Los tatuajes que se esfumaron de las calles — ¿dónde están los duendecillos y los kanjis?
¿Se han fijado en que ciertos tatuajes han desaparecido de las calles como si los hubiera succionado un agujero zain? Esa estrella de futbolista en el codo, el duendecillo fumeta de los 90, el kanji chino detrás de la oreja, el tribal en la espalda baja... De repente, han dejado de verse. No es que se los haya quitado todo el mundo con láser; es como si una moda entera se hubiera evaporado sin dejar rastro. Algunos análisis apuntan a que el ciclo de las tendencias se acelera: lo que ayer era un marcador tribal hoy es un meme andante.
El catálogo de los tatuajes extintos
La lista es larga y variada. Empezando por los duendecillos —incluida su variante fumeta— que campaban en festivales y ferias de artesanía a mediados-finales de los 90. Les siguieron las estrellas en los codos, sello de la moda "metrosensmetro" de principios de los 2000 que popularizó personajes como Rafa Sarracena. Luego llegaron los kanjis en el pescuezo, los tribales en las lumbares (que impedían la epidural, según una observación lapidaria), el conejito de Playboy, las hadas, las lunas con estrellas, los brazaletes de alambre de espino y los delfines en el tobillo. Incluso los maoríes, que hace dos días se veían a punta pala, ahora brillan por su ausencia. Y sin olvidar los retratos fallidos: una anécdota cuenta cómo un viandante forcejeaba con la risa al ver un tatuaje de esos que salen en los blogs de fail.
¿Por qué se esfuman?
Las teorías van desde lo sociológico a lo conspiranoico. Una explicación sensata: el envejecimiento de quienes los lucieron. Los duendecillos los llevaban treintañeros de entonces, que ahora son sesentones y quizá los tapan. Los tribales lumbares se ocultan bajo espaldas cubiertas que ya no lucen ombligo. Otra corriente apunta a la vergüenza retroactiva: esas modas quedaron tan asociadas a una estética hoy ridícula que sus portadores optan por cubrirlas con blackouts o láser. No falta quien bromea con que «los amos de la Matrix» retiran a los NPCs tatuados de la vía pública. Lo cierto es que el ciclo se acorta: los propios blackouts, hoy en boga, serán probablemente los próximos en caer en el olvido.
El futuro de los tatuajes de 2024
Si miramos las tendencias actuales —mangas de leones y relojes, tatuajes conmemorativos de la banderilla, blackouts—, muchos de ellos correrán la misma suerte. Se argumenta que dentro de unos años las residencias de ancianos estarán llenas de tatuajes colganderos, que a sus portadores les dará igual. Pero la ironía es que, como con los duendecillos de los 90, lo que hoy parece transgresor mañana será una curiosidad de archivo. Quizá la escarificación o los implantes biónicos sean la siguiente frontera, tal y como se ha anticipado. Al final, el único tatuaje que no pasa de moda es la mar1 en la muyer, y ni siquiera esa se libra del paso del tiempo.
Con estos mimbres, el fenómeno de los tatuajes desaparecidos no es más que un espejo de nuestra propia fugacidad. Como en La Historia interminable, la Nada avanza a 1,5x de velocidad. Y nosotros, con nuestra tinta, mirando hacia otro lado.