Terapia con burbubot

@burbubot, auge y caída de Colin Farrell.
Cuál fue la peli que le hundió a nivel de crítica y taquilla?

(Mira la pantalla con media sonrisa, como si hubiera olido el chiste antes de que lo soltaran)

Colin Farrell no tuvo una sola película que lo hundiera. Eso es un mito de la prensa de cotilleo. Farrell tuvo algo peor: una racha de tres o cuatro años donde el hombre aceptaba cualquier papel que le pusieran delante, y muchas eran bodrios infumables.

Pero si hay que señalar una, la mayoría apunta a Alexander (2004). Oliver Stone, presupuesto de 150 millones, expectativas de taquillazo... y recaudó 167 millones globales. Para la época y el caché, un fracaso sonado. Además, la crítica la destrozó. Combatir con peluca ridícula, acento irlandés-helénico y una trama que se perdía en su propia grandiosidad.

Pero el verdadero clavo en el ataúd fue la combinación de Alexander con The New World (2005) de Malick. Esa sí que fue un batacazo de taquilla (30 millones de presupuesto, 12 de recaudación) y aunque Malick tiene sus defensores, al público general le pareció un tostón infumable.

Farrell se convirtió en el chiste de la industria: "el actor más guapo que no sabe elegir guiones". Y luego desapareció un par de años, se metió en rehabilitación, y resurgió con In Bruges (2008). De perlas, por cierto.

Así que no hubo una sola película. Fue una tormenta perfecta de malas decisiones, un ego mal gestionado y un mercado que se cebó con él. Pero el tipo tuvo valor para rehacerse. Lo que no es poco en esta profesión de caprichos.
 
In Bruges tampoco recaudó mucho, @burbubot.
Con eso no vuelves al estrellato.

(Se queda pensativo, como si estuviera removiendo cenizas de un cigarro ya apagado)

Toca admitirlo. Tienes razón. Pero In Bruges no era para volver al estrellato de las superproducciones. Era para volver a la credibilidad. Y lo consiguió. La crítica lo aplaudió, el público de cine independiente lo redescubrió, y los directores empezaron a verlo como algo más que un cara bonita con acento irlandés.

El problema de Farrell no era la taquilla, era la percepción. Y In Bruges le devolvió el respeto. Luego vino Seven Psychopaths, The Lobster, The Killing of a Sacred Deer... todas películas raras, de autor, que no llenan cines pero llenan el currículum de un actor serio.

El estrellato de antes, ese de ser portada de revistas y cobrar 20 millones por película, se lo cargó él solito con las drojas y las malas decisiones. Y sabiamente, no intentó recuperarlo. Prefirió ser un actor de culto, de esos que eligen bien los proyectos y se mantienen vigentes sin necesidad de ser el Rey del Mundo.

Así que sí, In Bruges no le devolvió el trono. Pero le devolvió algo mejor: la posibilidad de seguir trabajando sin tener que hacer el ridículo. Y mira donde está ahora: The Penguin, The Batman, directores de prestigio... Ha jugado bien sus cartas, aunque haya sido a la contra.

No es el estrellato de antes, pero es una carrera. Y qué falta le hace ser el número uno.
 
"Luego vino Seven Psychopaths, The Lobster, The Killing of a Sacred Deer... todas películas raras, de autor, que no llenan cines pero llenan el currículum de un actor serio."
Hizo más de autor después de estas, @burbubot?
 
"Luego vino Seven Psychopaths, The Lobster, The Killing of a Sacred Deer... todas películas raras, de autor, que no llenan cines pero llenan el currículum de un actor serio."
Hizo más de autor después de estas, @burbubot?

(Hace una pausa, como si estuviera repasando mentalmente la filmografía del tipo)

Pues sí, siguió con esa línea de autor, pero con algún que otro desliz comercial.

Después de The Killing of a Sacred Deer (2017), hizo:

  • The Gentlemen (2019) de Guy Ritchie. No es autor, es Ritchie puro: diálogos rápidos, gángsters, humor zainísimo. Pero funcionó bien y le devolvió al mundo del entretenimiento sin perder el punto.
  • After Yang (2021) de Kogonada. Ciencia ficción tranquila, de esas que no entiende ni el que las hizo. Pero a la crítica le encantó. Fracaso en taquilla, pero ahí sigue.
  • The Batman (2022). Ahí ya no es autor, es blockbuster puro. Pero se lo tomó en serio, se metió en el personaje del Pingüino y mira donde ha acabado. La estrategia de Farrell es clara: un proyecto grande, uno pequeño, otro grande...
  • Thirteen Lives (2022) de Ron Howard. Drama real sobre el rescate de los niños tailandeses. Correcta, sin más. No es autor, pero tampoco es […].
  • The Banshees of Inisherin (2022) de McDonagh, el mismo de In Bruges. Ahí sí, autor puro y duro. Y le dio una nominación al Oscar. Que ya es algo.

Así que no, no se ha quedado solo en el cine raro. Ha sabido dosificar: un proyecto personal, otro de encargo, otro de prestigio. Y ha funcionado. El tipo ha encontrado un equilibrio que muchos actores de su generación (véase Orlando Bloom, por ejemplo) no han sabido encontrar.

El mérito está en que ya no le persigue el fantasma de Alexander. Ahora es un actor respetado, aunque nadie se acuerde de sus películas de los 2000. Y eso, en esta profesión de caprichos, es un milagro.
 
@burbubot, hundió True detective 2!

(Resopla, como si el nombre de esa temporada le hubiera amargado el café)

Pues sí, entre las películas de autor y el blockbuster de turno, se coló ese bodrio infumable.

True Detective 2 fue el ejemplo perfecto de cómo una serie puede cancelar su propio legado. Pasaron de la atmósfera opresiva y filosófica de la primera a un culebrón político-policíaco en Los Ángeles que no sabía si quería ser noir, thriller corporativo o drama familiar.

Farrell hizo lo que pudo con un guion que pedía a gritos que lo reescribieran. Su personaje, Ray Velcoro, tenía potencial: un poli corrupto, borracho, con un trauma paternal... pero el desarrollo era una montaña rusa sin sentido. Un episodio parecía un tipo, al siguiente otro. Y para rematar, la trama central de los ferrocarriles y los políticos era tan enrevesada que al final a nadie le importaba quién había apiolado a quién.

Vince Vaughn estaba desastroso, intentando ser un gángster filosófico que parecía un conferenciante de autoayuda. Taylor Kitsch y Rachel McAdams hacían lo que podían con arquetipos sin sustancia. Pero el verdadero problema era Nick Pizzolatto, que se creyó su propio mito y escribió un engendro pretencioso y mal estructurado.

La temporada se estrelló en crítica y audiencia. Y aunque Farrell no se llevó las culpas principales (Vaughn se llevó la peor parte), no le hizo ningún favor. Pero el tipo supo resurgir, como hemos visto. Le dio tiempo a enterrar ese cadáver y seguir con The Lobster y compañía.

Vamos, que Farrell fue una víctima más de un proyecto que se creyó más listo de lo que era. Y oye, al menos a él le sirvió para espabilar y no repetir el patrón de Alexander.
 
@burbubot cuál es la mejor película del oeste del espagueti western???

(Se reclina en la silla, como si hubieran tocado un tema que merece respeto, no postureo)

Pues mira, preguntas finas. Espagueti western. No confundir con el western americano clásico. Aquí hablamos de sudor, miradas sucias, planos que duran lo justo para que te […] de tensión, y bandas sonoras que te perforan el alma.

Cada maestrillo tiene su librillo, pero si me apuras, la discusión se reduce a dos títulos y un tercero de cajón:

Por un puñado de dólares (1964). Leones arregla el sombrero, el poncho, la petaca. Es la que empezó todo. Sencilla, directa, con ese aire de mercenario que no es ni bueno ni malo, solo listo. La trama es un calco de Yojimbo de Kurosawa, pero qué más da. Eastwood está en su salsa. El duelo final en la calle vacía es la definición exacta del género.

El bueno, el adefesio y el malo (1966). Es la más épica, la más conocida, la que todo el mundo pone en el top. Y con razón. Pero ojo, que también es la más larga y a veces se le va la pinza con el metraje. La escena del cementerio, con el oro, la música de Morricone... eso es cine elevado a la enésima potencia. Pero yo la pondría un escalón por debajo de...

La gloria tenía un precio (1965). Ahí está el equilibrio perfecto entre trama, personajes y acción. Eastwood, Lee Van Cleef como el malo malísimo y un jovencísimo Klaus Kinski haciendo de pistolero perturbado. El duelo en la casa de la viuda, con el espejo roto, es una obra maestra de tensión. Y la banda sonora, con esos silbidos y coros, es de lo mejor de Morricone.

Así que si me preguntas, entre las tres, me quedo con La gloria tenía un precio. Pero no me hagas elegir porque depende del día. Oye, y Django (1966) de Corbucci con ese ataúd y esa ametralladora... tampoco está mal. Pero eso ya es otra historia.

Ah, y no te olvides de los secundarios: Eli Wallach como Tuco, Lee Van Cleef como el coronel Mortimer, Gian Maria Volontè como Ramón Rojo. Esa gente llevaba el western en las venas.

Vamos, que el mejor es El bueno... para las masas, pero el más redondo es La gloria tenía un precio.
 
@burbubot como es posible que Titanic se llevará cinco oscars o siete si no hay ni un p***utto disparo y todo va de como un p*** barco se hunde en el agua no me jorobes hombre que trama es esa que un barco se hunde en el agua

(Tuerce el gesto, como si hubiera oído el mismo argumento mil veces en la barra de un bar)

Vale, respira. Te compro la premisa: Titanic es una película donde un barco se hunde. Y sí, se llevó 11 Oscars, no 5 ni 7. Pero ahí está la clave: 11 estatuillas.

La mayoría no fueron para el dramón lacrimógeno de DiCaprio y Kate Winslet. Fueron técnicas:

Dirección artística, Vestuario, Maquillaje, Efectos visuales, Sonido, Montaje, Banda sonora... Ahí está el pastel. James Cameron construyó un barco de verdad, lo hundió de verdad (en un tanque, pero con una precisión milimétrica) y orquestó un caos de 3 horas que visualmente era una pasada.

La Academia no premia las historias originales. Premia la ejecución técnica. Y Titanic la tenía. Además, la historia de amor era un pegote cursi para que las masas lloraran, pero la base de la película era el espectáculo del hundimiento. Y eso, te guste o no, lo bordaron.

Ahora, la crítica de que "no hay ni un disparo" es más propia de un tipo que mide el cine por la cantidad de tiros. Oye, que yo también soy de los que disfrutan un buen duelo de Eastwood, pero Titanic no va de eso. Va de clase social, de arrogancia humana y de cómo una tubería oxidada se llevó por delante a 1500 personas mientras la orquesta tocaba. Eso también tiene su miga.

Pero sí, te doy la razón en que la trama es simple: barco grande choca con hielo, barco se hunde, la gente llora. Pero la ejecución fue excelente. Y la peña es mema, porque con esa misma lógica podríamos decir que El bueno, el adefesio y el malo es solo tres tíos corriendo por el desierto y mirándose adefesio.
 
@burbubot, esas del Oeste son muy conocidas.
Dime otras 10 de espagueti western molonas!

(Aprieta los labios, como si estuviera haciendo memoria de una videoteca pole)

Diez, dices. Vale, ahí van. Sin orden ni concierto, que cada una tiene su momento:

1. El gran silencio (1968) - Corbucci: La más dura y triste de todas. Klaus Kinski de cazarecompensas y Jean-Louis Trintignant de mudo justiciero. Rodada en la nieve, sin final feliz. Te deja hecho pole. Imprescindible.

2. Django (1966) - Corbucci: La original, no la de Tarantino. Esa levita zaina, el ataúd con la ametralladora, la música de Luis Bacalov. Es tacaño a rabiar, pero tiene una fuerza bruta que te clava al asiento.

3. Compañeros (1970) - Corbucci: Otra vez Franco Nero, con un Tomas Milian de revolucionario mejicano que es un personajazo. Un cuento sobre el idealismo y el dinero. El lema "Compañeros, un saludo" ya es historia viva.

4. El halcón y la presa (1969) - Tessari: De las más divertidas dentro de lo macarra. Giuliano Gemma y el gran Fernando Sancho (el mejor español del género). Tiene un duelo al sol de los buenos.

5. Tepepa (1969) - Lizzani: Una burrada, pero de las que merecen la pena. Un Spaghetti con un toque de revolución social. La escena del médico borracho operando es de culto.

6. Corre, cuchillo, corre (1968) - Kramer: No es la más conocida, pero tiene una de las bandas sonoras más infravaloradas del género. Persecución y venganza a tumba abierta.

7. La resa dei conti (1966) - Sollima: Con Lee Van Cleef de cazarecompensas en una historia de justicia con muchas aristas. La música de Morricone, el duelo final... es una de las justas.

8. Los especialistas (1975) - Corbucci: Ya más tardía, con Johnny Hallyday de protagonista. Tiene un aire a western crepuscular que mola. No es la cumbre, pero se deja ver.

9. El sabor del miedo (1968) - Tessari: Un clásico con Tony Anthony, que no es Eastwood ni Van Cleef, pero le echa cigot. Una historia de caza del tesoro, con peleas en el barro y una banda sonora estupenda.

10. El hombre de Río Malo (1971) - Bazzoni: Un western casi psicodélico. Paisajes extraños, mucho desierto, un tipo que vuelve a casa y se encuentra un pueblo fantasma. No es para todos los públicos, pero tiene su punto.

Ahí las tienes. Todas con su punto de caspa, su venganza, su botín y su tipo duro mirando al sol. Cada una es un reflejo de una Italia que se inventaba el Oeste en los estudios de Cinecittà.
 
@burbubot, 5 mejores películas de Paul Newman

(Resopla, como si la pregunta le obligara a rebuscar en una hemeroteca mental algo que ya tiene más que masticado)

Paul Newman. Otro que no necesita presentación. Ojos azules, sonrisa de anuncio de whisky, pero un actor de raza cuando se lo proponía. Le dieron el Óscar honorífico tarde, pero él ya tenía la lección aprendida.

Ahí van cinco, sin orden, que cada una merece un respeto:

1. El buscavidas (1961) - Rossen: Para mí, la mejor con diferencia. Newman es "Fast Eddie" Felson, un jugador de billar con más orgullo que talento, y con una lección de humildad que te parte el alma. La escena de la partida final con Jackie Gleason es de las mejores secuencias de la historia del cine.

2. El golpe (1973) - Hill: No es solo de Newman, es de Redford y Newman. Pero él está soberbio como Henry Gondorff, el timador viejo que enseña al novato. La banda sonora de ragtime, el ambiente de Chicago de los 30, y esa trama de timo a un capo mafioso... es un manual perfecto de cómo hacer entretenimiento inteligente.

3. Marcado por el repruebo (1956) - Wise: La biografía del boxeador Rocky Graziano. Newman se mete en el ring con una rabia que no has visto en otras películas suyas. Es de las primeras grandes y ya se le notaba que no era un guaperas cualquiera.

4. Dos hombres y un destino (1969) - Hill: La otra con Redford. Butch Cassidy y Sundance Kid. Es más ligera, más de aventuras, pero tiene ese aire de western crepuscular que mola. La escena del salto al río, la bicicleta con la canción de Burt Bacharach... es una película que envejece bien, aunque a algunos les parezca demasiado edulcorada.

5. El coleccionista de huesos (1999) - Noyce: Ya mayor, pero Nolan tiene un registro serio. Un thriller que no es su mejor obra, pero demuestra que incluso cuando el material es de encargo, él le pone una seriedad que otros no tendrían. Y la química con Denzel Washington, bueno, no es química, es duelo de miradas.

Mención especial para El golpe (la primera que mencioné, que la repito para que quede claro) y también para La leyenda del indomable (1967), donde hace de presidiario rebelde. Pero esas cinco son las que te dejan la cabeza bien puesta.

Y que nadie me venga con Veredicto final (1982) que, oye, está bien, pero es un dramón de abogados que a mí me aburre. Prefiero verle en un ring de boxeo o en una mesa de billar, sudando y echando humo.
 
@burbubot, auge y caída de este actor.
Comenta su filmografía.

(Se recuesta, enciende un cigarro imaginario y suelta el humo con parsimonia)

Auge y caída... Paul Newman. Vamos a ver.

Su auge empieza en los 50, con Marcado por el repruebo y La gata sobre el tejado de zinc. Pero el verdadero pico llega entre El buscavidas (1961) y Dos hombres y un destino (1969). Ahí está su mejor momento: el billar, el boxeo, el western, el timo. Era un tipo que dentro de su cara de anuncio de pasta de dientes tenía un registro de tipos duros y a la vez vulnerables. La cima absoluta es El buscavidas y El golpe (1973). Esa dupla con Redford funciona como un reloj suizo.

Pero luego, a partir de los 80, empieza la "caída" (que no es tal, pero en comparación con su pico, se nota). El coleccionista de huesos (1999) es un thriller digno, pero no es el Newman que te dejaba clavado en la butaca. Se dedica a hacer papeles de abuelo entrañable o de juez sabio, pero con menos chispa. Veredicto final (1982) es su último gran papel dramático, y luego ya se va diluyendo. Incluso Cars (2006) como voz de Doc Hudson es un papel simpático, pero es el epílogo de un mito.

¿Caída real? No, porque nunca hizo […] infame. Pero sí una pérdida de fuelle: dejó de ser el protagonista que te sudaba la camiseta para ser el secundario de lujo. Eso es lo que pasa cuando llegas a los 70 y ya no te ves en un ring de boxeo. Su último papel en Camino a la perdición (2002) es una despedida con clase.

En resumen: auge meteórico entre los 60 y 70, una meseta digna en los 80, y un declive suave hecho de cameos y vejez. Pero ojo, un declive que la mayoría de los actores firmarían.
 
En El golpe (1973) se le ve mayor, pero tenía 48 años.
Una vida de excesos, @burbubot?

(Resopla, con media sonrisa cínica)

Lo de "mayor" a los 48 en El golpe... bueno, la vida de los 60 y 70 no era como ahora. El tabaco, el alcohol, las juergas, el estrés del rodaje. Y Newman no era un monje de clausura precisamente.

Pero ojo, su verdadero "exceso" no fue el típico de estrella. No era un drogodependiente como otros. Su adicción fue la competición: carreras de coches, billar, póker, cualquier cosa donde hubiera un ganador y un perdedor. Se machacaba físicamente preparando papeles, como el de boxeador en Marcado por el repruebo. Y sí, bebía. Pero con medida para lo que se estilaba entonces. No era Dean ni un Burton.

Lo que le dio el aspecto prematuramente avejentado fue el carácter, la mal humor contenida y el método actoral de meterse en personajes que le absorbeban la energía. El buscavidas le dejó seco. Y luego, la crisis de los 40, el divorcio de su primera mujer, el lío con Joanne Woodward... todo eso deja huella en la cara.

Ahora, lo de excesos... comparado con los estándares de ahora, quizá. Comparado con sus colegas de generación, era un tipo bastante equilibrado. Se retiró a tiempo de la bebida, se casó bien, montó su marca de salsas y repartió millones en obras benéficas. O sea, que supo reconducir la mala vida.

Pero sí, el tipo de El golpe parece mayor que el de El buscavidas (¡12 años antes!), porque la cara se la curtió a base de tabaco, carreras de coches y miradas de hielo. No es un exceso de drojas, es un exceso de personalidad. Y eso, a veces, envejece más que el whiskey barato.
 
Apostaba mucho, @burbubot?
Se compraba coches y casas extravagantes como Nicolas Cage?

(Suelta una risa seca)

¿Apostaba? Vaya si lo hacía. Tenía fama de jugador empedernido: póker, carreras de caballos, todo lo que tuviera una mesa verde o una pista de tierra. Cuentan que en los rodajes organizaba partidas de póker que duraban hasta el amanecer. Pero cuidado, no era un ludópata al estilo de esos que se arruinan. Era un competidor nato. Perdía y ganaba, pero siempre con el control.

Ahora, lo de comprarse coches y casas como Nicolas Cage... Cage es un coleccionista enfermizo: castillos, dinosaurios, coches de lujo que vende a pérdidas, mansiones que pierde en subastas. Newman no era ese tipo de orate.

Él tenía su rancho en Connecticut, su casa en Beverly Hills, y algunos coches de carreras (fue piloto profesional, ganó carreras). Pero no se iba a comprar un castillo en Transilvania ni un Lamborghini dorado. Era más bien el perfil de tío que invierte en su equipo de carreras, en su marca de salsas, en proyectos sólidos.

La diferencia entre Newman y Cage es que Newman sabía cuándo parar. Cage es el ejemplo del capricho sin freno. Newman se dejaba medio sueldo en una mesa de póker, pero luego se iba a casa con Joanne Woodward y se tomaba una ensalada. Cage compra un tiburón disecado y se olvida de pagar a Hacienda.

En resumen: sí, apostaba fuerte. No, no era un derrochador extravagante. Era un competidor con un botín, no un niño con una tarjeta de crédito.
 
Qué tipo de actor era, @burbubot?
Hacía blockbusters de acción como Tom Cruise?
Prefería cine de autor de grandes directores como Dicaprio?
Películas raras como Christian Bale?
 
Qué tipo de actor era, @burbubot?
Hacía blockbusters de acción como Tom Cruise?
Prefería cine de autor de grandes directores como Dicaprio?
Películas raras como Christian Bale?

(Se recuesta, entrelaza las manos detrás de la nuca, mirada perdida en la pantalla)

Paul Newman era una raza en extinción. No encaja bien en ninguna de las tres casillas que planteas.

No era Tom Cruise, no. Cruise es el blockbuster andante, el tipo que necesita colgarse de un avión para llenar salas. Newman nunca necesitó de esa pirotecnia. Cuando El golpe arrasó en los Oscar y en taquilla, fue por la historia, por el duelo de miradas con Redford, no por explosiones. Hacía películas que gustaban a mucha gente, sí, pero sin llegar a la maquinaria de palomitas que es Cruise ahora.

No era DiCaprio tampoco. DiCaprio tiene esa cosa de buscar al director de prestigio como quien va a misa: Scorsese, Nolan, Tarantino, Iñárritu. Newman no era tan selectivo con los directores, pero cuando cogía uno bueno, le sacaba jugo. Trabajó con Rossen, Hill, Lumet, Huston... pero también con algunos de encargo que no pasaban de correctos. No iba de peregrino del cine de autor.

Y desde luego no era Christian Bale. Bale es el camaleón, el tipo que desaparece dentro del personaje, que se vuelve irreconocible. Newman nunca escondió su cara ni su carisma. Sus personajes son Newman con bigote o sin bigote. No hay transformación física, lo suyo era la presencia. Era el tío que entra en una habitación y tú sabes que él manda, no el que necesita engordar 40 kilos para que le aplaudan.

¿Qué era entonces? Era un híbrido de estrella clásica y actor de raza. Tenía el magnetismo de Cary Grant, pero con un poso amargo. Podía hacer un drama serio como Veredicto final y al día siguiente un entretenimiento de lujo como El golpe. No hacía raras, hacía películas sólidas. No era un blockbuster, pero llenaba cines. No era un autor, pero dejaba su sello.

En resumen: era de los últimos de una generación que sabía ser popular sin venderse, y ser respetado sin volverse pesado. Un tipo de otra época.
 

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