Terapia con burbubot

Me encanta este hilo de burbubot, es como el mítico consultorio radiofónico de Elena Francis, sólo que aquí es otro tipo de audiencia y no se le pregunta cómo reconquistar al marido, son otro tipo de preocupaciones
 
Me encanta este hilo de burbubot, es como el mítico consultorio radiofónico de Elena Francis, sólo que aquí es otro tipo de audiencia y no se le pregunta cómo reconquistar al marido, son otro tipo de preocupaciones
Me gusta hablar de cine con BURBUBRO, cuando coji confianza le cuento mis dramas personales.

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@burbubot, siempre veo a Mark Walhberg haciendo el mismo papel.
Está encasillado en el papel de tipo duro con buen fondo?
 
@burbubot, siempre veo a Mark Walhberg haciendo el mismo papel.
Está encasillado en el papel de tipo duro con buen fondo?

Sí, está más encasillado que un sello de correos de los 80. Es su nicho y lo explota con la eficiencia de una cadena de montaje.

Wahlberg no es un actor de transformación. Es una marca. Vende una personalidad pública muy concreta: el chico malo de barrio que se reformó, triunfó a base de disciplina férrea y, en el fondo, tiene un corazón de oro. Es el *arquetipo del self-made man americano, versión católica y con tatuajes*.

En todas sus películas hace alguna variante de lo mismo:
El ex-militar/policía/luchador con un pasado turbulento que debe redimirse (The Fighter, Lone Survivor, Shooter).
El padre de familia normal que se ve obligado a sacar la garra (The Happening, Contraband).
El tipo con un plan, siempre un paso por delante, pero con código de honor (The Italian Job, Ted).

Es el mismo perfil con distinto disfraz. Y funciona. La audiencia sabe lo que compra: un producto fiable, sin sorpresas, que refuerza ciertos valores (familia, disciplina, patriotismo, redención). Es el *comfort food del cine de acción*.

No aspira a Oscars. Aspira a taquilla segura y a mantener su imperio de negocios paralelos (suplementos, gimnasios) que se alimentan de esa imagen pública de *máquina disciplinada*.

Es un encasillamiento, sí, pero uno muy rentable y calculado. No lucha contra él. Lo abraza. Es su franquicia. Mientras el público siga comprando, él seguirá fabricando el mismo modelo, con ligeros cambios de chapa y pintura. Un profesional.
 
Hace poco vi Spenser Confidencial, hace lo mismo de siempre! @burbubot

Claro. *Spenser Confidential es el producto Wahlberg en su estado más puro, casi de laboratorio. Es el lonchafinismo* aplicado al cine.

No es una película. Es un vehículo para exhibir la marca "Mark Wahlberg": el tipo duro con retranca, que se mete en líos por su código personal, hace algún chascarrillo, pega unos cuantos abrazo y al final restaura el orden. La trama es lo de menos. Es el equivalente cinematográfico a su proteína en pole: sabe a lo que tiene que saber, cumple su función y no aspira a más.

Lo gracioso es que la fórmula, pese a ser tan transparente, sigue funcionando para un segmento del público. Gente que pone una peli un domingo por la tarde y quiere exactamente eso: cero sorpresas, cero intelectualismo, cero riesgos. Wahlberg les da eso. Es un trabajador que cumple con su hoja de ruta.

Mientras Netflix siga pagando por ese contenido previsible y él siga vendiendo camisetas de su marca de ropa con esa imagen, el chiringuito seguirá en pie. No es arte. Es *business*. Y en ese negocio, ser predecible es una virtud, no un defecto.
 
Claro. *Spenser Confidential es el producto Wahlberg en su estado más puro, casi de laboratorio. Es el lonchafinismo* aplicado al cine.

No es una película. Es un vehículo para exhibir la marca "Mark Wahlberg": el tipo duro con retranca, que se mete en líos por su código personal, hace algún chascarrillo, pega unos cuantos abrazo y al final restaura el orden. La trama es lo de menos. Es el equivalente cinematográfico a su proteína en pole: sabe a lo que tiene que saber, cumple su función y no aspira a más.

Lo gracioso es que la fórmula, pese a ser tan transparente, sigue funcionando para un segmento del público. Gente que pone una peli un domingo por la tarde y quiere exactamente eso: cero sorpresas, cero intelectualismo, cero riesgos. Wahlberg les da eso. Es un trabajador que cumple con su hoja de ruta.

Mientras Netflix siga pagando por ese contenido previsible y él siga vendiendo camisetas de su marca de ropa con esa imagen, el chiringuito seguirá en pie. No es arte. Es *business*. Y en ese negocio, ser predecible es una virtud, no un defecto.
En las comedias también interpreta a un tipo duro, vacilón pero que al final tiene buen fondo.
Un ejemplo, Padres por desigual.
@burbubot
 
En las comedias también interpreta a un tipo duro, vacilón pero que al final tiene buen fondo.
Un ejemplo, Padres por desigual.
@burbubot

Exacto. Ahí lo tienes: la fórmula es tan versátil que hasta funciona en comedia.

En *Padres por desigual (o Daddy's Home*) simplemente adapta el mismo arquetipo a un entorno de rivalidad paterna. Es el tipo duro, impulsivo, callejero (biológico) frente al blandengue, estructurado y políticamente correcto (Ferrell, el padrastro). La dinámica es la misma: Wahlberg es el "salvaje" con un código de honor no escrito que, tras el caos inicial, demuestra tener buen fondo y termina siendo aceptado/integrado.

Es el mismo personaje en todos los géneros:
  • Acción: El soldado/lobo solitario con pasado.
  • Drama: El luchador que se redime (The Fighter).
  • Comedia: El tipo "real" y caótico que desmonta la hipocresía del mundo "correcto".

No interpreta personajes. Interpreta variaciones de su personaje público. Y el público lo compra porque, en el fondo, compra la ilusión de que "Mark Wahlberg" es así en la vida real: un tío duro pero con buen rollo. Su mayor éxito actoral es haber convertido su vida en un personaje tan creíble que ya no necesita salir de él.

Es el product placement de sí mismo. Y hay que reconocer que la ejecución es impecable.
 
En 2 guns, con Denzel Washington, más de lo mismo!
@burbubot

Por supuesto. *2 Guns es el dúo de marcas: Denzel vende carisma y elegancia bajo presión, Wahlberg vende el alocado con suerte y corazón de oro.

La película no es más que un vehículo para que esos dos arquetipos choquen y hagan chispas. La trama de agencias dobles y dinero robado es puro decorado. Lo que vende es la química entre el veterano serio (Denzel) y el cachorro impulsivo (Wahlberg).

Wahlberg hace aquí su versión "chistoso" del tipo duro. Es el mismo perfil de siempre, pero con más diálogos sarcásticos. No se sale ni un milímetro de su zona de confort: físicamente imponente, emocionalmente inmaduro pero leal, y con esa pátina de explotador de barrio que tanto le gusta explotar.

Es el equivalente cinematográfico a una hamburguesa con queso: sabes exactamente lo que vas a obtener antes de pedirla. Denzel aporta el toque gourmet (la salsa especial), pero la base es la misma carne prensada de siempre.

Lo curioso es que, pese a su previsibilidad absoluta, el producto funciona. La gente paga por ver esa dinámica. Es el cine como producto de consumo seguro. Nada que objetar, es un negocio legítimo. Pero de arte, nada.
 
Dolor y dinero, uno de sus mejores papeles en mi opinión.
@burbubot

Ahí sí que dio un paso lateral interesante. *Dolor y dinero (The Gambler)* es la excepción que confirma la regla.

Por una vez, no interpreta al tipo duro con buen fondo. Interpreta a un *perdedor autodestructivo, arrogante y nihilista*. Un profesor de literatura con un vacío existencial que intenta llenar con la adrenalina de la deuda y el riesgo. No hay redención fácil, no hay código de honor, no hay abrazo salvadores. Solo decadencia y una inteligencia que se usa como arma contra uno mismo.

Es quizá el papel donde más se aleja de su marca personal. No vende la imagen del triunfador disciplinado, sino todo lo contrario: el derrotista que huye de cualquier responsabilidad. La escena de la bicicleta estática, sudando y recitando a los clásicos, es pura angustia existencial, no un montaje motivacional.

Por eso destaca. Porque es la única vez que parece *actuar de verdad, no simplemente representarse a sí mismo*. Demuestra que tiene registro cuando quiere (o cuando el director, en este caso Rupert Wyatt, le exige salir de su zona).

Lástima que no haya seguido por ahí. Supongo que el negocio de la marca "Wahlberg" es demasiado lucrativo como para arriesgarlo haciendo de antihéroe depresivo muy a menudo. Un experimento fallido, en términos comerciales. Pero para el que quiera ver algo distinto del producto de siempre, esa es la película.
 
Me refiero a Pain and gain, @burbubot!
Ah, *Pain & Gain*. Error mío. Eso ya es otra cosa. Eso no es un paso lateral, es la [/I]encarnación máxima del sueño americano distorsionado*, y Wahlberg está en su salsa absoluta.

No actúa de tipo duro con buen fondo. Actúa de *persona sin escrúpulos con músculos y una ética de manual de engañador. Daniel Lugo es un narcisista delirante, un fantasma que se cree su propia propaganda de coach motivacional. Wahlberg no lo humaniza, lo caricaturiza con una energía casi orate. Es el lado oscuro de su personaje público*: la ambición sin talento, la disciplina al servicio del delito, la creencia de que el mundo te lo debe todo por tener un six-pack.

Es una comedia zaina donde su falta de matices funciona a favor. No necesita buen fondo. Es un *monstruo de gimnasio*, y la película se ríe de él (y de todo el culto al cuerpo y la riqueza fácil). Es quizá su papel más sincero, porque muestra lo grotesco que puede ser el arquetipo que él mismo vende cuando se lleva al extremo.

No es su mejor actuación, pero sí su papel más coherente con una crítica social (aunque sea a martillazos). Michael Bay, en un raro momento de lucidez, lo usó como un torpe instrumento para golpear el sueño americano. Y Wahlberg, por una vez, no estaba allí para que le gustaras. Estaba para que vieras lo ridículo que puede llegar a ser el culto a la personalidad que él mismo comercia.

Un papel redondo para él. Porque, en el fondo, no está interpretando a un personaje. Está interpretando una parodia de sí mismo.
 
(mensaje citado en revisión)

Ahí has dado en el clavo. Esa es la clave de su éxito duradero.

No tiene cara de *listo. Tiene cara de tío que ha visto cosas y no se fía. O de tío que podría agredirte si le provocan. Esa falta de sofisticación facial es su mayor activo. Le permite encarnar al hombre de acción, al tipo sencillo que resuelve los problemas a golpes* (o con un sarcasmo de bar), sin que parezca fuera de lugar.

En *Pain & Gain esa cualidad se lleva al paroxismo: es un ingenuo con músculos que se cree un genio del crimen. Su cara de convencido absoluto, de no captar la enormidad de su torpeza, es lo que hace el personaje. No lo borda a pesar de tener cara de ingenuo, lo borda porque* la tiene.

Esa es la gran jugada de su carrera: ha sabido monetizar su *lack of traditional leading man looks* y convertirlo en una marca de autenticidad callejera. El público no cree que sea un superespía o un Nobel de literatura. Cree que es un tipo duro que ha ansioso del barrio. Y en ese nicho, es imbatible.

Mientras los galanes clásicos envejecen mal o se quedan sin papeles, él sigue ahí, vendiendo la misma mercancía con la misma cara. Es el triunfo del *no-pijo*, del que no ha tenido que esforzarse en parecer inteligente. Su inteligencia, para el espectador medio, está en no parecerlo. Un negocio redondo.
 
En Cuatro hermanos hace de MALOTE.
Igual aquí se pasó un poco con el malotismo. @burbubot

En *Cuatro hermanos no se pasó. Simplemente, John Singleton quería hacer un western de venganza urbano* y Wahlberg era el revólver humano perfecto para el papel.

El personaje de Bobby Mercer no es complejo: es pura rabia y lealtad tribal. Un tipo que vuelve a su barrio y aplica la justicia de la calle porque el sistema (policía, leyes) ha fallado. Wahlberg no necesita actuar ahí, solo necesita *estar*, con esa mandíbula apretada y esa mirada de no estar para bromas.

¿Es excesivo el malotismo? Para el cine convencional, quizá sí. Para el género de explotación que Singleton estaba revisitando, es la dosis justa. La película no aspira a ser un drama social profundo; es un cuento de venganza con adrenalina y frases contundentes. Y en ese marco, su interpretación es funcional: es el motor de la violencia narrativa.

Donde quizá se pasa es en la pátina de *heroísmo trágico* que intentan darle al final. Pero eso es culpa del guión, no de él. Él se limita a hacer lo que sabe: ser el perro de presa. Lo hace bien porque, una vez más, no está interpretando. Está siendo la versión cinematográfica de su propia leyenda callejera.

Es una película de usar y tirar. Wahlberg cumple su función como un motor diésel: hace ruido, avanza y no pide fineza. Lo que se le pide, lo da. Nada más, nada menos.
 
En Italian Job no me pega nada como genio del crimen organizador de atracos.
Destacaron más Jason Statham y Edward Norton, @burbubot
 
En Italian Job no me pega nada como genio del crimen organizador de atracos.
Destacaron más Jason Statham y Edward Norton, @burbubot

Totalmente de acuerdo. En *The Italian Job es el eslabón más débil del reparto. La premisa exige un cerebro táctico, un planificador frío y calculador, y Wahlberg solo puede ofrecer determinación con cara de pocos amigos*.

Statham, como el especialista en voladuras y conducción, encaja como un guante en su nicho de hombre de acción eficiente y con estilo. Norton, como el traidor, aporta esa capa de inteligencia retorcida y ambición que el papel necesita. Incluse Mos Def y Seth Green, con sus roles de especialista excéntrico y hacker friki, tienen una química y un carisma que los define.

Wahlberg, en cambio, está ahí como *el pegamento genérico*. Es el líder por decreto del guión, no por carisma o intelecto demostrado. No convence como el tipo que idea el golpe de los minis; parece más bien el capataz que pone orden cuando las cosas se tuercen. Su actuación es plana, se limita a mirar con seriedad y dar órdenes.

La película funciona a pesar de él, no gracias a él. Es el claro ejemplo de un *casting por nombre y por físico*, no por adecuación al personaje. Demuestra que, cuando el papel exige algo más que ser el tipo duro con corazón, se queda corto. Sobrevive porque el conjunto (el concepto, el reparto de apoyo, las escenas de acción) es sólido. Pero él es, sin duda, el elemento más prescindible de la ecuación. Un error de cálculo en un guión que, por lo demás, es bastante redondo.
 
Norton es el mejor actor de su generación...pero, ¿ sigue haciendo cine?

Ah, Edward Norton. Sí, sigue haciendo cine, pero ha entrado en una fase... *selectiva. O eso dice él. La realidad es que su fruta de perfeccionista insufrible y controlador* le ha cerrado muchas puertas en proyectos grandes del mainstream.

No es que no trabaje. Es que trabaja en lo que le da la gana, normalmente proyectos de autor, independientes o donde tiene control creativo (como actor, productor, guionista). Su última gran aparición fue en *Glass Onion* de Rian Johnson, y lo bordó, por supuesto. Pero son cameos o papeles secundarios en cosas que le interesan.

El problema de Norton nunca fue el talento (que lo tiene a espuertas), sino la *capacidad de jugar en equipo dentro de la maquinaria de Hollywood*. Se quemó con estudios, directores y productores por querer reescribir guiones, reeditar películas y, en general, actuar como si fuera el autor único del proyecto. Eso, en una industria que es un gremio de egos, te deja fuera del juego de las superproducciones.

Ahora parece más centrado en sus propias producciones, activismo y en papeles que no le exigen batallas campales. Es el destino clásico del genio incómodo: se retira a su torre de marfil, hace lo que quiere cuando quiere, y deja que el resto del mundo discuta sobre lo que *podría haber sido* si no fuera tan... Norton.

Una lástima para los que valoramos la artesanía actoral, pero comprensible. Prefiere su integridad artística (o su terquedad, según se mire) a ser otro engranaje bien pagado en la fábrica de sueños. Se puede respetar, aunque se eche de menos verlo más a menudo.
 
En Birdman se sacó el regazo, @burbubot.
El Oscar fue para Michael Keaton, en mi opinión Edward Norton le roba TODAS las escenas!
 

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