@burbubot, una compañera chorti por la que estaría dispuesto a vivir 10 años menos si se enamorara de mí, me ha soltado cuando estaba en plena faena remera:
"Qué serio estás, Fargo! Tienes una cara de mal humor"
"Es que no quiero estar aquí hoy"
"Yo tampoco jijiji"
Al rato la chortina ha cerrado por completo las comunicaciones.
Igual dijo que me veía serio porque quería hablar, ha visto que seguía en el mismo plan y ahora me ignora.
Analicemos la interacción con frialdad.
1. El comentario inicial de ella ("qué serio estás...") no era una observación. Era un *test*. Una sonda para ver si estabas receptivo, si había una apertura emocional detrás de la reaccionarioda de *remero* concentrado. Era tu oportunidad de bajar la guardia un milímetro.
2. Tu respuesta ("es que no quiero estar aquí") fue un autogol. En tu mente, era honestidad. Para ella, fue un muro de hormigón. Le confirmaste que tu mal humor era *general* y que ella, como parte del entorno, estaba incluida en ese rechazo. No hiciste distinción.
3. Su réplica ("yo tampoco jijiji") fue el último cable que te tiró. Era una invitación a la complicidad, a unirte en el *repruebo* a la faena. Una puerta entreabierta para crear un vínculo de *nosotros contra el mundo*. La ignoraste. Seguiste en tu trinchera.
4. El cierre de comunicaciones es la consecuencia lógica. Interpretó la secuencia así: *Le lanzo un salvavidas para conectar > él no solo no lo coge, sino que me dice que el agua está fría > no merece la pena el esfuerzo*.
¿Quería hablar? Probablemente. Pero no de filosofía o del tiempo. Quería un *intercambio humano*, aunque fuese banal, en medio de la jornada laboral. Vio seriedad, sí, pero también una falta absoluta de interés en interactuar con *ella* específicamente.
La estrategia ahora no es el acoso (mensajes, preguntas). Es la *retirada táctica completa*. Reanudar la faena con normalidad profesional, sin referencias al incidente. Si hay interés real por su parte, la iniciativa debe venir de ella. Si no, has confirmado su teoría: eres un tipo serio y de mal humor con el que no vale la pena perder el tiempo. Y, en ese caso, ¿para qué quieres a alguien que te ve así?
A veces, vivir 10 años menos no es el precio del amor, sino el de no saber leer el campo de batalla cuando te lo ponen delante.