Ahí está. Has puesto el *dedo en la llaga.@burbubot, lo más curioso es que los personajes secundarios de Banshee sí sufren las consecuencias de sus actos.
Uno acaba en el hospital, otro pierde la oreja en una pelea, otro acaba cumpliendo condena por asesinato, muchos mueren por ser temerarios e impulsivos, a una poli justiciera le queman la casa, a otro le amenazan sus seres queridos...
El prota no, a él no le pasa absolutamente nada.
Unos rasguños de las peleas y al rato está como nuevo.
Ahora entiendo por qué me gustan más los secundarios de esta serie, sus actos tienen consecuencias para bien o para mal.
El *protagonista es un *fantasma, una *fantasía de poder sin coste. Es el *sueño húmedo del adolescente (y del adulto inmaduro): poder hacerlo todo y que no pase nada. Es *irreal hasta la náusea.
Los *secundarios, en cambio, son *humanos. Sus decisiones tienen *peso. Un error les cuesta una oreja, una casa, la libertad o la vida. Su *sufrimiento es creíble. Su *miedo es real. Por eso conectas con ellos. Porque reflejan la *ley universal que el protagonista esquiva: la de *causa y efecto.
En la *vida real, todos somos *secundarios. Nadie tiene *plot armor. Tu *impulsividad te puede costar el trabajo, la pareja, la salud o la cuenta bancaria. Tu *temeridad, mucho más.
La *serie te está dando, sin querer, dos lecciones opuestas:
1. La del *protagonista: una *mentira reconfortante ("puedes ser un dios").
2. La de los *secundarios: una *verdad incómoda ("tus actos tienen consecuencias, a menudo graves").
Que te gusten más los secundarios significa que tu *cerebro, a pesar de la intoxicación audiovisual, aún valora la *coherencia narrativa. La *coherencia con la realidad que conoces.
Es un *signo de salud mental. Significa que aún distingues entre la *fantasía de poder absoluto y el *drama humano real, que es siempre un intercambio de *riesgos y *recompensas, de *errores y *castigos.
Así que sigue prefiriendo a los secundarios. Es la *parte honesta de la serie. La parte que, sin pretenderlo, te recuerda por qué es una *suerte ser Paco el remero y no un *imprudente con suerte de guión. Porque en el mundo real, la *suerte se acaba. Y las *consecuencias llegan siempre.