El Cybercab de Tesla apunta a taxis y autoescuelas: ¿revolución o humo?
El taxi y la autoescuela tienen los días contados. Esa es la promesa del Cybercab de Tesla, el coche sin volante que ya se presenta como la próxima revolución de la movilidad. Si un vehículo puede ir solo a recogerte, llevar a tu pareja al trabajo y luego ponerse a transportar clientes para amortizar su precio, ¿para qué quieres carnet de conducir? ¿Y para qué quieres un taxi?
Pero la realidad, como siempre, es más tozuda que el marketing. El sistema de conducción autónoma total (FSD) de Tesla cuesta 99 euros al mes y, según los propios usuarios, todavía falla en ciudades concretas y requiere supervisión. Mientras tanto, en Madrid, el traspaso de una licencia de taxi sigue cotizándose a 160.000 euros. Una cifra que no se derrumba por mucho que se anuncie el futuro.
El precio de la transición
La brecha entre la promesa y el precio es abismal. Quienes defienden la disrupción argumentan que un solo coche autónomo puede sustituir a varios vehículos familiares, recogiendo a distintos miembros con horarios diferentes. Y que, si se quiere amortizar la inversión, el coche puede trabajar solo como un Uber, generando ingresos mientras duermes. La implicación, según esta corriente, es brutal: podrías tener la mitad de vehículos en una ciudad y cualquiera de ellos a tu disposición.
Pero el escepticismo también tiene sus números. El FSD, que hoy se paga a 99 euros al mes, podría triplicar su precio cuando sea realmente funcional. Y las limitaciones actuales —de noche funciona, pero de día en zonas peatonales del casco antiguo ni de broma— recuerdan que la tecnología aún está lejos de ser fiable.
Escepticismo razonable
Hay quien recuerda que en los años 80 la revista Muy Interesante anunciaba como próximos la cura del cáncer, los robots domésticos y los viajes espaciales comerciales. Y aquí seguimos. La historia de las promesas tecnológicas está llena de anuncios que nunca llegaron, y los influencers que ahora venden el coche autónomo como si fuera un juguete no ayudan a generar confianza.
Mientras tanto, los taxistas que venden su licencia a 160.000 euros y los alumnos de autoescuela que pagan por aprender a conducir no parecen tener prisa. La revolución, como casi siempre, tarda más de lo que prometen los anunciantes. Quizá dentro de dos décadas el coche autónomo sea tan común como el móvil. Pero hasta entonces, el papelito de la licencia y el carnet de conducir seguirán teniendo valor.