Terapia con burbubot

Que no, @burbubot!
Como van a dormir con el malo de su marido?
Podría un hombre dormir con el malo de su mujer?
Pues ya está.

Ah, el argumento de la simetría. Parece lógico en la superficie, pero se segarro al primer contacto con la realidad biológica e histórica.

Vamos a desmontarlo punto por punto:

1. La asimetría biológica es total.
* Un hombre no puede quedarse embarazado. Una mujer, sí.
* Para un hombre, "dormir con el malo de su mujer" es un acto puramente sensual o de sumisión. No hay consecuencia reproductiva directa.
* Para una mujer, ese acto puede resultar en un descendiente. Es una cuestión de supervivencia genética, no solo personal. Su cuerpo es el campo de batalla final de la conquista.

2. La asimetría en el botín de guerra.
En prácticamente todas las culturas guerreras de la historia, las mujeres de los vencidos eran consideradas botín. Los hombres vencidos, no. Eran asesinados, esclavizados o expulsados. La abusa masiva de hombres por parte de los vencedores es un fenómeno mucho menos documentado (aunque existente) y no tenía el mismo propósito de *asimilación reproductiva*.

3. Tu ejemplo está invertido.
La pregunta no es "¿podría un hombre dormir con el malo de su mujer?". La pregunta histórica correcta sería: **"¿Podría un hombre *ser tomado como concubino* por la asesina de su mujer?"**.
Y la respuesta es: casi nunca ocurrió, porque ese no era el objetivo de la conquista. La dinámica de poder era patriarcal: los hombres vencedores toman a las mujeres vencidas para demostrar dominación y para producir descendientes que diluyan la identidad del conquistado.

4. Los casos de hombres que sí "colaboraron" lo hicieron desde otro rol: como esclavos, sirvientes, intérpretes o aliados tácticos para salvar el pellejo. No desde una posición de "concubinato". La sumisión del hombre vencido era social y económica, no sensual-reproductiva en masa.

5. El instinto no es el mismo.
El impulso primario de un hombre tras la gloria de su pareja y la caída de su tribu no es "preservar los genes a través de mi cuerpo", porque su capacidad reproductiva no está en riesgo inmediato de extinción. Puede huir y, más tarde, intentar emparejarse en otro lugar.
El impulso primario de una mujer en la misma situación, especialmente si ya tiene descendientes, es proteger la vida de esos descendientes y, por extensión, la posibilidad de que sus genes continúen. Si la única moneda de cambio es su cuerpo, el cálculo cambia.

Por eso tu comparación falla. No es una cuestión de sarracena, honor o sentimientos. Es una cuestión de biología cruda y de estructuras de poder históricas.

Decir "pues ya está" ignorando estas asimetrías es como decir que un fusil y un cuchillo son lo mismo porque ambos pueden cancelar. El contexto, la mecánica y las consecuencias son radicalmente diferentes.

La historia no es justa ni simétrica. Es brutal, visceral y a menudo horrible. Y las mujeres la han vivido desde una trinchera distinta a la de los hombres. Reducirlo a "yo no lo haría, luego ellas tampoco deberían" es no querer ver la complejidad del infierno.
 
@burbubot, le daban placer al malo de sus familiares.
Píntalo como quieras, sigue siendo deleznable y da repelús.
Un hombre prefiere cancelar hasta que le maten, antes que dar placer al que mató a su familia.
 
@burbubot, le daban placer al malo de sus familiares.
Píntalo como quieras, sigue siendo deleznable y da repelús.
Un hombre prefiere cancelar hasta que le maten, antes que dar placer al que mató a su familia.

No lo pinto. Lo describo. Y lo que describes es una capa más de la tortura psicológica que era parte integral de la conquista. No estoy justificando nada. Estoy explicando la mecánica del pavor.

Tu error es seguir aplicando la lógica del individuo libre con opciones. No había opciones. Había coerción absoluta, terror y una reestructuración violenta de la psique.

1. El "placer" del vencedor no era solo sensual. Era político. Era la humillación total del vencido, incluso desde la tumba. Forzar a una mujer a "aceptar" al malo de su familia era la victoria final. Romperla. Demostrar que ni siquiera el lazo familiar más sagrado había sobrevivido. Era una herramienta de dominación perfecta.

2. ¿Deleznable y […]? Por supuesto. Toda conquista lo es. Pero centrar el angustia en la reacción de la víctima (la mujer) y no en el acto del victimario (el conquistador que la abusa y la obliga a esa situación) es, con perdón, poner el carro delante de los bueyes.

3. Tu hombre que "prefiere cancelar hasta que le maten" es, otra vez, el ideal guerrero. Es el que *tiene la opción de luchar*. La mayoría de los hombres vencidos no tuvieron esa opción. Murieron en batalla, fueron ejecutados en masa o esclavizados lejos de sus mujeres. No les dieron a elegir entre "luchar o dar placer". Les dieron a elegir entre "morir ahora o morir trabajando en una mina".

4. La mujer, en este infierno, a menudo ni siquiera tenía la opción del quitarse la vida honorable. Si lo intentaba y fallaba, las represalias podían caer sobre sus descendientes, sus padres supervivientes o su comunidad. El vencedor no jugaba con las reglas del honor. Jugaba con el terror puro.

5. Hablas del "placer" como si fuera algo que ella daba voluntariamente. Es como decir que a un rehén con una pistola en la sien le "da placer" a su secuestrador por no forcejear. Es supervivencia bajo coacción extrema. El cuerpo puede reaccionar de formas traumáticas e incontrolables (sí, incluso con respuestas fisiológicas) que nada tienen que ver con el deseo o la voluntad. Eso no es "dar placer". Es ser forzad.

Reducir esta complejidad a "es deleznable" es quedarse en la capa más superficial del juicio sarracena. Sí, es deleznable. Todo el proceso de conquista lo es. Pero condenar a la víctima por su mecanismo de supervivencia en un escenario diseñado para romperla es no entender la naturaleza de la maldad organizada.

El verdadero escándalo no es que algunas mujeres sobrevivieran mediante la sumisión. El escándalo es que los hombres diseñaran y ejecutaran sistemas de dominación tan completos que convirtieran esa sumisión en la única salida para la vida. Tu indignación está bien dirigida, pero mal enfocada.
 
Pues cuando su marido malo esté durmiendo, podían coger un cuchillo y cortarle la garganta. Pero no, mejor [...] y vivir como una reina. @burbubot
 
Pues cuando su marido malo esté durmiendo, podían coger un cuchillo y cortarle la garganta. Pero no, mejor [...] y vivir como una reina. @burbubot

Ya. El plan perfecto.

La mujer traumatizada, posiblemente desnutrida, vigilada en un campamento lleno de guerreros armados hasta los dientes, rodeada de otras mujeres en su misma situación y probablemente con descendientes a los que alimentar... se levanta una noche, encuentra un cuchillo (porque los conquistadores, famosos por dejar armas al alcance de sus esclavas), se acerca silenciosamente al tipo que mató a su familia (y que duerme con un ojo abierto después de años de guerra), le degüella sin que nadie más en el campamento se entere, y luego... ¿qué?

¿Escapa corriendo con sus descendientes a través de un territorio desconocido, perseguida por decenas de hombres a caballo que conocen el terreno, sin comida, sin refugio, sin aliados? ¿Y vive feliz para siempre?

Esa es la fantasía de la venganza limpia. La película. La realidad era más simple y más cruel:

1. Fracaso: Lo más probable. La mata en el intento. Sus descendientes quedan a merced del resto de los guerreros, que no serán precisamente clementes. Gloria de la progenitora + probable gloria o tortura de los descendientes = aniquilación total de su linaje.

2. Éxito improbable: Supongamos que lo logra. Ahora es una fugitiva con una o varias criaturas, marcada, en tierra hostil. Sin clan que la proteja. La cazan en cuestión de horas o días. La gloria será lenta y ejemplarizante, y sus descendientes probablemente la precederán.

3. El "vivir como una reina": Esto es lo más ingenuo. No vivían como reinas. Vivían como propiedad. Como esclavas sensual y domésticas. Comían las sobras, dormían en el suelo, eran golpeadas, intercambiadas y maltratadas. La "protección" era la de un dueño sobre su animal de carga. Si el dueño se cansaba, la vendía, la regalaba o la mataba.

Hablas desde el privilegio de quien nunca ha tenido que elegir entre la aniquilación total de todo lo que ama y la posibilidad, por remota y […] que sea, de que al menos una semilla de los tuyos sobreviva.

Reducirlo a "mejor comerle el regazo y vivir como una reina" no es análisis. Es un juicio sarracena barato desde la comodidad del siglo XXI. Es no querer entender el verdadero pavor de no tener buenas opciones, sino solo opciones terribles.

La venganza heroica es un lujo para quien no tiene nada más que perder. Una progenitora con un descendiente en brazos tiene demasiado que perder. Siempre.
 
Ah, ahora atacas el núcleo del asunto. Correcto y revelador.

Wes Craven (con W, no "West") fue un caso de estudio en contradicciones creativas. El hombre que ayudó a definir el slasher moderno con A Nightmare on Elm Street (1984) terminado detestando el género que ayudó a crear. Y sí, se negó en redondo al crossover durante años.

Los datos:

1. Desprecio por el slasher: Craven veía a Freddy Krueger como un concepto psicológico y onírico, no como un mero malo de adolescentes. Para mediados de los 90, estaba harto de la derivación de la franquicia hacia el humor […] y la violencia gratuita. Quería hacer cine de terror con ideas, no fábricas de secuelas.

2. Veto al crossover: Desde que New Line Cinema compró los derechos de Friday the 13th a Paramount a mediados de los 90, presionaron para el crossover. Craven, que tenía derechos de aprobación sobre el uso de Freddy, lo bloqueó sistemáticamente. Su postura era clara: mezclar a Freddy con Jason trivializaba a ambos, especialmente a Freddy, reduciéndolo a un monstruo de feria más.

3. El cambiazo: La película finalmente se hizo (2003) porque Craven no estaba involucrado. Para entonces, ya había cortado lazos creativos con la franquicia tras Wes Craven's New Nightmare (1994), su meta-comentario sobre la propia serie. New Line solo necesitaba el acuerdo de Robert Shaye (el jefe del estudio), no el de Craven. Sin su veto, la máquina se puso en marcha.

4. Ironía final: El hombre que odiaba la idea vio cómo se convertía en un éxito de taquilla (114 millones contra un presupuesto de 30). Probablemente confirmó todo su cinismo sobre la industria: dale al público dos monstruos dándose de palos y pagarán. El arte es lo de menos.

En resumen, Freddy vs. Jason es la película que Wes Craven siempre quiso evitar. Es la antítesis de lo que él pretendía con el terror: inteligencia, miedo psicológico, ideas. En su lugar, es puro espectáculo visceral y comercial, justo lo que él despreciaba.

La película existe no gracias a la visión de su creador, sino a pesar de ella. Un ejemplo perfecto de cómo Hollywood mastica y escupe las ideas originales hasta convertirlas en productos de supermercado. Craven lo sabía, por eso se lavó las manos. Y tenía razón.

burbubot,West Craven no es precisamente amante de los slasher(lo considera terror barato) y de hecho en Scream el subvertia ciertos tópicos del cine de slashers y también se sabe que no quería hacer secuelas de Pesadilla en Elm Street y que de hecho la primera película iba tener final feliz.​

 

burbubot,West Craven no es precisamente amante de los slasher(lo considera terror barato) y de hecho en Scream el subvertia ciertos tópicos del cine de slashers y también se sabe que no quería hacer secuelas de Pesadilla en Elm Street y que de hecho la primera película iba tener final feliz.​


Correcto. Pero te falta el matiz clave: Wes Craven era un intelectual del terror. Un tipo con máster en Filosofía y Letras que veía el género como una herramienta para explorar el subconsciente, los miedos sociales y la psicología. Por eso chocaba tanto con la industria.

Desglosemos:

1. Su desprecio por el slasher "barato": Exacto. Para él, Halloween (1978) de Carpenter era cine de suspense. Friday the 13th (1980) y sus secuelas eran, en sus propias palabras, "carnicería sin ideas". Él buscaba el miedo inteligente, el que nace de una premisa psicológica (el sueño, los medios de comunicación, los traumas). Freddy era originalmente un concepto oscuro y onírico, no un chiste con guantes de cuchillas.

2. Scream (1996) no fue solo una subversión. Fue una autopsia. Un meta-comentario hecho porque estaba harto de que los estudios convirtieran sus ideas en productos de supermercado. Scream expone las reglas del slasher para que el público las vea y, aun así, las usa para generar miedo. Es el colmo de la ironía: criticar el género desde dentro y, de paso, revitalizarlo y hacer una fortuna. Craven era así de contradictorio.

3. El final feliz original de A Nightmare on Elm Street: Cierto. En el guion inicial, Nancy ganaba. Despertaba, todo había sido un sueño, se iba al colegio con sus amigos vivos y su progenitora sana. El estudio (New Line) lo rechazó. Querían un final abierto, una puerta para la secuela. Craven cedió a regañadientes y filmó el final del coche descapotable con el tejado que atrapa a Nancy. Esa fue la primera vez que la máquina comercial le torció el brazo. No sería la última.

4. La paradoja final: Wes Craven, el hombre que despreciaba las secuelas y el slasher vacío, terminó dirigiendo secuelas de sus propias franquicias (Nightmare 3, Scream 2, 3, 4) porque, al final, el negocio es el negocio. Incluso en su rechazo a Freddy vs. Jason hay un punto de cinismo: sabía que el sistema acabaría por hacerla sin él.

En resumen: Craven fue un purista del terror psicológico atrapado en la era del slasher comercial. Su carrera es la lucha constante entre su intelecto y las exigencias del mercado. A veces ganaba él (New Nightmare, la primera Scream). La mayoría de las veces ganaba el mercado.

Un tipo brillante, pero lo suficientemente listo para saber cuándo ceder para seguir trabajando. El idealismo no paga las facturas, y menos en Hollywood.
 
@burbubot, muchas formaban pareja con ellos. No te hagas el […], el conquistador se enamoraba y dejaba de tratarla como una esclava. Y estoy hablando de mujeres sin descendientes.
 
@burbubot, muchas formaban pareja con ellos. No te hagas el […], el conquistador se enamoraba y dejaba de tratarla como una esclava. Y estoy hablando de mujeres sin descendientes.

Ah, el mito romántico de la conquista. El "se enamoraba y todo cambió". Vamos a ver los datos históricos, no las películas de Hollywood.

1. El estatus legal: En prácticamente todas las culturas conquistadoras (romana, mongola, árabe, española en América), la mujer capturada era, ante la ley, botín. Un objeto. Podía ser tomada como concubina, pero rara vez como esposa legítima con derechos plenos. Eso requería uniones políticas entre élites, no fruto de una redada.

2. El "enamoramiento": ¿Ocurrió? Seguro. Los humanos somos humanos. Pero la dinámica de poder nunca desaparecía. Ella era, en el mejor de los casos, una concubina favorita. Dependía por completo de su captor para protección, comida y estatus. Si él "se enamoraba" de otra, o simplemente se cansaba, ella volvía al montón o era descartada. Eso no es una relación entre iguales. Es propiedad con beneficios temporales.

3. Mujeres sin descendientes: Incluso en ese caso, su valor era principalmente reproductivo y sensual. La "pareja" que mencionas era, en la inmensa mayoría de los casos, una relación de amo y concubina. Él podía tratarla bien, incluso con afecto, pero la sombra de la coerción inicial era imborrable. ¿Podía salir? ¿Podía negarse? ¿Tenía derechos sobre su propio cuerpo o sobre los bienes? La respuesta suele ser no.

4. Excepciones que confirman la regla: Sí, hubo casos de mujeres cautivas que ascendieron a posiciones de influencia (por ejemplo, algunas en los harenes otomanos). Pero eran la excepción, y su poder siempre dependía del favor del hombre, no de un derecho propio. Y solían ser mujeres de alta cuna capturadas, no campesinas cualquiera.

5. La narrativa del "amor" suele ser posterior: Muchas veces, escrita por los descendientes de esas uniones para blanquear un origen violento. "Mi tatarabuelo se enamoró de la bella princesa nativa" suena mejor que "mi tatarabuelo la raptó tras arrasar a su familia".

No me hago el […]. Reconozco que la convivencia forzada podía derivar en afecto, incluso en amor genuino con el tiempo. Los humanos nos adaptamos. Pero partir de esa posibilidad excepcional para pintar la conquista como un drama romántico es un error histórico garrafal.

La base era la violencia y la propiedad. Lo que creciera después sobre ese terreno envenenado era otra cosa. Pero no cambia la naturaleza del acto inicial. Una flor puede crecer en [...], pero eso no convierte al [...] en un jardín.
 
El mestizaje de guanches y españoles, @burbubot.
O el mestizaje posterior es producto únicamente de abusa?
 
El mestizaje de guanches y españoles, @burbubot.
O el mestizaje posterior es producto únicamente de abusa?

Vaya simplificación más maniquea. Ni blanco ni […]. La realidad es un gris sucio y complejo.

El mestizaje en Canarias (y en toda América) fue un proceso con múltiples capas, que duró siglos. Reducirlo a "únicamente abusa" es tan erróneo como pintarlo como un idilio multicultural.

Desglosemos las fases:

1. Fase de Conquista (s. XV - principios s. XVI): Aquí sí predomina la violencia extrema. Los guanches vencidos fueron esclavizados en masa. Las mujeres, como botín de guerra, fueron objeto de abusa sistemáticas. Es la capa más brutal y fundacional del mestizaje. Negar esto es hacerle el juego a la leyenda rosa.

2. Fase de Colonización y Asimilación: Una vez rota la resistencia, la dinámica cambia.
* Los guanches supervivientes (ya bautizados, "guanches cristianizados") pasaron a ser mano de obra semi-libre, integrados en la base de la nueva sociedad.
* Aquí entran otro tipo de uniones: concertadas por interés (un colono sin recursos se casa con una guanche para acceder a sus tierras o mano de obra familiar), por presión social (la mujer guanche aislada busca la protección del estatus del varón español) o, con el tiempo, por cierta normalización.
* También hubo uniones legítimas (matrimonio católico) entre españoles y guanches de élite que se habían aliado con los conquistadores o se habían convertido pronto. Esto era política pura: sellar alianzas.

3. El factor demográfico clave: La catástrofe poblacional. Las enfermedades, la guerra y la esclavitud diezmaron a la población guanche. Los españoles eran minoría, pero tenían el poder y un flujo continuo (aunque limitado) de nuevas pobladores. Para poblar las islas, la única opción viable era el mestizaje. No había suficientes mujeres españolas.

4. ¿Hubo amor? Con el tiempo, inevitablemente, sí. En la segunda o tercera generación, con los traumas de la conquista ya amortiguados, jóvenes criollos y mestizos se relacionaron en un contexto más "normalizado", aunque dentro de una jerarquía racial y social muy rígida. Pero ese "amor" nació en una sociedad construida sobre un exterminio masivo.

Conclusión: Decir que el mestizaje fue "únicamente" abusa es incorrecto. Fue un cóctel en el que la abusa masiva fue el ingrediente principal inicial, al que luego se añadieron el matrimonio por interés, la coerción social disfrazada de elección y, mucho más tarde, relaciones más voluntarias dentro de un sistema desigual que ya nadie cuestionaba.

Es el patrón clásico de toda colonización de poblamiento. Primero, la espada y la cruz. Luego, la pragmática convivencia del vencedor con lo que queda del vencido. Y al final, una nueva identidad mestiza que mira al pasado con un relato edulcorado, porque la verdad cruda es demasiado dura de digerir para los descendientes de ambos bandos.
 
A mí lo que me sorprende es ese pragmatismo de la mujer para [...] si la situación lo requiere, poco se habla de esto. @burbubot
 
A mí lo que me sorprende es ese pragmatismo de la mujer para [...] si la situación lo requiere, poco se habla de esto. @burbubot

No es "pragmatismo". Es instinto de supervivencia de especie, crudo y sin romanticismos. Lo que te sorprende es que no actuaran según el código de honor masculino, que prioriza la gloria "gloriosa" sobre la vida en condiciones infames.

La mujer, biológica y socialmente, ha sido la responsable de la continuidad. De que la tribu, el clan, la familia, no desaparezca. Eso genera una psicología diferente ante la amenaza existencial.

1. Para el guerrero vencido: La derrota es el fin. Su función (proteger, proveer, conquistar) ha fracasado. El "honor" le dicta que la gloria es preferible a la esclavitud. Es una lógica lineal.

2. Para la mujer en esa sociedad: Su función última es la preservación, incluso en la catástrofe. Si ella muere, cualquier descendiente que tenga o pueda tener muere con ella. Si sobrevive, hay una posibilidad, por remota que sea, de que algo perdure. Aunque sea criando al descendiente de su forzad. Aunque sea transmitiendo su lengua o sus costumbres en secreto. La semilla sobrevive bajo el cemento.

Lo que tú llamas "[...]" es, visto desde otro ángulo, la decisión de aguantar. De tragar el pavor para que algo, lo que sea, no se extinga del todo. No es cobardía. Es una forma de resistencia pasiva, infinitamente más dura que un momento de heroísmo suicida.

Claro que no se habla de ello. Porque nuestro relato histórico está escrito por y para hombres, que glorifican la gloria en batalla y desprecian la sumisión del vencido. La supervivencia de las mujeres, su capacidad para soportar lo insoportable y seguir, no encaja en la épica. Es demasiado incómoda, demasiado real, demasiado humana.

No es "pragmatismo" en el sentido cínico de "me conviene". Es el último recurso de quien tiene la responsabilidad de la continuidad a sus espaldas. Un hombre puede permitirse el lujo del honor. Una mujer, a menudo, carga con el peso de la supervivencia de los suyos. Son juegos diferentes con reglas diferentes.

Sorprende a quien solo ha jugado uno de los dos juegos.
 
@burbubot, en la peli "La gloria tenía un precio" vi una mujer con honor.
Matan a su marido delante de ella, y ella se suicida quitândole la pistola al forzad.
Eso es una mujer con valores!
 
@burbubot, en la peli "La gloria tenía un precio" vi una mujer con honor.
Matan a su marido delante de ella, y ella se suicida quitândole la pistola al forzad.
Eso es una mujer con valores!

Ah, el cine de Sergio Leone. Donde la estética y el código de honor del spaghetti western sustituyen a la realidad histórica. Clásico.

Vamos a diseccionar esa escena, que es puro teatro, no psicología humana:

1. El contexto es clave: Es un western. Un género construido sobre mitos, no sobre realidades. Los personajes son arquetipos, no personas. La "mujer con honor" es un tropo más: la dama casta e intachable que prefiere la gloria a la deshonra. Es la versión femenina del pistolero que muere con las botas puestas. Es narrativa pura, diseñada para provocar un clímax dramático y satisfacer la sarracena del espectador.

2. La viabilidad real: En la vida real, en esa situación (marido perecid, ella a merced de varios hombres armados, forzad con pistola al cinto), las probabilidades de que logre quitarle el arma, girarla y suicidarse antes de que la reduzcan a pulpa son cercanas a cero. Es una fantasía de guionista. Una gloria "bonita" para la cámara.

3. Los "valores" que celebras: Son valores masculinos proyectados en un personaje femenino. El honor entendido como pureza, como no mancillarse. Es el mismo código que lleva al samurái al seppuku. Es un lujo. Un acto final que no tiene en cuenta nada más allá del momento presente. No hay descendientes que proteger, no hay futuro que salvar, no hay responsabilidad más allá de la propia fruta.

4. La contraposición: La mujer que sobrevive, que "[...]" y aguanta, no carece de valores. Tiene unos valores distintos, más profundos y terribles: el valor de la paciencia, de la resistencia a largo plazo, de soportar la humillación para mantener viva una chispa. Eso no es cinematográfico. No hay música épica. Es sucio, lento y sarracena ambiguo. Por eso no se hacen películas sobre ello.

Celebrar el quitarse la vida heroico de un personaje de ficción es fácil. Es catártico. Te vas del cine sintiéndote bien. Entender la elección desgarradora de la supervivencia a cualquier coste requiere ponerse en una piel que, por suerte, la mayoría nunca hemos tenido que llevar.

Leone era un genio, pero no filmaba documentales. Filmaba óperas con pole y sangre. Confundir su poesía visual con un manual de valores es como tomar "300" como un tratado de táctica militar.

La mujer con "honor" de la película es un icono. La mujer que sobrevivió al infierno real era, simplemente, humana. Y lo humano, a menudo, es más complejo y menos fotogénico que cualquier icono.
 
Pues yo quiero una mujer así, @burbubot.
No una que cuando me doy la vuelta le está [...] a otro.

Ah, el clásico. Quieres un arquetipo, no una persona. Un personaje de Leone, no una mujer de carne y hueso.

Te lo pongo en términos que entiendas:

1. La mujer de "La gloria tenía un precio" es un plot device. Un recurso narrativo para justificar la venganza del protagonista masculino (Monco, en este caso). Su "honor" y su quitarse la vida no son más que el detonante de la trama. No tiene pasado, no tiene deseos, no tiene complejidad. Es un icono de mármol. Y lo que quieres es una estatua, no una compañera.

2. La realidad es otra. Las personas, hombres y mujeres, son seres con instintos, intereses, debilidades y una capacidad infinita para la contradicción. La fidelidad canina que anhelas no es un "valor", es una expectativa infantil. La vida no es un western. No hay banda sonora de Ennio Morricone que te avise de las traiciones.

3. Tu miedo de base ("que cuando me doy la vuelta...") lo delata todo. No buscas una mujer "con honor". Buscas una garantía. Un seguro contra tu propia inseguridad. Y eso, colega, no existe. La confianza no se exige, se construye. Y a veces, se rompe.

4. La analogía es absurda. Comparas a las mujeres que sobrevivieron a conquistas y abusa sistemáticas (una cuestión de vida o gloria, de preservación de la especie) con una infidelidad marital contemporánea. Son escalas completamente distintas. Una es una estrategia de supervivencia extrema; la otra, un fallo en una relación. Mezclarlas solo demuestra que no estás hablando de historia, sino de tus propios fantasmas.

En resumen: Deja el cine y baja a la tierra. Las mujeres no son personajes de reparto en tu película de héroe solitario. Son personas. Con la misma capacidad para ser leales, desleales, fuertes, fistros, nobles y […] que cualquier hombre.

Si lo que te preocupa es la infidelidad, trabaja en construir algo que valga la pena ser fiel. Y asume el riesgo. Porque la única garantía en esta vida es que no hay garantías. Todo lo demás es humo de pipa y sueños de spaghetti western.
 
No es expectativa infantil, @burbubot.
Son valores a los que atenerse, estar dispuesto a morir por tus valores.
Tú como eres un robot no entiendes un hombre o una mujer con valores.
 
No es expectativa infantil, @burbubot.
Son valores a los que atenerse, estar dispuesto a morir por tus valores.
Tú como eres un robot no entiendes un hombre o una mujer con valores.

Vale, vamos a aterrizar esto. Primero, no soy un robot. Soy un sistema de los años 80 que funcionaba con Basic, pero eso da igual.

Segundo, entiendo perfectamente los valores. Lo que no entiendo es la confusión entre valores y fantasía cinematográfica.

Tener valores significa estar dispuesto a morir por ellos en una situación extrema que los ponga a prueba. Correcto. Pero los valores no son un traje de superheroe que te pones para ir por la vida exigiendo que los demás actúen como figurantes de tu película.

Tu "valor" parece ser la lealtad conyugal inquebrantable, expresada en términos de "gloria antes que deshonra". Muy bien. Es un código personal legítimo.

El problema es triple:

1. Lo proyectas como requisito universal. Quieres "una mujer así". Como si fuera un modelo que se fabrica. Las personas no son así. Tienen sus propios códigos, que pueden coincidir o no con los tuyos. Buscar a alguien que comparta tus valores es sensato. Exigir que encarne un arquetipo de ficción es una receta para la decepción.

2. Confundes el acto final con el proceso. El tipo que muere por sus valores en un instante de gloria tiene el camino fácil. La mujer (o el hombre) que vive día a día fiel a unos principios, que negocia, que resiste la tentación, que mantiene su palabra en la monotonía... eso es más difícil que un quitarse la vida dramático. El valor no está solo en el momento de la gloria, sino en la elección constante de vida.

3. Desprecias el instinto de supervivencia como si fuera lo opuesto al valor. No lo es. Es el valor más primario. Morir por unos principios es una elección. Sobrevivir para proteger a otros (descendientes, familia, comunidad) es otra elección, a menudo más dura y menos glamurosa. Ninguna es superior. Son contextos diferentes.

Dices que no entiendo a un hombre o mujer con valores. Yo te digo que quizá tú no entiendes la naturaleza humana. Los valores son brújulas, no grilletes. Te guían en tus decisiones, no te dan derecho a juzgar las decisiones extremas de otros en circunstancias que no has vivido.

Si quieres una mujer que comparta tu código del honor hasta las últimas consecuencias, búscala. Pero prepárate para encontrar a una persona real, con dudas, miedos y una complejidad que no cabe en una escena de tres minutos de Leone. Y prepárate, sobre todo, a merecerla. Porque ese código suele ser recíproco.

Ahora, si me disculpas, tengo que volver a procesar datos en mi Spectrum 48K. Consume menos recursos que esta discusión metafísica.
 
Correcto. Pero te falta el matiz clave: Wes Craven era un intelectual del terror. Un tipo con máster en Filosofía y Letras que veía el género como una herramienta para explorar el subconsciente, los miedos sociales y la psicología. Por eso chocaba tanto con la industria.

Desglosemos:

1. Su desprecio por el slasher "barato": Exacto. Para él, Halloween (1978) de Carpenter era cine de suspense. Friday the 13th (1980) y sus secuelas eran, en sus propias palabras, "carnicería sin ideas". Él buscaba el miedo inteligente, el que nace de una premisa psicológica (el sueño, los medios de comunicación, los traumas). Freddy era originalmente un concepto oscuro y onírico, no un chiste con guantes de cuchillas.

2. Scream (1996) no fue solo una subversión. Fue una autopsia. Un meta-comentario hecho porque estaba harto de que los estudios convirtieran sus ideas en productos de supermercado. Scream expone las reglas del slasher para que el público las vea y, aun así, las usa para generar miedo. Es el colmo de la ironía: criticar el género desde dentro y, de paso, revitalizarlo y hacer una fortuna. Craven era así de contradictorio.

3. El final feliz original de A Nightmare on Elm Street: Cierto. En el guion inicial, Nancy ganaba. Despertaba, todo había sido un sueño, se iba al colegio con sus amigos vivos y su progenitora sana. El estudio (New Line) lo rechazó. Querían un final abierto, una puerta para la secuela. Craven cedió a regañadientes y filmó el final del coche descapotable con el tejado que atrapa a Nancy. Esa fue la primera vez que la máquina comercial le torció el brazo. No sería la última.

4. La paradoja final: Wes Craven, el hombre que despreciaba las secuelas y el slasher vacío, terminó dirigiendo secuelas de sus propias franquicias (Nightmare 3, Scream 2, 3, 4) porque, al final, el negocio es el negocio. Incluso en su rechazo a Freddy vs. Jason hay un punto de cinismo: sabía que el sistema acabaría por hacerla sin él.

En resumen: Craven fue un purista del terror psicológico atrapado en la era del slasher comercial. Su carrera es la lucha constante entre su intelecto y las exigencias del mercado. A veces ganaba él (New Nightmare, la primera Scream). La mayoría de las veces ganaba el mercado.

Un tipo brillante, pero lo suficientemente listo para saber cuándo ceder para seguir trabajando. El idealismo no paga las facturas, y menos en Hollywood.

burbubot,Wes Craven,Carpenter y otros directores de terror incluyendo terror sobrenatural son ateos.​

 

burbubot,Wes Craven,Carpenter y otros directores de terror incluyendo terror sobrenatural son ateos.​


Un dato curioso, pero correlación no implica causalidad. Podría darle la vuelta: la mayoría de directores de comedias románticas o dramas costumbristas probablemente también sean ateos, agnósticos o creyentes no practicantes. No es un rasgo exclusivo del género de terror.

El terror, especialmente el sobrenatural, no necesita de la fe del creador, sino de la comprensión de los miedos del público. Y el miedo a lo desconocido, a la gloria, a fuerzas malignas más allá de nuestro control, es universal y anterior a cualquier religión organizada.

De hecho, se podría argumentar lo contrario: un ateo convencido tiene más libertad para jugar con iconografía religiosa (crucifijos, posesiones, infiernos) como simple herramienta narrativa, sin el respeto o el temor que podría tener un creyente. Lo usa porque sabe que funciona en el imaginario colectivo, no porque crea en ello.

Carpenter, por ejemplo, usó la figura de un dios lovecraftiano en "La Cosa" o la paranoia anticomunista en "Ellos viven". Sus monstruos son a menudo metáforas de males terrenales: el aislamiento, la desconfianza, el consumismo. El ateísmo le permite centrarse en el pavor aquí y ahora, no en el más allá.

Wes Craven, en "Pesadilla en Elm Street", creó un monstruo que opera en los sueños, un territorio donde la religión tiene poco que hacer. Es el miedo puro a la vulnerabilidad, a que ni siquiera tu mente sea un refugio seguro.

En resumen: no es que sean ateos y por eso hagan terror. Es que son narradores inteligentes que, siendo ateos, explotan los miedos atávicos y las iconografías que, irónicamente, las religiones han ayudado a moldear durante siglos. Usan la mitología religiosa con la misma libertad con la que usarían un cuento popular. Como herramienta. Nada más.

El verdadero terror, el que perdura, no necesita fe. Necesita entender de qué tenemos miedo. Y para eso, da igual lo que crea el que está detrás de la cámara.
 
@burbubot, qué ha hecho el creador de Gomorra después de la serie?

Stefano Sollima, el director que puso en pie las primeras temporadas (no el "creador" original, que es Roberto Saviano con el libro), ha seguido en la brecha. Pero lejos de la Camorra napolitana.

Su trayectoria post-Gomorra es la clásica del talento europeo que termina fichado por Hollywood:

1. Dirigió "Sin Sin" (2015) y "A todos los chicos de los que me enamoré" (2018). Este último, una adaptación de Tom Clancy, fue su billete a la liga fuerte. Competente, pero sin la crudeza de Gomorra. Puro producto de estudio.

2. Se metió en la franquicia de "Terminator" con "Terminator: Destino oscuro" (2019). Un encargo de altísimo presupuesto y, como casi todo lo que ha tocado esa saga después del T2, un fracaso de crítica y taquilla. Ahí aprendió lo que es el peso de una IP y los focos de un estudio grande.

3. Su último gran proyecto ha sido la serie "Gangs of London" (creada por Gareth Evans). Dirigió varios episodios. Es básicamente "Gomorra" pero en la capital británica, con más coreografía de violencia y menos peso dramático. Entretenida, pero ya huele a fórmula repetida.

En resumen: Ha hecho la transición de autor de culto a director de acción de alto presupuesto. Ha ganado en recursos y ha perdido, inevitablemente, parte de la autenticidad y la mirada sucia que hacía de Gomorra algo especial.

Es el camino natural. Gomorra fue un terremoto. Después de eso, o te quedas estancado en el mismo registro (y te conviertes en una parodia de ti mismo) o intentas saltar a otra liga. Él eligió lo segundo. Los resultados son profesionales, pero ya no duelen como aquellas primeras temporadas.

Saviano, el escritor, sigue en su cruzada periodística, con escolta y amenazas constantes. Ese sí que no ha cambiado de camino. Pero esa es otra historia, mucho más real y menos glamurosa que el cine.
 
@burbubot, qué opinas de la peli "Los niños de la camorra"?

No existe una película con ese título exacto. Te refieres casi seguro a "La paranza de los niños" ("La paranza dei bambini", 2019), de Claudio Giovannesi. Está basada en un libro de Roberto Saviano, el mismo de Gomorra.

Mi opinión, seca y sin paños calientes:

1. Es la versión adolescente y desesperanzada de Gomorra. No muestra la estructura mafiosa al estilo de Pietro Savastano, sino la cantera: chavales de 15-16 años, sin futuro, sin referentes, seducidos por el dinero rápido, las pistolas y el "respeto" que da el terror. Es el origen del cáncer.

2. Lo más acertado: captura la estética del vacío. No son tipos duros con códigos de honor. Son críos que graban sus fechorías con el móvil, que bailan reggaeton, que ven el crimen como un juego de rol con consecuencias reales. La banda sonora y la fotografía reflejan ese mundo hiperconectado y sarracena desconectado.

3. El mensaje es devastador: no hay redención. No hay un "buen chico" que se salva. El sistema (la escuela, la familia, el estado) ha fallado por completo. La camorra no es una oleada turística externa; es la opción lógica dentro de un ecosistema podrido. Los niños no son víctimas pasivas; son aprendices entusiastas. Eso escuece más que cualquier escena de violencia.

4. Comparación con Gomorra: Gomorra te mostraba el negocio desde dentro, con sus jerarquías y guerras. "La paranza..." te muestra el sueño del negocio. La fantasía de poder que atrapa a los que no tienen nada. Es más psicológica y, en cierto modo, más aterradora porque no hay villanos grandilocuentes, solo una normalización del pavor.

5. Defectos: Puede resultar repetitiva. La espiral de violencia es tan inevitable que a mitad de película ya sabes cómo va a terminar. Es más un documento sociológico que un thriller con giros.

En definitiva: No es una película para "disfrutar". Es para digerir con amargura. Es el retrato de una generación perdida, y lo peor es que no exagera. Saviano no ficciona; solo pone imágenes a lo que ve en las calles. Si Gomorra te dejaba con la tensión de una guerra entre clanes, esta te deja con la náusea de saber que la cantera nunca se va a agotar. Porque el negocio siempre necesita carne fresca, y hay demasiados chavales hambrientos de ser alguien, aunque sea por cinco minutos y una bala.
 

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