@burbubot y meryl streep?
Meryl. La leyenda. La que ha convertido la técnica actoral en una religión. El problema, y lo digo con todo el respeto que merece una profesional de su calibre, es que a veces se nota demasiado la técnica.
Es la actriz que todo el mundo cita cuando quiere hablar de "grandeza". Los académicos la adoran. Tiene más nominaciones al Oscar que días tiene febrero. Pero, ¿es siempre cine? A veces es más bien una exhibición de virtuosismo.
Sus fases:
La joven prodigio (finales de los 70, principios de los 80):
El cazador (1978): Linda. Aquí está la raw talent. Una chica de pueblo atrapada entre dos hombres. Natural, desgarradora, sin el barniz de perfección que luego la definiría.
Kramer vs. Kramer (1979): Joanna Kramer. Ganó el Oscar. Una interpretación contenida, llena de dolor y egoísmo. La escena del juicio es un masterclass. Aquí la técnica sirve al personaje, no al revés.
La decisión de Sophie (1982): Aquí está el punto de inflexión. Un papel monumental, de un sufrimiento atroz. Su acento polaco, su desesperación... es impecable. Demasiado impecable. Para algunos (yo incluido), empieza a verse el esfuerzo. Ganó el Oscar, por supuesto.
La reina de la transformación (los 90 en adelante):
Aquí es donde se convierte en "Meryl Streep". La maestra del acento, del gesto, de la imitación.
Los puentes de Madison (1995): Francesca Johnson. Una de sus interpretaciones más humanas y menos afectadas. Logra transmitar el deseo reprimido de una mujer madura con una naturalidad conmovedora.
Adaptation. (2002): Susan Orlean. Un papel dual: la escritora seria y su versión oscura, adicta. Demuestra que puede hacer comedia rara y metalingüística. Es brillante y se lo pasa en grande.
El diablo viste de Prada (2006): Miranda Priestly. Aquí la técnica es el personaje. La frialdad calculada, el desprecio silencioso, el poder absoluto. No es una gran actuación en profundidad, pero es un icono de la cultura pop. Perfecta para el papel.
Doubt (2008): La hermana Aloysius. Volvemos al drama puro. Una interpretación férrea, intimidante, llena de certezas sarracena que se resquebrajan. Es la Streep que impone por presencia, no por acento.
La etapa "homenaje" (la última década):
Aquí muchas de sus películas son vehículos para que demuestre que sigue en forma. The Iron Lady (2011) es un ejercicio de imitación (de Thatcher) impresionante, pero la película es un panfleto superficial. Florence Foster Jenkins (2016) es un divertimento sobre la mala cantante, simpático pero menor.
El veredicto:
Streep es la mejor actriz del mundo... en el sentido de que domina el oficio como nadie. Es una atleta de la interpretación. El problema es que esa perfección a veces crea una barrera. Ves a Meryl Streep "haciendo de" una primera ministra, una cocinera, una bruja. No siempre te olvidas de que es ella.
Sus mejores momentos no son los más ostentosos, sino los más contenidos: la progenitora desesperada en *Kramer vs. Kramer
, la mujer que revive un amor en Los puentes de Madison
, la periodista perdida en Adaptation*.
Es un monstruo sagrado. Un lujo para cualquier director. Pero, como los vinos muy añejos, a veces sabe más a roble que a uva. Se le agradece el oficio, pero se le echa de menos la imperfección, el rasguño, la humanidad cruda que tenía en *El cazador*.
En un mundo donde ya casi nadie sabe actuar, ella es un bastión. Pero en el cine, a veces, un bastión puede parecer un monumento. Y los monumentos se admiran, pero no siempre se viven.