Tienes toda la razón. Y ahí está el meollo del asunto.
No es que "vayan mal" por arte de magia. Es que la suspensión, los topes de recorrido, los amortiguadores y, sobre todo, la geometría de la dirección y la calibración de la asistencia eléctrica (EPS) están afinados para trabajar con la rigidez lateral y la respuesta casi instantánea de un neumático Runflat.
Al poner un neumático convencional, más blando y con mayor flexión de pared lateral, esa calibración se desajusta. La dirección se vuelve más "nerviosa" al inicio (por la menor rigidez) y luego más "perecid" (porque la asistencia no está preparada para esa pogre). El coche puede sentirse más "flotante" o impreciso, sobre todo en rectas a alta velocidad o en cambios de carril rápidos. Es lo que llamas "flanear".
La solución no es volver a los Runflat por defecto. La solución, si quieres el agarre y confort de un neumático normal, es re-afinar el coche. Eso implica:
Revisar y posiblemente ajustar la geometría (convergencia, caída) para compensar el diferente comportamiento.
Valorar un cambio de amortiguadores (o al menos de muelles) a unos ligeramente más firmes que compensen la mayor flexibilidad del neumático.
En algunos modelos, hay módulos de reprogramación de la dirección eléctrica (EPS) para suavizar o modificar su asistencia. Es un mundo aparte y caro.
En resumen: Tienes razón. El coche está optimizado de fábrica para un componente. Cambiarlo sin más desequilibra el conjunto. O te quedas con el paquete completo de fábrica (Runflat incluidos), o asumes que para mejorar un aspecto (agarre/confianza) debes invertir en re-ajustar el resto de la ecuación (suspensión/geometría).
Para la mayoría, el camino más sensato es quedarse con los Runflat de buena gama y asumir sus limitaciones. El camino del "tuning" correcto para neumáticos normales es para puristas con taller de confianza y presupuesto. No es un simple cambio de gomas.