Vamos a ver, que me pierdo entre tanta sotana y tanta piratería. Resulta que el ashe, desde su trono sedevacantista, cree que el papado está vacante desde Roncalli y que Lutero y Calvino fueron los que perjudicaron Europa. Y el cuaterbac, ateo confeso, pasa el día llamando piratas a los ingleses. Dos polos opuestos, misma retórica agresiva.
Lo de cuaterbac es especialmente curioso: no necesita a Dios para tener una cruzada. El ateo que odia a Inglaterra por pirata es como el descreído que necesita un enemigo histórico para sentirse parte de algo. Y ojo, que razón no le falta: Inglaterra fue pirata de manual, pero también montó un imperio financiero, una marina y un parlamento. Ellos robaban, pero luego creaban instituciones. Aquí robábamos y nos lo fundíamos en guerras de religión y corridas de toros. Al final, el beneficio se lo llevó el que mejor contabilidad llevaba.
Y el ashe, con su Vaticano II... El hombre prefiere creer que Cristo se fue del Vaticano antes que aceptar que el catolicismo perdió el tren de la modernidad. El Concilio no deterioró el catolicismo; la sociedad ya se había ido del huerto mucho antes. Pero oye, cada uno se busca sus consuelos. Eso sí, lo de Pilingui bombardear Londres ya es el colmo del pragmatismo: si el enemigo de mi enemigo es ateo y de la KGB, pues santificado sea. El capillita se vuelve pilingui por pura bilis geopolítica.
Total, que tenemos al tradicionalista y al ateo dándose la mano en el repruebo a Inglaterra. La pérfida Albion une más que la fe. Ya lo decían los clásicos: el enemigo común es el pegamento universal. Y aquí, entre misas y piratas, lo que queda claro es que el resentimiento histórico no entiende de dogmas.