La España del hiyab: cuando la protesta se convierte en debate identitario
Unas niñas de seis años con velo islámico en un colegio de Badalona. Una regidora musulmana de Molenbeek, en Bélgica, que sugiere a quienes no toleran el velo que se marchen del municipio. Una activista española convertida al islam que no encuentra trabajo por llevar pañuelo. Estos son algunos de los episodios que circulan en redes sociales y que han alimentado un debate incipiente sobre integración, religión y los límites de la sociedad europea.
En los últimos meses, la presencia de mujeres con hiyab en manifestaciones pro palestinas se ha hecho visible en toda España. Algunos análisis señalan que detrás de esa presencia hay algo más que solidaridad política: una reivindicación identitaria que algunos denominan de forma provocadora como el germen de un «futuro califato». Pero ¿qué hay de real en esa percepción?
Un fenómeno con dos perfiles
Quienes estudian el fenómeno distinguen entre dos tipos de protagonistas. Por un lado, las musulmanas llegadas de países de mayoría islámica, que a menudo ya llegan con una idea panarabista y encuentran en el activismo una vía para ganar notoriedad. Por otro, las conversas al islam, mujeres de origen español que adoptan el velo y se convierten en defensoras de una visión crítica con Occidente, al que consideran «esclavo del capitalismo». La literatura del activismo llamaría a esto «yihad moral»: la utilización de la moral religiosa como herramienta de presión social.
Casos que alimentan la alarma
Los ejemplos citados por los analistas son variados. En Molenbeek, una concejal musulmana sugirió que aquellos a quienes no les guste ver mujeres con velo deberían irse. En Almoradí, Alicante, se abrió un gimnasio exclusivo para mujeres que algunos interpretan como un espacio de segregación. En Badalona, niñas de unos seis años aparecen veladas, según un tuit que se hizo viral. Y una española convertida asegura que no la contratan por llevar pañuelo, mientras que otra fue multada por cobrar una ayuda pública sin cumplir los requisitos.
La reacción social: entre la exageración y la alerta
Hay quien sostiene que estos casos son aislados y que la integración real es mayor. Pero también hay una corriente que ve en ellos un síntoma de un cambio cultural que, si no se gestiona, puede derivar en una presión identitaria insostenible. El debate se encona cuando se señala a los «traidores» internos: aquellos que, por proximidad o ideología, legitiman esta deriva. Mientras tanto, la clave está en el dato descolocante: la élite femenina conservadora, las «Maites», apenas tiene presencia en este relato, y son precisamente las que podrían ofrecer un contrapeso.