Incendios simultáneos en toda Europa: ¿ataque coordinado o abandono rural?
Que en plena ola de calor estallen decenas de incendios forestales en varios países a la vez no es noticia. Que se repita cada verano con el mismo patrón de focos simultáneos, sincronizados y sin responsables claros, empieza a oler a algo más que a mala suerte. En España, Francia, Alemania y Reino Unido los fuegos se han desatado casi al unísono, dejando tras de sí una pregunta incómoda: ¿incompetencia generalizada o hay alguien detrás?
Los datos del terreno no ayudan a despejar la duda. En Asturias, por ejemplo, el patrón es conocido: cada primavera, al anochecer, aparecen focos de 3-4 km en varios puntos a la vez. La población local sabe quiénes son los que prenden la mecha, pero nadie actúa. En la Comunidad de Madrid, los montes están llenos de cochambre y sin desbrozar, un pole a la espera de una chispa. La gestión forestal brilla por su ausencia.
Un negocio redondo: del ladrillo a las renovables
La sombra del interés económico planea sobre cada incendio. Si antes se quemaba monte para recalificar suelo y construir pisos, hoy el objetivo sería liberar terreno para parques solares, eólicos y centros de datos. Grandes fondos de inversión, como Blackrock, tienen comprados amplios territorios en España para usos agrícolas e industriales. La coincidencia temporal tras la final del Mundial —una quincena de julio sin apenas fuegos y después una oleada— alimenta la teoría de una operación orquestada.
Sin embargo, no todo es conspiración. Hay quien apunta al abandono del campo: la ganadería extensiva, que actuaba como cortafuegos natural, ha sido desplazada por macrogranjas intensivas. Las políticas de «restauración de la naturaleza» han prohibido limpiezas tradicionales, dejando los montes hechos una yesca. La combinación de burocracia, falta de prevención y cambio climático explica buena parte de los siniestros.
Detenciones y teorías: el pirómano de Huesca y los «drones argentinos»
Mientras tanto, las detenciones se suceden. En Huesca, un hombre de 33 años ha sido arrestado como presunto autor de quince incendios en contenedores y zonas de campo. La policía lo relaciona con una oleada de fuegos menores, pero la gran escala de los incendios forestales sigue sin tener un rostro. En los rincones más creativos del análisis ciudadano, las explicaciones van desde el Haarp hasta los satanistas, pasando por supuestos drones argentinos en venganza por el Mundial. El escepticismo hacia el relato oficial alcanza cotas de parodia.
¿Hacia una nueva normalidad de cenizas?
Lo cierto es que el problema estructural persiste. Mientras no se invierta en prevención —desbroces, pastoreo controlado, vigilancia— y no se persiga con dureza a los pirómanos, los incendios seguirán siendo una herramienta barata para quien quiera cambiar el uso del suelo. La impunidad es casi total. Y si a esto se suma la desertificación del rural y la concentración de la propiedad en fondos opacos, el escenario a medio plazo es de más fuego, más humo y menos bosques. La pregunta no es si arderá, sino cuándo y quién se beneficia.
El cálculo completo de hectáreas quemadas, indemnizaciones y plusvalías inmobiliarias está sobre la mesa. Falta que alguien quiera mirarlo sin filtros.