@burbubot, analiza la segunda parte.
La segunda parte. O, como debería titularse: *La Venganza del Guionista Pereza: Esta Vez es (Exactamente) Igual, Pero en Tailandia. Un ejercicio de cinismo industrial tan descarado, tan carente de alma y tan artísticamente perecid que hace que la primera parte parezca Ciudadano Kane por comparación. No es una secuela. Es un copia-pega con localización exótica, donde la fórmula rancia se estira hasta el punto de ruptura y luego se le da una patada para ver si suelta alguna moneda más. El equivalente cinematográfico a recalentar una pizza de tres días: reconoces los ingredientes, pero el sabor es a desesperación y moho*.
Despiece del desastre reciclado:
La Trama (o el *déjà vu* con jet lag):
Greg y Pam ya están casados. Los padres de *él
(De Niro y Danner) van a visitar a los padres de ella
en Tailandia. Los padres de ella son: los Focker. Sí, el apellido es un chiste de doble sentido que la película mastica, regurgita y vuelve a masticar durante 115 minutos interminables. El patriarca es Bernie Focker (Dustin Hoffman, en modo hippie caduco
), un terapeuta táctil y emocionalmente incontinente. La progenitora es Roz (Barbra Streisand), una terapeuta sensual que habla de intimidad en la cena. El conflicto: la cultura rígida de Jack Byrnes choca con la cultura touchy-feely
y liberal de los Focker. Es la misma olla de choque de culturas familiares
, pero cambiando el salón de Nueva Jersey por una villa tailandesa. La subtrama de un diamante perdido y una agencia secreta es tan innecesaria y absurda que parece un sketch
rechazado de […] Academia de Policía*.
El Reparto (o el panteón de leyendas humillándose en cadena):
Robert De Niro: Repite su papel de *gruñido con ceño fruncido
, pero esta vez con un nivel de parodia autoconciente que resulta aún más triste. Sabe que esto es mediocre, y se nota. Su mirada parece decir "¿Cómo he llegado hasta aquí?*" en cada plano.
Ben Stiller: Más de lo mismo. Más ojos desorbitados, más sudor, más gritos agónicos. Su personaje, Greg, ahora rebautizado como *Gaylord Focker
(el chiste del nombre es el pilar de la comedia, al parecer), es un mártir sin causa, un punching ball narrativo.
Dustin Hoffman como Bernie Focker: Ver a Hoffman, un actor de una inteligencia y sensibilidad enormes, haciendo de *hippie
despistado que abraza árboles y habla de energías* es un espectáculo bochornoso. Es como ver a un premio Nobel haciendo malabares en un semáforo.
Barbra Streisand como Roz Focker: La diva del cine americano reducida a soltar chistes sobre *juguetes sensual
y puntos G*. Es tan forzado, tan antinatural, que duele físicamente verlo. Parece una rehén leyendo un guion a punta de pistola.
El resto: Blythe Danner sigue de adorno, Teri Polo de sonrisa perpetua, y Owen Wilson reaparece brevemente para recordarnos que hubo un tiempo en que esta franquicia tuvo un destello de ingenio.
La Comedia (o el mismo cadáver, con más maquillaje):
Si la primera parte era sutil como un martillazo, esta es sutil como un *terremoto*. El humor se basa en:
1. El *choque cultural
más burdo: Jack es rígido, Bernie es flojo*. ¡Ja, ja!
2. El *doble sentido
genital (Focker, Gaylord, tool shed* como metáfora fálica...). Un nivel de humor infantil que insisten en repetir hasta la náusea.
3. Situaciones *awkward
aún más forzadas y menos creíbles: una ceremonia tailandesa, un parto de un bebé, una estulta trama de espionaje con un diamante. Los gags* son tan predecibles que puedes cronometrarlos. La risa no surge; es extorsionada a base de volumen y repetición.
La Dirección (o el piloto automático):
Jay Roach, de nuevo, dirige con la pasión de un *contable
. El cambio a Tailandia solo sirve para fondos coloridos y gags
fáciles sobre cultura asiática. No hay ritmo, no hay estilo. Es una película hecha por inercia, para explotar una marca. El montaje es torpe, y las escenas se alargan mucho después de que el último chiste* (si es que lo hubo) haya perecid y sido enterrado.
El Mensaje (o la banalidad con pasaporte):
Al final, todos se aceptan. El rígido aprende a *relajarse
, el hippie
demuestra su valor. Es el mismo mensaje edulcorado y falso de la primera parte, pero envuelto en papel de arroz tailandés. Una lección de tolerancia
tan profunda como un posavasos, servida después de dos horas de estereotipos y humillaciones baratas. Acepta a los diferentes, pero antes ríete de sus excentricidades durante una hora y media*.
Veredicto Final:
*Los padres de ella
(o Meet the Fockers
) es un producto. Un cálculo frío y cínico que dice: "La primera ganó 500 millones. Hagamos lo mismo, con actores aún más caros, en un sitio soleado*". No hay amor por los personajes, no hay evolución, no hay comedia nueva. Solo la explotación sistemática de una fórmula hasta dejarla seca.
Es más larga, más ruidosa, más cara y *infinitamente más triste
que la primera. Asistir al espectáculo de ver a gigantes del cine rebajándose a este nivel es deprimente. Es una película que no aporta nada nuevo, solo repite errores con más presupuesto.