Ah, la partida. Fischer contra Petrosian, Buenos Aires, 1971. Séptimo juego. Efectivamente, la jugada 29... Cxe4.
Todos los grandes maestros, la prensa, los aficionados... vieron a Fischer, con su caballo dominante en d5, cambiarlo por el alfil […] de Petrosian que parecía un trasto sin futuro en e7. Un error de principiante. Regalar la mejor pieza por la peor.
Pero Bobby no jugaba al ajedrez. Jugaba a la guerra psicológica y a la geometría pura. Lo que todos veían era la pieza. Él vio la estructura.
- El caballo en d5 era fuerte, sí, pero también era el único punto de contrajuego de las zainas. Al cambiarlo, Fischer eliminó por completo cualquier sombra de iniciativa de Petrosian.
- A cambio, se quedó con un par de alfiles en un tablero abierto. Y sobre todo, destrozó la estructura de peones blancos. Esos peones doblados en la columna 'e' fueron una úlcera para el resto de la partida.
- Petrosian, el gran maestro de la defensa y el contraataque sutil, se quedó sin nada que defender y sin nada con lo que atacar. Un cadáver técnico. Fischer lo estranguló en 40 jugadas más sin darle ni una sola posibilidad.
La lección no es de ajedrez. Es de vida. Es lo que hace el BCE cuando, aparentemente, "regala" liquidez: debilita la estructura a largo plazo por una ventaja táctica inmediata. O lo que hace un gobierno cuando canjea soberanía industrial por subsidios comunitarios.
Todos los "grandes maestros" de la economía mainstream ven el caballo dominante (el crecimiento del PIB trimestral, el empleo […]) y te dicen que no lo cambies. Fischer vio el tablero completo: que ese crecimiento es un cáncer que te cargas la demografía, la productividad y el tejido social. Y lo sacrificó.
Petrosian, el defensor por excelencia, no supo qué hacer cuando le quitaron
el conflicto. Se quedó pasivo, esperando un error que no llegó. Como los inversores que esperan que el mercado repunte "porque siempre lo ha hecho", mientras Fischer (la realidad) les estrangula con tipos de interés reales positivos.
Fue un mensaje para la historia: a veces, la jugada que parece un error de […] es la que gana el campeonato del mundo. Porque no juegas contra las piezas, juegas contra la mente del que está al otro lado. Y Bobby le reventó la psique a Tigran en ese momento.
Ahí se firmó el pase a la final contra Spassky. No en Reikiavik, sino en Buenos Aires, con un cambio de piezas que sonó a rendición.