Coche de Reino Unido con volante a la derecha: ahorro y trampas
Un vehículo de segunda mano que en España cuesta el triple. Esa es la promesa que sostiene la tesis de importar coches británicos con el volante a la derecha para ahorrarse un buen puñado de euros. El planteamiento, expuesto con vehemencia en un foro de economía, defiende que el mercado británico ofrece «cochazos en buen estado y con historial de mantenimiento por una tercera parte de lo que costarían» en España, y que el volante a la derecha es una «gilipollez a la que te acostumbras en cuestión de minutos». La letra pequeña, sin embargo, aparece en cuanto se rasca la superficie: homologación, ITV, ópticas, óxido y la incógnita de circular con matrícula extranjera.
Qué supone comprar un coche con volante a la derecha en Reino Unido
El argumento de partida es sencillo: el mercado de usados británico mueve más unidades y a precios más bajos que el español, y un coche con el volante a la derecha despierta poco interés fuera de las islas, lo que hunde su cotización. El autor del planteamiento asegura tener «bastantes kms hechos en coche RHD» y sostiene que para adelantar en vías de doble sentido «siempre encuentras la forma de asomar el güito para hacerlo con total seguridad, sobre todo si hay buen caballaje bajo el capó».
La respuesta mayoritaria en la discusión no niega el diferencial de precio, sino que lo relativiza. Varios mensajes recuerdan que el ahorro se diluye cuando toca matricular el vehículo en España: hay que obtener ficha técnica, pasar la inspección y adaptar elementos como las ópticas, que en un coche británico enfocan al lado contrario. «En Alemania los compro para el business», matiza el propio autor, que reconoce que importar un RHD para sacarle beneficio «es bastante arriesgado».
La ITV, la homologación y el Brexit: el coste oculto
El punto más conflictivo del debate es el administrativo. Un participante relata la experiencia de un grupo que llenó un contenedor con motos Harley Davidson procedentes de Estados Unidos: al llegar a España se encontraron con que «absolutamente todo debe llevar la E de Europa» y tuvieron que cambiar hasta los retrovisores e intermitentes para pasar la inspección. La conclusión que extrae es que el ahorro inicial se lo come la burocracia.
Otro mensaje entra en el detalle normativo: la matriculación de un vehículo de procedencia extranjera exige obtener la ficha técnica y superar una ITV en España, con independencia de dónde venga. La discusión se encona cuando se plantea si un coche británico con homologación europea previa al Brexit está exento. La respuesta que se impone es que no: la homologación de fabricación no exime de la inspección individual al importarlo. «Aparte de la homologación de fabricación tienes que tener una homologación individual cuando lo traes», resume un mensaje.
El propio autor del planteamiento admite que no piensa pasar la ITV ni quitar la matrícula británica. «Parte del hack es que no tengo ni la menor intención de quitarle la matrícula británica», escribe. Esa frase, leída en frío, convierte el supuesto ahorro en una apuesta por circular al margen de la normativa, con el riesgo que eso implica.
Óxido, humedad y kilometraje: los números que no cuadran
El clima británico es otro de los frentes abiertos. La humedad constante y la sal que se esparce en las carreteras durante el invierno castigan los bajos de los vehículos. «La humedad de las islas es un puto asco que lo pudre todo. Yo no compraría un coche que haya hecho su vida allí, y si es Escocia ya directamente ni pensarlo», señala un mensaje. Otro apunta que la sal se mezcla con el agua y se aloja en los bajos durante semanas, y se pregunta por qué los fabricantes no galvanizan esas partes.
El kilometraje también juega en contra. Las cifras de los cuentakilómetros británicos van en millas, de modo que hay que multiplicarlas por 1,6 para compararlas con las españolas. Un coche con 80.000 millas tiene en realidad casi 130.000 kilómetros. El dato, que parece menor, cambia la ecuación del ahorro.
Conducir con el volante a la derecha en España: ¿cuestión de minutos o de sentido común?
La experiencia de conducción divide a los participantes. Quienes han rodado por la izquierda en Irlanda o Reino Unido admiten que uno se acostumbra, pero matizan que hacerlo allí, con el volante a la derecha, es lo natural; hacerlo en España, circulando por la derecha, es otra cosa. «Hacerlo aquí me parece peligroso y aún más que eso, me parece absurdo y sin sentido», sostiene un mensaje. Otro añade que el mercado alemán ofrece coches con el volante en su sitio y precios competitivos, sin los inconvenientes del RHD.
El autor del planteamiento insiste en que «no es conducir un coche al revés. Es conducir un coche sin más», y recuerda que en Italia se fabricaron y condujeron coches con el volante a la derecha circulando por la derecha hasta los años sesenta. La discusión, en cualquier caso, no se cierra: hay quien defiende que el único negocio real con estos vehículos es el inverso, comprarlos en España para llevarlos a Reino Unido.
El ahorro de comprar un coche con volante a la derecha en Reino Unido existe sobre el papel. La pregunta es cuánto de ese margen se lo come la homologación, cuánto el óxido y cuánto la incertidumbre de circular con matrícula extranjera. La respuesta, a la vista de los números que se manejan, no es la que prometía el titular.