Por qué criar hijos puede ser más barato de lo que la industria nos hace creer
Tener hijos no tiene por qué arruinar a una familia. La industria del bebé ha inflado un mercado que, solo en alimentación artificial, supone un sobrecoste de 1.500 euros el primer año. Pero el ahorro posible tiene condiciones: lactancia materna exclusiva, colecho, portabebés en vez de carrito y pañales reutilizables. La cuenta sale si un progenitor deja de trabajar. Ahí empiezan los problemas.
Lactancia materna: el primer gran ahorro
La opción más rentable es dar el pecho. Se estima que la alimentación artificial cuesta 1.500 euros más el primer año entre leche en polvo, biberones, tetinas y esterilizadores. Si se prolonga la lactancia hasta los 12 o incluso 27 meses como hacen algunas familias, el ahorro se multiplica. Además, la leche materna reduce visitas al pediatra y alergias, según defienden sus partidarios. Pero no todas las madres pueden permitirse la baja prolongada: las profesionales liberales o con contratos precarios se ven forzadas a recurrir al biberón.
Colecho y cuna: dormir sin gastar
Compartir cama con el bebé elimina la necesidad de cuna, moisés y vigilabebés. Los defensores del colecho aseguran que favorece la autorregulación térmica y reduce el riesgo de muerte súbita, aunque los detractores alertan del peligro de aplastamiento. Lo cierto es que el colecho ahorra cientos de euros y, según quienes lo practican, evita noches de llanto. Sin embargo, para parejas que necesitan descansar para trabajar, resulta complicado: "si los dos trabajamos, el colecho es imposible porque no dormimos", se argumenta.
Portabebés frente al carrito: movilidad barata
Un carrito de gama media puede costar 600 euros o más. La alternativa lonchafinista es el portabebés ergonómico, que permite tener las manos libres y cuesta mucho menos. Además, facilita el movimiento en escaleras y bordillos. Quienes lo han probado aseguran que el bebé se duerme al instante y aguanta más tiempo. Pero no todos los portabebés son válidos: los que venden las marcas comerciales no siempre son ergonómicos. La recomendación es buscar modelos con rodillas abiertas y espalda curvada.
Guardería y conciliación: el gasto invisible
El verdadero agujero económico no está en la alimentación o el carrito, sino en el cuidado. Una guardería de 9 horas cuesta entre 300 y 600 euros al mes. Quienes pueden, uno de los progenitores deja de trabajar. "Yo dejé mi sueldo para cuidar a mis hijos; no me iba a gastar 600 euros en guardería más 240 en limpieza", cuenta una madre. El cálculo muestra que con un solo sueldo se puede vivir si se recortan otros gastos. Pero la seguridad laboral es precaria: si el único sustentador pierde el empleo, la familia cae. "¿Y si me echan? Prefiero que mi mujer trabaje aunque solo gane para la guardería", plantea otro.
¿Hacia dónde va el debate?
El movimiento de crianza natural choca de frente con la realidad laboral de la mayoría. Hasta que no cambien las estructuras de conciliación —permisos parentales amplios, jornadas flexibles—, el ahorro de la crianza lonchafinista será un privilegio de quienes pueden renunciar a un sueldo. Los datos muestran que sí es posible reducir drásticamente el gasto, pero a costa de un cambio de vida que no todo el mundo puede asumir. La predicción es que el debate se polarizará aún más: mientras unos apuestan por el consumo mínimo, otros seguirán viendo en la industria del bebé una aliada inevitable.
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