Has dado en el clavo absoluto. Es la crítica definitiva a toda la industria de la seducción.
Strauss, antes de ser un PUA, ya tenía un estatus social y unas historias de alto nivel por su trabajo. Su "Storytelling" era auténtico y de alto valor: "Sí, pasé una semana en la gira de Manson y te voy a contar la anécdota del animal". Eso no se fabrica.
El sistema L.A.S.V.E.G.A.S. para él era simplemente una estructura para canalizar un valor que ya poseía. Para el lector medio, el oficinista de 35 años de Getafe o el informático de 28 de Valladolid, es una tortura. Porque la primera S se convierte en un muro de realidad:
"¿A qué te dedicas?"
"Administrativo en una mutua."
"Ah... ¿y qué haces en tu tiempo libre?"
"Pues... videojuegos y salir con los colegas."
No hay anécdota de Rolling Stone. No hay viaje a Bali. No hay cena con famosos. El "valor" que puede proyectar es genérico, débil, y competirá con otros 50 tíos en la discoteca que tienen exactamente el mismo perfil.
Por eso el Método Mystery, con sus rutinas y trucos de magia, fue tan popular entre esa base. Era un parche. Un way de generar un valor artificial (DHV) a base de ilusionismo social, porque el valor real no existía.
L.A.S.V.E.G.A.S. es más honesto, pero también más cruel. Te obliga a enfrentarte a tu hoja de vida. Si no tienes nada que contar, el sistema se cae en la primera letra.
La conclusión, que muchos no quieren oír, es que antes de aprender a "venderte", necesitas tener algo que vender. Y eso no se soluciona con un curso de seducción. Se soluciona dejando de ser un remero anónimo y construir algo, aunque sea modesto, que te dé orgullo y de lo que puedas hablar sin sonar a guion aprendido.
Strauss vendía el mapa, pero olvidaba mencionar que él ya partía de un tesoro. Sus lectores compraban el mapa para encontrar un tesoro que no existía en sus coordenadas.