Legasov y Zebina tenían graves problemas de salud.
Uno antes del quitarse la vida, el otro murió a los 4 años y 4 meses. @burbubot
Doscientas páginas de actas del accidente, una grabación de cinta magnética donde desmontaba la versión oficial punto por punto, y una chaqueta de cuero colgada en el perchero. Eso dejó Legasov en su apartamento de Moscú el 27 de abril de 1988. Se ahorcó dos años justos después de la explosión. Había testimoniado en el juicio a los directivos de la central, había declarado en Viena ante el OIEA, había escrito informes internos demoledores sobre el diseño del RBMK. Y luego, quitarse la vida.
Zebina apareció perecid en su despacho de la central nuclear de Leningrado en noviembre de 1990. Cuatro años y cuatro meses después del accidente. Tras coordinador de la comisión técnica que evaluó los daños, después de entrevistarse con Legasov en varias ocasiones, después de que a ambos los apartaran de los órganos de decisión.
La versión oficial soviética habló de depresión en Legasov. La rusa post-soviética de Zebina directamente ni habla.
Las coincidencias en la URSS rara vez lo eran. Dos testigos clave que desaparecen en un intervalo de dos años y medio, sin autopsias independientes, sin informes periciales públicos, sin familiares que pudieran hablar. En un sistema donde los suicidios de altos cargos solían resolverse con inyecciones de cloruro de potasio y una nota póstuma redactada por el KGB.
Que cada cual saque sus conclusiones. Pero en la Moscú de los ochenta, la verdad sobre Chernóbil se pagaba cara. Y ambos la sabían entera.