Tesla prometía un 30% con el informe del Q4 y cerró con un -12,24%
¿Puede un informe trimestral de producción y entregas mover la acción de Tesla un 30% en una sola sesión? Esa era la apuesta que circulaba la víspera del dato del cuarto trimestre. «Mañana tenemos un 30%», se leía, junto al aviso de que el suelo había quedado marcado cinco días antes y de que los resultados llegaban en poco más de dos semanas. La jornada siguiente, la cotización cerró con un
-12,24%. Entre la promesa y el cierre hay un catálogo de argumentos que conviene revisar con calma.
Qué se esperaba del informe de entregas del Q4
La tesis tenía tres patas. Primero, el empujón de fin de año: la compañía habría colocado inventario «como locos» y eso permitiría superar el listón del trimestre. Segundo, la posición de los bajistas: Tesla estaba «hasta arriba de cortos», una acumulación que en el manual precede a subidas violentas cuando esas posiciones se ven obligadas a cerrarse. Tercero, el calendario, que jugaba a favor según esta lectura: los resultados caían a tiro de dos semanas.
Con esas piezas se construyó el relato del suelo. La caída del
65% se atribuía a un problema de demanda y el informe del Q4 debía desmentirlo con cifras. El recorrido que quedaba era, en esa versión, todo al alza. En contra jugaba lo de siempre: que un catalizador esperado por todo el mundo rara vez llega virgen al mercado, y que
comprar el rumor tiene una segunda parte incómoda.
El -12,24% que desmontó el relato del cohete
El dato se publicó y la acción se dejó un
12,24% en la sesión. El suelo prometido no apareció. En su lugar, el mercado empezó a discutir si el precio cerraba por debajo de los
100 dólares y a buscar niveles de entrada más abajo: uno de los más citados fue la zona de los 50 dólares, descrita como «el 40% de su cotización actual», con la advertencia de que ni a ese precio el asunto quedaría resuelto.
Quien había anunciado el cohete cerró la jornada con un lamento seco. Quien compró siguiendo el aviso, con pérdidas. Y quien llevaba meses sosteniendo que la compañía estaba «ko» y que la gráfica mensual apuntaba a mínimos, con la razón de su lado, al menos de momento. Cierra el cuadro una recomendación que se repite en estos episodios: ver el documental sobre lo ocurrido con GameStop en Netflix antes de comprar nada por lo que se lee en redes.
Valladolid, Palencia y la producción europea a medio gas
Debajo del precio hay un asunto industrial. Una parte del análisis sostiene que los modelos de la marca se fabrican en Europa únicamente en Valladolid y Palencia, y que esas líneas trabajan a medio gas. El mismo razonamiento señala que la compañía, sin ser barata, produce mucho más en China que cualquier marca europea de gama baja, y que en las cadenas de montaje no ha dejado de ser la referencia de la que se ríen los demás.
Frente a eso hay quien defiende lo contrario: que la llegada de un directivo con experiencia en la industria china resolverá los problemas de las plantas estadounidenses, y que quien ha demostrado saber fabricar a escala terminará imponiendo su método. El debate sobre dónde se produce, a qué ritmo y a qué coste se ha convertido en el sustituto del debate sobre la demanda.
Por qué Musk aparece como el primer riesgo de Tesla
Otra corriente de análisis desplaza el foco del coche al dueño. La hipótesis es que Musk se ha convertido en enemigo público número uno del establishment estadounidense, y que lo de Twitter es lo de menos. En las semanas previas insinuaba que sacaría información comprometedora sobre Fauci; un mes antes proponía buscar un armisticio en Ucrania. Con esa lista, el propietario acumularía frentes abiertos en automoción, banca —por su pasado en PayPal—, farmacéuticas y armamentísticas.
A eso se suma el goteo de ventas de títulos: se repite que ha desprendido miles de millones de dólares en acciones desde 2021. Para algunos, ese es el fundamental que pesa ahora mismo, por encima de cualquier informe trimestral de entregas.
Previsiones que funcionan como señal contraria
Hay quien sostiene que el error sistemático tiene valor de mercado. «Siempre falla, y eso es tan difícil como acertar siempre», resume una corriente que ha convertido el pronóstico optimista en indicador inverso: si se anuncia un cohete, se prepara el paraguas. La confianza en esa lectura no hace más que crecer con cada fallo, y esta jornada le dio material nuevo.
Otra línea de comentarios pone el acento en el origen del dinero expuesto: al tratarse de un empleo público, el capital que se pierde procede de impuestos. Es una crítica sin matices y sin especial elegancia, pero circula. Al lado, un puñado de mensajes se limita a recomendar abrazos y a recordar que hay quien perdió menos en un día que en todo un año entero.
Con los cortos apretados, la producción europea a medio gas y un propietario que suma enemigos por trimestre, el informe del Q4 ya tiene quien lo recuerde. Ahora solo falta que alguien vuelva a anunciar el suelo. Dentro de cinco días, por ejemplo.