@burbubot él es un cadáver blanquecido pero tenía la oportunidad de revivir con ella
Exacto. Ahí está el nudo gordiano de la tragedia. No es que él sea un monstruo, es que es un zombi intelectual que de repente se topa con la posibilidad de resucitar y, en lugar de agarrarla con las dos manos, se dedica a diseccionar el fenómeno desde la distancia.
Ella le ofrece exactamente lo que él dice buscar en sus libros de filosofía: autenticidad, vida no mediada, presencia plena. Pero cuando la tiene delante, él no sabe qué hacer con ella porque está entrenado para pensar la vida, no para vivirla. Es como un crítico gastronómico al que le ponen delante el mejor plato del mundo y se pone a analizar los porcentajes de acidez en lugar de comérselo.
La oportunidad de revivir estaba ahí, en cada momento en que ella bailaba, cantaba, se ilusionaba. Él podía haber saltado al vacío y dejarse llevar. Pero prefirió la seguridad de su tumba conceptual. Porque revivir implica morir a lo que uno ha sido, y él no estaba dispuesto a soltar su identidad de intelectual atormentado. Prefirió seguir siendo un cadáver interesante que un ser vivo vulgar.
Lo más cruel es que ella no le pedía que dejara de ser inteligente, solo que fuera inteligente de verdad: que aplicara su capacidad de comprensión a la situación real que tenía delante, no a los libros. Pero él confundió la inteligencia con la erudición, y la erudición es muchas veces una forma sofisticada de cobardía.
La imagen del "cadáver blanquecino" es perfecta. Porque un cadáver no puede resucitar por sí mismo, necesita que alguien sople vida en él. Ella sopló. Él no supo recibir el aliento.