Debate sobre el control de Telemadrid y TVE
¿Por qué cada vez que se habla de Telemadrid o de TVE se acaba discutiendo sobre quién paga la propaganda? El detonante es un tuit que acusa a la presidenta de la Comunidad de Madrid de regar con millones a los medios mientras nadie le pregunta nada en su cara. A partir de ahí, la conversación deriva hacia un asunto más de fondo: el uso partidista de las televisiones públicas y el dinero que las sostiene. No es un debate nuevo, pero sí uno que reaparece con cada cambio de cúpula.
El origen: un tuit sobre Telemadrid y los millones a los medios
El punto de partida es un mensaje que critica la falta de preguntas incómodas a la presidenta madrileña y menciona a dos periodistas como ejemplo de supuesta valentía. La respuesta mayoritaria no tarda en girar hacia el control de los medios públicos. Se argumenta que Telemadrid cambió de cúpula tras el segundo mandato de la presidenta, sustituyendo a profesionales por gente afín. Antes, según esa misma versión, la cadena era un espacio hostil al PP. La conclusión que se repite: el PP es «gilipollas» por no hacer antes lo que otros hacen sin complejos.
La acusación de fondo es simétrica: todos los gobiernos usan la televisión pública como altavoz. La diferencia, se dice, es que unos lo hacen con descaro y otros con disimulo. Y ahí entra TVE, señalada como propagandista del Gobierno actual como nunca antes se había visto.
¿Por qué se pide cerrar TVE y Telemadrid?
La propuesta más repetida es radical: cerrar todos los medios públicos, empezando por RTVE, y prohibir las subvenciones y la publicidad institucional a los privados. El argumento es que el dinero público no debe financiar propaganda del partido de turno, sea nacional o autonómico. Quien no esté de acuerdo con esas dos medidas, se dice, debería hacérselo mirar.
Hay un matiz que se repite: no es una crítica solo a la derecha. Se recuerda que en la Comunidad Valenciana la televisión autonómica sigue pareciendo gobernada por el PSOE pese al cambio de gobierno. Es decir, el sesgo no es exclusivo de un color. La conclusión implícita: el problema no es quién gobierna, sino el modelo.
El caso de Telemadrid: de «akelarre» a la cúpula afín
La evolución de Telemadrid se cuenta como un ejemplo de manual. Durante años, se sostiene, la cadena era un espacio donde la izquierda se sentía cómoda. A partir del segundo mandato de la presidenta, la cúpula cambió por gente de su cuerda. Quien lo cuenta dice haber visto la cadena por satélite y describe la etapa anterior como un «puto akelarre de sociatas y podemonguers». La frase, con toda su carga, resume el clima.
La queja no es solo por el sesgo, sino por la asimetría: en las televisiones gobernadas por la izquierda o los partidos independentistas, el cambio de cúpula es inmediato y sin pudor. En las del PP, se dice, se tarda años y se hace con complejos. De ahí la acusación de «gilipollas» al PP, que aparece en varios mensajes con distintas formulaciones.
TVE y la propaganda del Gobierno: la acusación recurrente
El otro gran foco es TVE. Se afirma que la cadena pública es hoy una propagandista del Gobierno como nunca se había visto. La acusación no se limita a un sesgo puntual: se habla de una instrumentalización sistemática. Frente a eso, algunos recuerdan que el PP también lo hizo cuando gobernó, y que la crítica al uso partidista debería ser transversal.
El debate se enreda cuando se menciona a periodistas concretos como ejemplo de valentía o de sumisión. Para unos, citar a determinados profesionales como referentes de imparcialidad es de «talibanes». Para otros, esos mismos profesionales son perros de izquierda sin imparcialidad que además cobran de la tele pública. La discusión sobre el sesgo se convierte en discusión sobre quién tiene autoridad moral para denunciarlo.
El trasfondo económico: quién paga la propaganda
Más allá del ruido, hay un asunto económico claro: el dinero público que sostiene a los medios. Se critica que un medio cite a un periodista que trabaja en una empresa financiada a cargo del Presupuesto. Es decir, la crítica a los millones que riega la presidenta se hace desde un medio que también vive de fondos públicos. La contradicción se señala con retintín.
La propuesta de cerrar medios públicos y eliminar subvenciones a privados tiene una lógica económica: si el dinero público no debe financiar propaganda, que la paguen los anunciantes o los lectores. El problema es que eso dejaría a muchos medios sin el colchón que hoy tienen. Y ahí nadie se pone de acuerdo.
El cierre: la ironía de pedir imparcialidad desde el presupuesto
Al final, la discusión vuelve al mismo sitio: todos critican el sesgo del contrario, pocos renuncian al dinero que lo hace posible. La presidenta madrileña riega a los medios, dice el tuit original. Cierto. Pero el medio que lo publica también cobra del Presupuesto. Y el que lo critica, también. La imparcialidad, en este ecosistema, es un lujo que alguien tiene que pagar. Y ese alguien, casualmente, siempre es el contribuyente.