El techo de cristal del Tesla Model Y: una sauna de mayo a septiembre
El Tesla Model Y convierte su techo de cristal en un invernadero entre mayo y septiembre, y no, no trae cortinilla de serie. Pasar por el concesionario cuesta 50.000 euros; la solución de emergencia de los propietarios, mucho menos: un parasol genérico de ferretería sujeto con cinta de doble cara. La escena, absurda sobre el papel, resume el dilema de un coche que promete gran autonomía y entrega, de paso, un efecto sauna.
El diseño que prioriza el espacio sobre el confort
El acristalado no es un capricho. Sirve para recuperar espacio para la cabeza que la batería, situada bajo los asientos, resta al habitáculo. Pero ese mismo cristal carece de protección solar de fábrica: ni cortinilla eléctrica ni toldo integrado. El resultado, en pleno verano, es una temperatura interior que invita a buscar soluciones desesperadas, incluidas las de la ferretería del barrio.
Parasol de ferretería contra parasol oficial
La comunidad de conductores se divide. Unos defienden que Tesla comercializa un parasol específico en su tienda, con enlace incluido; otros recuerdan que la cinta adhesiva deja restos con el calor. Hay quien, con ironía, apunta que quien puede permitirse un Tesla debería tener garaje propio y un utilitario de gasolina para el día a día. Pero la burla no oculta el fondo: un vehículo de 50.000 euros no debería exigir al conductor papirotazos de bricolaje.
La pregunta es si Tesla tomará nota o seguirá aferrado a su minimalismo. Mientras tanto, los propietarios seguirán improvisando parasoles, hasta que algo demuestre que el confort también importa. O que el parasol oficial, al fin y al cabo, no está mal de precio.