombre-lobo de
Un hombre lobo americano en Londres como referente de escena larga y bien ejecutada, y defiende que la escena de la inyección en
The Substance dura lo normal. Otros, en cambio, opinan que el cine de Carpenter o de
En compañía de lobos funcionaba en su época pero hoy resulta patético.
El debate sobre el mensaje: ¿empoderamiento o adoctrinamiento?
Una parte del público ve en la película un mensaje claro sobre cómo se trata a las mujeres mayores en la industria. La protagonista es despedida por ser vieja, y el hombre que la despide es retratado como un cerdo. Para algunos, esto es una denuncia legítima; para otros, es un panfleto que convierte a todos los hombres blancos en babosos patéticos o gilipollas.
La polémica se extiende a la supuesta agenda política. Hay quien sostiene que la película exagera estereotipos y que responde a un patrón de adoctrinamiento. Frente a eso, otros argumentan que reducir todo a una conspiración lleva a no disfrutar de nada: «Miran el elenco, ven que el ayudante del segundo asistente se llama Isaac Zimmerman y ya concluyen que quieren controlar su cerebro», resume una intervención.
El premio al mejor guion en Cannes se ha usado como argumento de autoridad en ambas direcciones. Para unos, avala la calidad; para otros, es una prueba más de que el festival premia cierto tipo de cine. La discusión deriva a menudo hacia el cansancio general con el cine actual, descrito como perturbador y diseñado para herir sensibilidades.
¿Merece la pena ver The Substance o es una pérdida de tiempo?
La respuesta depende de lo que cada uno busque. Quienes la recomiendan destacan que entretiene, que visualmente está muy bien y que tiene un efecto de «joder, cómo mola esta mierda». Quienes la rechazan dicen que es una más de tantas, que se olvida al día siguiente y que su estilo histriónico cansa. Un punto intermedio la califica de aprobada raspada, salvada por Dennis Quaid y Margaret Qualley.
El final es el punto de mayor discrepancia. Un sector considera que el tramo gore sobra y que se podría haber cortado antes. Otro defiende que todo el metraje es gore y que el final es coherente con la propuesta. La discusión sobre dónde debería haber terminado la película es, en sí misma, un indicador de que la cinta no deja indiferente.
La recomendación de verla en VOSE aparece como consejo práctico para quien quiera juzgar por sí mismo. Y la advertencia de no fiarse de los tráilers, porque destripan demasiado, cierra el círculo: mejor una foto y una sinopsis que un avance de dos minutos.
Al final, la pregunta no es si
The Substance es buena o mala, sino por qué una película de bajo presupuesto genera más conversación que producciones de cientos de millones. Puede que la respuesta esté en que, al no intentar ser lo que no es, consigue algo que el cine caro ha olvidado: provocar una reacción.